sábado, 25 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D42)

Hoy he notado como si me robaran el aire. No todos los días son iguales. Los hay que son mejores y los hay que son peores. Algunos se pasan con cierta euforia y alegría. Otros sólo se pasan y hoy cuesta pasarlo.

Día 42 de semiconfinamiento Covid-19


He decidido que esta noche voy a rebajarme (40 maldito gobierno y sus cambios de última hora) 41 años, así de golpe. Que no es lo mismo salir por obligación que salir por gusto. Y yo no quiero perderme la hora de disfrute colectivo que los de mi edad, (14) 13 años, por mañana, tenemos asignada por día. Y hasta nos dejar sacar la bici. Anda que me van a ver dentro de la circunferencia que determina la equidistancia kilométrica máxima.

Todo está preparado. Empezamos a calentar motores. Hemos puesto aceite lubricante en las bisagras de la puerta principal, esa que llamamos la puerta de nuestra casa, hoy puerta carcelera, para que esté perfectamente operativa. Hemos revisado si el ascensor funciona correctamente, aunque creo que no va a ser posible aguantar su espera, pero por si acaso han quitado las escaleras, que hay que prever cualquier contingencia.

Las zapatillas están relucientes y hemos comprobado que los cordones ajustan adecuadamente, ni muy fuertes, ni muy flojos, bien atados para salir zumbando como alma que lleva el diablo. El diablo que tenemos metido en el cuerpo desde hace ya seis semanas.

Ropa cómoda y no muy nueva, que no vaya a ser que se sienta incómoda por la hierba o por la arena, porque me voy a tirar por el suelo y por el césped y si pillo un trullo de un perro, seguro que estará lleno, aunque creo que ahora la gente es mucho más civilizada y limpia, pues me aguantaré. Maldeciré al dueño, del chucho, pero me aguantaré porque quiero.

Hemos cambiado las pilas del reloj nuevas por unas viejas, de esta manera irá más lento y las horas serán más largas. Esta excusa y el hecho que el móvil estará totalmente descargado será perfecta caso que sea necesaria utilizarla, fuese el caso que a la sexta hora alguien sospechase.

No puedo esperar a mañana. Ya tengo 15 años menos. ¡Mamá! ¿ya es la hora?

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