jueves, 30 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D47)

Vamos a echar la vista, o la mirada, atrás y propongo hacer un ejercicio: ¿Qué cosas he/hemos hecho en estas seis semanas con cierto hábito que normalmente no hacíamos nunca?

Día 47 de confinamiento Covid-19

1. Escribir a diario un post intentando entender la situación antes de que fuera la "nueva normalidad"
2. Cocinar a fuego lento, muy despacio y dejando que los jugos se mezclasen de forma progresiva, elevando a los altares algunos sabores, hundiendo en la miseria otros. Que no todo es posible.
3. Disfrutar del sol como nunca en el mes de abril más lluvioso y nublado de los últimos 100 años, dicen.
4. Llamar a mi madre a diario. Sin comentarios.
5. Levantarme una hora más tarde y llegar al trabajo a la misma hora de siempre, "ahí es ná". Lo que me ha supuesto una hora adicional para hacer las cosas que me dé la gana.
6. Observar el curro de los profesores y maestros. No somos conscientes de lo que hacen estas personas ¡y de lo que sufren! Si yo os contara lo que he escuchado y he visto. Nop, no caerá esa breva.
7. Videoconferencias, videoconferencias, videoconferencias... ¡qué ya está bien! pero también aprender a escuchar y respetar.
8. Relativizar las cosas que antes eran de una importancia esencial y que ahora no lo son tanto, o casi nada.
9. Hablar en todas las comidas, y no siempre del Coronovirus.
10. Pedalear como un loco. Bueno, creo que esto, según me comentan, ya lo hacía. Hum, pensaré otra cosa.

¿Quién se anima?



miércoles, 29 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D46)

Hoy no tenía previsto escribir, bueno sí. No, en realidad no tenía intención de compartir ninguna novedad, pero lo voy a hacer porque han salido publicadas las fases de desconfinamiento. No, no lo haré.

Día 46 de confinamiento Covid-19

Vale, tal vez lo haga, aunque la verdad es que tampoco importa. Bueno, sí que importa. No sé si ya estamos, o no, en la Fase 0. Tal vez sí, tal vez no. Parece que va de espacios y de objetivos a lograr. Si se logran bien, si no tampoco pasa nada que luego habrá una recuperación y se reevaluará. Si entonces es sí, vale, y si no pues qué le vamos a hacer, es consecuencia de que las cosas se están haciendo bien. O no.

He intentado saber si el próximo sábado podré desanclar mi bici del rodillo y escaparme para dar una vuelta. Sí, pero siempre que vaya solo. Vale, lo entiendo. Pero también podría ir acompañado, en este caso por alguien con la que comparto espacio habitual. Pues va a ser que no, porque a mi compañera eso de las bicis, como que no.

Ah, pues entonces podré hacerlo con mi socio de escapadas. Pues sí, pero no. Sí, si vamos a una velocidad por debajo de los 15 km/h y dejando unos dos metros de distancia, mejor en diagonal. No, si vamos más rápido, ya que la nebulosa húmeda en la que habita lo desconocido se prolonga, según los expertos, como a unos 20 metros, que es lo mismo que ir sólo. Y si te pasan, te paras para volver a dejar la distancia. ¿Pararse? ¿En qué mundo estamos? 

Como comprenderán los aficionados ir a 15 por hora es como si te prohibiesen salir. Ni los globeros subiendo el Mortirolo. Tal vez exagero y a lo mejor en plena cuesta del 18% pasar de 8-10 sea algo que no está al alcance de la mayoría. Pero, ¡es que no estamos hablando de eso! ¿O sí?

Pues a lo mejor me espero a la Fase I, que es cuando es lo mismo, pero no lo es. Que será cuando podamos, aunque tampoco. Que será el momento en el que sí, pero no del todo. 

Pero puede que no, que no me espere, o sí, y ya vaya directo a la Fase 2 ó 3. 

