domingo, 26 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D43)

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasear...

Día 43 de confinamiento Covid-19

...pasear haciendo camino, volviendo la vista atrás y adelante y manteniendo la distancia de (bio)seguridad y poco a poco.

Imagino la alegría de todos esos chavales que hoy han salido en estampida. Finalmente, algo de alivio, algo de aire no comprimido, algo de oxígeno puro, posiblemente más puro que nunca, ya que el volumen de tráfico y las calles para uso casi en exclusiva peatonal habrán servido para mostrar que, tal vez, sólo tal vez, otro mundo es posible.

En el pueblo no se ha notada nada diferente. No, al menos, en el espacio que ocupa mi visión desde el edificio donde vivimos. Me he asomado ansioso esperando ver criaturas y, para mí tristeza y desolación, solo he visto a los críos de mis vecinos, peri en sus casas. Igual han decidido salir antes, o igual después, o hasta es posible que hayan decidido dejarlo para dentro de un par de días, una vez sofocado el fogonazo de ansiedad que hoy se barruntaba.

Hoy, y después de tanta expectación, poco más. Como un nuevo trámite administrativo asociado a esta cuarentena. Hoy hemos conseguido que nos pongan el sello de aceptado en la solicitud de vuelta a la normalidad. ¿Cuántas estancias debemos presentar todavía?

Espero que no nos devuelvan la solicitud indicando que hay alguna cosa mal, o que nos falta presentar otro documento que acredite que es cierto, que ya hemos conseguido doblar la línea que determina la posibilidad de creer que volvemos a ser lo que éramos. Yo he vuelto a echar un ojo a los papeles y creo que todo lo tengo en orden.

Escrupulosamente he acreditado a diario mi ejemplaridad, he cumplido con las recomendaciones, he sido un modelo de ascetismo, he llevado la austeridad en cuanto a las salidas a extremos inimaginables y he mantenido un equilibrio físico y mental quasi perfecto. Y no lo ha sido del todo porque, para qué engañarnos, un poco tocados ya estamos y las ganas de darle una patada a todo esto es más que evidente.

Miro ansioso el dos de mayo como el día del levantamiento, espero que sin mamelucos.


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