viernes, 1 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D48)

Un amigo me envía una foto por el celular y me pregunta ¿qué esponja es esta? Se ve que ha salido de paseo, posiblemente con sus criaturas, vive justo en la línea de playa. Me ha dado el día.

Día 48 de la Fase 0 Covid-19

La foto
Ese pequeño placer que da el redescubrir cosas o el mirarlas como antes no lo habíamos hecho me ha impulsado a querer darle una respuesta, aunque mis clases de taxonomía de estos animalejos están más que escondidas en el baúl de las cosas que se guardan sin llave. No hace falta llave porque jamás volveremos a abrirlo.

Error. He tenido que recurrir a su apertura. Y vaya, tenía llave y la llave no sé dónde demonios estaba, así que lo primero ha sido realizar un extenuante ejercicio mental de búsqueda de la llave que da acceso a esa parte del cerebro que ha sido desterrada a la Isla de Santa Helena, más o menos.

El reto era interesante y creo que no era posible dejar sin respuesta lo que es una muestra de infinita confianza en uno. Que no siempre se sienten estas cosas, y para qué nos vamos a engañar, enarbola el ego y hace que te sientas como algo que importa. 

No ha sido fácil. Es increíble las vueltas y revueltas que tiene nuestra memoria. En un primer momento no he sido capaz de encontrar la vereda que me acercase al bosque de los recuerdos profundos, que es donde creo que se guardan estas cosas. he empezado por lo sencillo, mi sobrada soberbia. ¡Ni puta idea de lo que era!

Viendo que no iba a ser tan fácil he decidido que, siendo como es hoy 1 de mayo, día de la festividad del trabajo, iba a celebrarlo haciendo un poco de ello y me pondría con tesón a encontrar el nombre específico del individuo de la foto, aun a riesgo de cagarla y dar por sentado que es lo que no es. Pero ¿qué sería de la vida en estos momentos sin estos riesgos innecesarios y al tiempo tan trascendentes?

Recurro a la Història Natural dels Països Catalans, echo un ojo al capítulo correspondiente y me digo, ah, pues no lo sé, pero se parece a esto, así que debe serlo, y me digo que sí que es una esponja y que "seguramente" es tal.

Le respondo, al que me ha interpelado previamente, usando el mismo sistema de contacto que él ha utilizado conmigo.

Yo, ufano por haber resuelto el enigma, contento y orgulloso por mi rapidez y habilidad me digo, ¡es que...! Una luz intensa..., dejemos las florituras, algo me dice que no está bien, que eso no es eso, que la he cagado y bien.

Y en eso se me abre la maraña de neuronas excéntricas que, seguramente por efecto de despertarse de su sueño de años, han causado ese resplandor al conectarse. Me digo, yo no lo voy a descubrir por más que me empeñe, pero conozco a una gran experta que seguro que va a iluminarme. ¡Lo que hacen un par de neuronas bien conectadas!

Clik-clak. Envío de la foto. 10 segundos después la respuesta.

Albert, no es mía, es de Pat que amablemente y con la solvencia que da el saber de las cosas naturales me ha dicho que no es una esponja, que es una puesta comunal y masiva de varios individuos de Hexaples trunculus, y que algunas son espectaculares, muy, muy grandes. Menos mal que uno sabe dónde recurrir para solucionar las cosas importantes. Obsérvese aquí un leve encogimiento de ego consecuencia de la cura de humildad recibida.

Es un gasterópodo habitual de nuestras costas (corneta, cañadilla, cañaílla...) y del que estoy convencido que tú, seguramente y con tu habilidad, sabrás hacer que nos chupemos los dedos una vez alzado a los altares de la gastronomía que te corona.

Esto vale por una degustación (espero estar yo también invitado), que no vas a escaparte. 

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