¿Alguien puede aclararme este embrollo?


martes, 28 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D45)

Yo no es que quiera ser agorero pero hace dos años ya escribíamos en Historias Acuícolas sobre esto.

Dia 45 de confinamiento Covid-19

Así que hoy os dejo con esta espeluznante historia que empezaba de la siguiente forma: 

Un enjambre compuesto por elementos resilientes a toda actuación y grotescamente caníbales se estaba apoderando de todo lo que habíamos sido capaces de construir. Una turba cegada por la proximidad de la fuente alimentaria hacía imposible pensar en algo más que el día a día. Una multitud que amenazaba ruina y devastación se imponía rauda a lo que construimos para protegernos. Un tropel de miedo y desesperación que indicaba la proximidad de la hecatombe nos hacía temer lo peor de lo peor. La legión de muerte marcaba su paso dejando una sombra negra de miseria liderada por la santa compaña. Las hordas avanzaban sin control y no teníamos dónde escondernos.

sigue aquí "Apocalipsis zombi"


lunes, 27 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D44)

Allá por el 1979 empecé a consumir cómic de forma compulsiva. Tenía pasión por el 1984 con los dibujos de Richard Corben, Fernando Fernández, Esteban Maroto, Isidre Monès, Álex Niño... costaba 75 pesetas cada entrega mensual.

Dia 44 de confinamiento Covid-19

En la contraportada del nº 6 del 1984 apareció por primera vez publicitado el nº cero de una nueva revista "La mejor publicación mundial de terror" el CREEPY. Prácticamente eran los mismos guionistas y dibujantes, pero aparentemente con un giro mucho más tétrico y retorcido. Suponía añadir 60 pesetas adicionales a un dispendio ya de por sí elevado, así que me alié con un colega, también forofo del cómic, y echamos a suerte quién iba a seguir comprando cada cual y nos los cambiábamos.

Me tocó a perder (es un decir, ya que los dos ganamos) y no me quedó más remedio que seguir comprando el 1984 (15 pelas más caro) y mi colega el CREEPY. 

Aunque las primeras historias eran recopilaciones de las ya publicadas en su versión norteamericana, para nosotros eran novedad absoluta. Los relatos de terror clásicos y modernos se mezclaban con mundos mutantes, viajes astrales a zonas desconocidas, versiones de Poe y Bradbury, descenso a las catacumbas de humanidades perdidas y por encontrar, casi siempre en futuros imposibles.

He echado un ojo rebuscando alguna historia que adelantara nuestro presente, pero sólo veo a los monstruos clásicos que se mezclan con visiones post-apocalípticas tras una devastación causada por bombas atómicas y catástrofes ambientales. No he sido capaz de ver, en los números que conservo, algo que hiciera referencia a un mundo dominado por elementos que no fueran extraterrestres. Ni tan siquiera el maestro Giménez lo imaginó en sus mundos fantásticos. Me he enterado hoy que falleció hace unos días por esta maldita enfermedad. 

Yo no llegué a leer la novela de Dean Koontz del año 1981 y sus virus mortíferos, y no sé si se hizo alguna versión en cómic, que es la que de verdad vale, así que no la tomo en consideración. Todo lo que ha venido después no sirve, hay que remontarse a los orígenes.

Pero mi hermano ha tirado de hemeroteca y ha encontrado este número, del que hoy presentamos la portada, aunque yo creo que se lo ha inventado. Me dice que lo que pasa es que está descatalogado y que ni siquiera puede encontrarse entre los más friquis coleccionistas, porque sólo hay un número y lo tiene él en la edición facsímil. No sé, hay cosas que no veo claras. Si alguien tiene información...


Nota: Las 75 pelas que con tanto ahínco ahorraba hoy equivaldría a realizar un dispendio de aproximadamente 3€ mensuales, pero no es comparable ya que habría que dividir por dos y luego añadir a todos los gorrones que acababan leyendo cada uno de los tebeos. No, no es lo mismo.
Renta actualizada con el IPC General (sistema IPC base 2016)
entre Enero de 1979 y Enero de 2020
Renta inicialRenta actualizadaTasa de variación
0,45 €2,90 €544,4 %

domingo, 26 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D43)

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasear...

