domingo, 12 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D29)

Día 29 de confinamiento
y de resurrección desapasionado
domingo de primavera impostado
de la Covid-19 su adviento.

Después de todos estos días de ciclismo indoor (maldito rodillo) no he podido aguantar más y he salido a dar una vuelta. Sí, me acuso, he desatendido todas las recomendaciones y me he saltado el confinamiento.

He salido sin protección de las vías aéreas superiores, con guantes semiabiertos y desafiando a cuantas reglas de proximidad se produjeran a mi alrededor. Paradójicamente he estado en todo momento más sólo que la una. Con la excepción de una aficionada que, desde la distancia, intentaba inmortalizar el momento, en un visto y no visto, en huidiza disposición y a escondidas. No importa que en realidad haya sido yo quien le solicitara la foto. Son minucias que no vienen al caso, porque debían cumplir con la función que al final de esta entrada se aclara. Es que esto del ciclismo de carretera ya no es lo que era.

El sol, el aire, el cielo, el verde... eran el mismo, quiero decir que eran el mismo todo el rato en el que he roto la prisión de las paredes metafísicas que nos aprietan. Tenía la sensación de no avanzar ni un centímetro. Como si el espacio-tiempo se hubiera detenido a mi alrededor. 

El cuentakilómetros iba marcando un avance ficticio kilómetro a kilómetro, pero yo veía que no iba, vamos que no me movía del sitio. He visto como varios caracoles, que se asomaban extrañados entre una maraña de vegetación, me miraban ajenos mientras se alejaban a un reptar velocísimo, temerosos de que los alcanzara, cosa que, para mi desaliento, no se ha producido.

Creo que la culpa del no avanzar como las leyes de la física determina la ha tenido la aerodinámica. Se me olvidó ponerme el caso y ya se sabe que la fricción que ejercemos contra el viento, inexistente, es proporcional a la velocidad, y yo he ido muy rápido. Acompañé mi estado de ausencia del lugar sacrosanto y protegido con un apósito craneal de años pasados. Otrora esencial en el ciclismo globero, ahora útil contenedor de gotas de sudor en formato niagaresco.

He consultado a mi viejo libro de física (J.W. Kane & M.M. Sternheim) y he visto que la clave está en el movimiento. Para tenerlo claro he repasado los conceptos básicos de la velocidad lineal, la energía cinética y potencial. Sé que mi momento angular ha sido perfecto, ya que no me he caído en ningún momento. La magnitud de la fuerza generada por el movimiento de las ruedas, espectacular y la dirección... ni un milímetro desajustada de la línea imaginaria que marca la carretera. Nada, que he cumplido con todos los principios y el principal que era el moverme del sitio, no se ha producido. Por esos digo que la culpa la ha tenido mi falta de aerodinámica consecuencia de ir sin casco.

Menos mas que no me he cruzado con nadie y mucho menos con ningún agente de tráfico, eso me ha librado de una multa segura. Bueno, en realidad me he librado de dos, una por abandonar, a lo loco y sin miramiento, el confinamiento y otra por poner en riesgo mi seguridad cráneo-encefálica.

Y para quienes no se crean que lo que digo es verdad, aquí dejo registro gráfico de mi alocada aventura. Pido perdón por los daños causados y a quienes me conozcan no den parte a las autoridades, que prometo no hacerlo más... bueno, lo intentaré, aunque seguiré llevando antifaz para que nadie me reconozca.




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