Día 43 de confinamiento Covid-19

...pasear haciendo camino, volviendo la vista atrás y adelante y manteniendo la distancia de (bio)seguridad y poco a poco.

Imagino la alegría de todos esos chavales que hoy han salido en estampida. Finalmente, algo de alivio, algo de aire no comprimido, algo de oxígeno puro, posiblemente más puro que nunca, ya que el volumen de tráfico y las calles para uso casi en exclusiva peatonal habrán servido para mostrar que, tal vez, sólo tal vez, otro mundo es posible.

En el pueblo no se ha notada nada diferente. No, al menos, en el espacio que ocupa mi visión desde el edificio donde vivimos. Me he asomado ansioso esperando ver criaturas y, para mí tristeza y desolación, solo he visto a los críos de mis vecinos, peri en sus casas. Igual han decidido salir antes, o igual después, o hasta es posible que hayan decidido dejarlo para dentro de un par de días, una vez sofocado el fogonazo de ansiedad que hoy se barruntaba.

Hoy, y después de tanta expectación, poco más. Como un nuevo trámite administrativo asociado a esta cuarentena. Hoy hemos conseguido que nos pongan el sello de aceptado en la solicitud de vuelta a la normalidad. ¿Cuántas estancias debemos presentar todavía?

Espero que no nos devuelvan la solicitud indicando que hay alguna cosa mal, o que nos falta presentar otro documento que acredite que es cierto, que ya hemos conseguido doblar la línea que determina la posibilidad de creer que volvemos a ser lo que éramos. Yo he vuelto a echar un ojo a los papeles y creo que todo lo tengo en orden.

Escrupulosamente he acreditado a diario mi ejemplaridad, he cumplido con las recomendaciones, he sido un modelo de ascetismo, he llevado la austeridad en cuanto a las salidas a extremos inimaginables y he mantenido un equilibrio físico y mental quasi perfecto. Y no lo ha sido del todo porque, para qué engañarnos, un poco tocados ya estamos y las ganas de darle una patada a todo esto es más que evidente.

Miro ansioso el dos de mayo como el día del levantamiento, espero que sin mamelucos.


sábado, 25 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D42)

Hoy he notado como si me robaran el aire. No todos los días son iguales. Los hay que son mejores y los hay que son peores. Algunos se pasan con cierta euforia y alegría. Otros sólo se pasan y hoy cuesta pasarlo.

Día 42 de semiconfinamiento Covid-19


He decidido que esta noche voy a rebajarme (40 maldito gobierno y sus cambios de última hora) 41 años, así de golpe. Que no es lo mismo salir por obligación que salir por gusto. Y yo no quiero perderme la hora de disfrute colectivo que los de mi edad, (14) 13 años, por mañana, tenemos asignada por día. Y hasta nos dejar sacar la bici. Anda que me van a ver dentro de la circunferencia que determina la equidistancia kilométrica máxima.

Todo está preparado. Empezamos a calentar motores. Hemos puesto aceite lubricante en las bisagras de la puerta principal, esa que llamamos la puerta de nuestra casa, hoy puerta carcelera, para que esté perfectamente operativa. Hemos revisado si el ascensor funciona correctamente, aunque creo que no va a ser posible aguantar su espera, pero por si acaso han quitado las escaleras, que hay que prever cualquier contingencia.

Las zapatillas están relucientes y hemos comprobado que los cordones ajustan adecuadamente, ni muy fuertes, ni muy flojos, bien atados para salir zumbando como alma que lleva el diablo. El diablo que tenemos metido en el cuerpo desde hace ya seis semanas.

Ropa cómoda y no muy nueva, que no vaya a ser que se sienta incómoda por la hierba o por la arena, porque me voy a tirar por el suelo y por el césped y si pillo un trullo de un perro, seguro que estará lleno, aunque creo que ahora la gente es mucho más civilizada y limpia, pues me aguantaré. Maldeciré al dueño, del chucho, pero me aguantaré porque quiero.

Hemos cambiado las pilas del reloj nuevas por unas viejas, de esta manera irá más lento y las horas serán más largas. Esta excusa y el hecho que el móvil estará totalmente descargado será perfecta caso que sea necesaria utilizarla, fuese el caso que a la sexta hora alguien sospechase.

No puedo esperar a mañana. Ya tengo 15 años menos. ¡Mamá! ¿ya es la hora?

viernes, 24 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D41)

Día tras día, pasamos la cuarentena. A simple vista parece que ya estamos preparados para vivir en un mundo para el que no nos prepararon.

Día 41 de confinamiento Covid-19

Leo que hay ciudades que se ofrecen como zonas experimentales para ver cómo podría ser la evolución del coronavirus. Quien lo ofrece, posiblemente un político con poder, no debe ser consciente de las carencias de conocimiento que todavía existen, y lo que es peor de las propias limitaciones que ofrece su ciudad. No todas son iguales, es evidente, y no en todas es posible hacer lo mismo. Podría empezar por su casa, por ejemplo.

Leo que hay dirigentes, con un inmenso poder, que proponer experimentar con tratamientos propios de la brujería que se utilizaba siglos atrás, peor aún sin el conocimiento natural que de buen seguro tenían estas "brujas". Digo yo que por qué no se ponen como ejemplo y en directo hacen uno de estas soluciones mientras vemos cómo les cambia el color del pelo, por ejemplo.

Leo que los líderes europeos han acordado poner en marcha un fondo de recuperación para impulsar la economía, pero que como no lo tienen del todo claro, van a esperar a ver qué pasa, y que entonces ya verán. Que tampoco es que sea tan urgente, por ejemplo.

Leo que las tiendas, los centros comerciales y los restaurantes de Dubái se están preparando para abrir a partir de hoy. ¿Nos pilla dentro del kilómetro que podemos trazar con los niños desde casa?, por ejemplo.

Leo que el comisario europeo para el mercado interior "opina" que se debe aprovechar para invertir en la transición digital y verde, que hay que relanzar la industria y relocalizar los sectores estratégicos en una UE menos globalizada. Podrían empezar por algo, como coordinar la crisis sanitaria, por ejemplo.

Leo que cerca de cuatrocientas empresas de economía social se han transformada para fabricar millones de mascarillas y equipos de protección, asegurar el abastecimiento de productos de primera necesidad, medicalizar espacios, atender a colectivos vulnerables o para donar alimentos. Tomen ejemplo.

Y paro de leer que veo que cuarenta días son pocos para cambiar ciertas cosas de este nuestro mundo.


jueves, 23 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D40)

Es posible que este Sant Jordi no sea como el de otros años.

Día 40 de confinamiento Covid-19

Como tantas otras cosas.

También es posible que lo que vaya aconteciendo en los próximos meses no acabe siendo como en años pasados.

Es incluso posible que los próximos años no sean como lo que eran.

A mí no me parece mal del todo.

Es cierto que en Sant Jordi se compraba una cantidad de rosas casi insostenible. Seguramente hoy no va a ser así y lo sentiremos, sin duda, pero de lo que estoy convencido es de que las rosas van a seguir siendo protagonistas y se van a disfrutar de una forma diferente y singular, puede que hasta no tan chovinista. 

En Sant Jordi se compraba una cantidad de libros desproporcionada, tantos que en algunos -ejem- casos, acababan perdidos en rincones bajo un estado de aislamiento crónico y cumpliendo funciones para los que no habían sido diseñados o escritos. Es posible que hoy sí que sean leídos, y luego se destinen a esas funciones alternativas y secundarias que no digo yo que no sean buenas y hasta útiles.

En Sant Jordi se paseaba por la calle, se compartía alegría, se disfrutaba de un ambiente oloroso y floral y se tenía la sensación de ser un pueblo culto y leído, por lo del volumen de libros.

Lo acepto. Esto sí que duele. El dragón ganó la pelea.

Paro como hoy hemos cambiado la rutina, o dejamos con este poemilla:

En Sant Jordi encorvados
olíamos rosas hermosas
cómo cambian las cosas
por el SARS-CoV-2.

Hoy nadie se mueve
sin ambiente callejero
no puede don dinero
con la COVID-19.

Sin querer ser agorero
no nos hará mucho daño
esperar de nuevo un año
para reducir el R0.

Dejemos de ser automáticos
con un libro en las manos
seamos de nuevo humanos
ojalá que asintomáticos.

¡Feliz Sant Jordi!

Bola extra: https://youtu.be/sgwSXIwVwU4 Sorpresa, sorpresa.

miércoles, 22 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D39)

Una teoría circular.

Día 39 de Confinamiento Covid-19

Nuestro planeta tiene una biomasa estimada de 550 Gt (550.000 millones de toneladas de carbono equivalente).

De toda esta biomasa 2Gt corresponden a animales.

De la parte animal, 0,06Gt corresponden a los humanos.

Los humanos suelen padecer enfermedades.

Las enfermedades más habituales están relacionas con la obesidad y el sobrepeso, cáncer, cardíacas, bacterianas y víricas.

Dentro de las víricas nos encontramos con el SARS-CoV-2.

El SARS-CoV-2 es un tipo particular que se conoce como coronavirus.

Este coronavirus, por mucho que parezcan empeñarse algunos, no es un engendro artificial, sino que ha surgido de forma natural a partir de otros del género Betacoronavirus.

El genoma de este betacoronavirus (una cadena de ARN de unos 29.900 nucleótidos de longitud) presentan similitudes de secuencia con los otros coronavirus conocidos.

Los análisis de las secuencias genómicas realizados hasta ahora muestran que, como los demás coronavirus humanos, SARS-CoV-2 es también de origen animal.

El animal que parece ser tiene mayor similitud en cuanto al virus causante de la COVID-19 es un murciélago.

Este murciélago (Rhinolophus affinis) y todos los de su clase tienen un apego especial por los virus.

Los virus tienen un apego muy especial por todo lo vivo, sin lo cual no vivirían.

Es por eso que se han adaptado tan bien que su biomasa estimada, aunque se cree que puede ser algo más, está en 0,2Gt, un 0.04% de la biomasa mundial que equivale a unos 200 millones de toneladas.

Los humanos somos unos 60 millones de toneladas, un 0,01%.

En el mundo hay aproximadamente 7.700.000 millones de habitantes con un equivalente a 7,79 kg de carbono por persona (para una media de 40 kg/persona/mundial), ¡ojo son promedios!

El promedio es que hay 3,33 kilos de virus por cada kilo de persona.

El peso de un virus (estimado) es de 0,000000000000001 gramo (1x10-15).

Es posible que estemos diciendo que hay unos 2x1023 virus pululando en este momento por nuestro planeta.

El planeta es pequeño y frágil y los virus son muy promiscuos.

Referencias:






martes, 21 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D38)

¿Qué está pasando?

Día 38 de confinamiento Covid-19

No lo sé, pero parece que estamos padeciendo un nuevo virus de efecto mundial.
No lo sé, pero seguimos en casa confinado cinco semanas después.
No lo sé, pero seguimos en estado de alerta.
No lo sé, pero, los que podemos, andamos con el teletrabajo aquí y allá.
No lo sé, pero seguimos sin comprender cómo calan los bulos en la población.
No lo sé, pero la situación no ayuda para hacer planes de futuro.
No lo sé, pero me gustaría saber qué siente la gente, de verdad y sin postureo.
No lo sé, pero esto huele a ensayo general de lo que será el futuro.
No lo sé, pero me acabo de acaba de quedar de piedra al enterarme de que el petróleo ya no vale nada.

Y lo que sí que sé, es la envidia que tengo hoy de no ser un niño, o no tenerlo en la edad reglamentaria, para poder salir a la calle en breve. Aunque creo que esto es un bulo, como lo del virus mundial, y que lo quieren es que creamos que ya está todo controlado, que empecemos a pensar en el futuro y cojamos el coche como locos para gastar gasolina y así empiece a subir de nuevo el precio del petróleo.

Va a ser eso.

lunes, 20 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D37)

Yo diría que a todos, a lo largo de esta interminable secuencia de días confinados, nos ha pasado que un día, un día determinado que tampoco importa tanto, las cosas no van como tu quisieras.

Día 37 de confinamiento Covid-19

A mí me ha pasado hoy. Desde primera hora de la mañana. Desperté desganado y con una somnolencia propia de las noches densas y oscuras. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

El desayuno atolondrado y rápido, cuando ya he dicho que me gusta alargarlo un poquito, defendiendo en cierta forma mi propia manera de rebelarme al status. Pues no, acabé con el café a medio tomar trasteando en el ordenador incluso antes de sumergirme, formalmente, en las tareas que tenía previstas. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.


Me costó encontrar el ritmo en el trabajo previsto. Las reuniones han sido un poco complicadas porque me costaba concentrarme y seguir con atención los detalles de la conversación. He tenido que hacer un esfuerzo extraordinario para no dar a entender que estaba faltando al respecto. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.


En una hora y media gloriosa, con ayuda de un tercer café, he sido capaz de sacar adelante un par de cosas que eran importantes y de las que dependían otras personas. Lo he hecho, pero no les diré lo que me ha costado, que no quiero que crean que estoy bajando la guardia. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

He comido rápido, para lo que es habitual estos días. Hoy estaba todo preparado y con calentarlo era suficiente. Pero no he aprovechado los miserables quince minutos que he tardado en todo el proceso. No es que necesitase más, es que era evidente que mi cerebro sí que lo necesitaba. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

Así que me he vuelto a encontrar frente al ordenador intentando finalizar las dos tareas que, aunque debería haber acabado durante la mañana, no había sido capaz. He necesitado un segundo sobreesfuerzo de concentración. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

Ha sido unos de los días menos productivos que he tenido y tengo una sensación de fatiga crónica exagerada. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

Igual hoy es el principio de mi obsolescencia. Dicen los expertos... ¡Joder, con los expertos!

"No pares, sigue, sigue..."

domingo, 19 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D36)

Después de tantos días, qué queréis que os diga, los domingos ya no son lo que eran.

Día 36 de confinamiento Covid-19

Durante la revolución Francesa cambiaron muchas cosas. Una de las más llamativas fue la que hacía referencia al calendario y la gestión del tiempo. Fue un rotundo fracaso, pero mientras duró las cosas fueron y se vivieron de una forma totalmente diferente. Como ahora.

Si hubiera tenido éxito su implantación y se hubiera expandido, al menos a la mitad o parte del hemisferio norte, hoy estaríamos en el mes de Germinal (aunque no lo parezca) apunto de empezar Floreal (esto sí que lo parece), nos encontraríamos en su segunda década del mes y estaríamos en el septidi día de la década de 10 días. La hora, a saber por que cada día sólo tenía 10 horas de 100 minutos.

Sinceramente he tenido que mirar con detalle cómo funcionaba este calendario para poder decir en qué momento nos encontraríamos caso que se hubiera mantenido.

Me está pasando lo mismo, es como si me hubieran cambiado el calendario y la manera de contar las horas, el pasar del tiempo, la gestión de las semanas. En la situación en la que nos encontramos, después de tantas horas, tantos días, tantas décadas (por semanas, eh, que tampoco hay que exagerar), no sé en qué momento estamos, más allá de este septidi día de la segunda década de Germinal, año...


sábado, 18 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D35)

Lo de salir solo para hacer la compra, como que no me acostumbro. 

Día 35 de semiconfinamiento Covid-19

Quien diga lo contrario yo creo que miente. No puede ser que este hábito que hemos adquirido, y que es el salir cada cuatro o cinco días, porque es necesario para adquirir suministros básicos, sea a lo que nos debemos acostumbrar.

Cada uno tenemos nuestros hábitos, no vamos a descubrir ahora que como consecuencia del confinamiento hemos empezado a desarrollar cosas que ya formaban parte de nuestra rutina. Los teníamos tan interiorizados que es posible que no fuésemos conscientes de su existencia, pero ahí estaban. Por lo que no es cuestión de echar la culpa de todo a esta situación.

Hay cosas que ya tenía que no he cambiado, o sí y no me he dado cuenta.

Me sigue gustando desayunar tranquilamente, con algo de fruta y dos cafés. Uno sirva para despertarme y el segundo lo disfruto con la parsimonia propia del día que empieza. ¿Qué ha cambiado? Que ahora lo alargo un poco más, bueno, tal vez algo más de un poco más.

Tenía por hábito, siempre que fuera factible, hacer algo de deporte que en mi caso era o bien una hora de rodillo en bicicleta o una salida dos o tres veces por semana. ¿Qué ha cambiado? Que ahora si no lo hago cada día me empiezo a comerme el tarro y no salgo de esta situación de no, no, no...

Me ayuda mucho escuchar música, revisitar mis clásicos o descubrir nuevos, pero para ello tengo que buscar el momento adecuado. ¿Qué ha cambiado? Que ahora todo momento es el momento adecuado, ansío perderme en compases y melodías, me dejo arrastrar por las músicas más variadas y no paro de buscar nuevas.

Leo compulsivamente. Si engancho algo que me atrapa lo devoro, lo retuerzo hasta exprimir la última gota de las páginas, si no me gusta, no pierdo tiempo, que sólo se leen cosas que te transporten. ¿Qué ha pasado? Que me cuesta una enormidad concentrarme y aunque me apasione lo que leo, no lo proceso, que mi mente se está volviendo perezosa, creo que la culpa la tienen las series.

Soy consumidor de prensa diaria. Voy como abeja de flor en flor buscando aquella que destila el néctar que más me gusta, pero sin dejar de picar en otras por si acaso y es que es necesario no ser un extremista de los sabores y los olores. ¿Qué ha pasado? Que no puedo cambiar del sabor que me ha atrapado, aunque se repita día tras día, con la monotonía y redundancia propia del día de la marmota. Pero es que fuera de ese sabor sólo hay desolación.

Yo no llamaba ni preguntaba, con frecuencia, a los que quiero por cómo están y qué tal va todo. ¿Qué ha pasado? Que ahora los llamo y les pregunto todos los días y lo necesito.


viernes, 17 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D34)

Justo después de Navidad viajé a Perú durante unos días y era como descubrir el Potosí. A finales de enero estaba en Bolonia y me pareció una ciudad endiabladamente encantadora. Durante febrero fui a diferentes ciudades y todavía, a finales de febrero, nos reunimos en Madrid en la época en la que, inconscientemente, nos tomábamos el virus a guasa.

Día 34 de confinamiento Covid-19

¡Cómo podíamos ser tan descerebrados en aquellos días! 

Se hacían viajes trasatlánticos para trabajar, como era mi caso, y me cuentan que hasta se hacían ¡viajes por placer!

Íbamos a diversas ciudades europeas para empezar nuevos proyectos de investigación, con una ilusión desmedida y nos juntábamos en un sólo lugar hasta un centenar de personas. Parece ser que de una procedencia y diversidad espectacular y ¡muchas eran italianas!

Ilustración: Blanca Botey
Era habitual celebrar cenas con los colegas y pasar un rato hablando de otras cosas que no solo fueran asuntos laborales, dicen que había quien hasta hablaba de futbol, y ¡estábamos muy juntitos!

Cuando te encontrabas era normal darse un par de besos, si eras francés del norte hasta cuatro, entrelazar las manos cordialmente (no siempre) e ¡incluso abrazarse!

Al marchar, se repetía al procedimiento anterior (no siempre) y se decían cosas como ¡nos vemos! o ¡hasta luego! o ¡si eso, nos llamamos y quedamos! y ¡la gente se lo creía!

En algunos pueblos muy primitivos la gente quedaba a tomar "el aperitivo" y se metían en unos tugurios llenos de personas apretujadas y hablaban y ¡compartían comida de un mismo plato!

Los más osados, que siempre los ha habido, en su mayoría inconscientes que no tienen apego a la vida propia o ajena, se aventuraban a ir a ver imágenes en televisiones muy grandes (seguramente no tenía smarphone o tablet), o iban a las funciones que en directo representaban otras personas y que, a viva voz, a apenas un metro de distancia se aventuraban a compartir escenario.

Pero los peores, ¡ay!, estos sí que eran los malos de verdad, asistían apretujados como sardinas en lata a extrañas celebraciones litúrgicas, que según condición, lugar, acto o estructura organizativa solían denominar manifestación, evento deportivo, concierto e ¡incluso discoteca!

Menos mal que ahora estamos mucho mejor. Dónde va a parar. 

jueves, 16 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D33)

Cada día que pasa adquiere un significado, que puede ser por la característica numérica, no me digáis que 33 no es un número redondo; o por las circunstancias que se asocian a los detalles.

Día 33 de confinamiento Covid-19

Los detalles son esenciales. Especialmente aquellos pequeñitos que hacen de nuestra convivencia un algo intangible que, sin llegar a formar parte integral de la misma, sin ser siquiera indispensable, le confiere una valor absoluto y hace que sin él no estuviera completa.

El pequeño detalle de bajar el volumen de la voz cuando se cruzan dos conversaciones (dentro de cualquiera de las múltiples plataformas tecnológicas que usamos) en el mismo espacio.

El pequeño detalle de mostrarnos totalmente disponibles para ir a hacer la compra, aunque estemos en mitad de un descubrimiento de valor mundial.

El pequeño detalle de preguntar, cada día, a las mismas personas y de la misma forma, si se encuentran bien.

El pequeño detalle de mirar por la ventana, por el balcón y observar que la mayoría de la gente cumple, como tú, con la imposición del aislamiento.

El pequeño detalle de saltar como un resorte cada vez que oyes pasar un vehículo y te preguntas a dónde irá y por qué.

El pequeño detalle de cagarte en todo el santoral cada vez que escuchas a ciertos imbéciles hablar con una propiedad de la que carecen de lo que es esto y de como ellos lo habrían arreglado si les dejasen.

El pequeño detalle que certifica que en el mundo hay una proporción de estúpidos superior a la que creías y que especialmente esta frecuencia está incrementada, de una forma desproporcionada, entre los dirigentes con más poder.

El pequeño detalle de mirar de reojo, a eso de las 11:00 de la mañana, el número de fallecidos y torcer el gesto porque no bajan como quisiéramos.

El pequeño detalle de salir a aplaudir todos los días, aunque creas que no es necesario porque ya lo haces de corazón.

El pequeño detalle de irte a dormir sabiendo que, por ahora, no va a ser fácil repartir abrazo y besos a desconocidos, que es lo que más queremos en estos momentos.

¿Cuál es tu pequeño detalle?



miércoles, 15 de abril de 2020

Rimas mundanas de la COVID-19 (D32)

Rima: Semejanza o igualdad de sonidos entre dos o más palabras a partir de la última sílaba acentuada; en especial, aquella que se produce entre las palabras finales de los versos de un poema.

Día 32 de confinamiento Covid-19


Deseo en este momento
que nuestro confinamiento
no pase de ser un intento
de aliviar el sufrimiento.

Añoro nuestros rituales
llenos de actos banales
de durada semanales
aunque sean bacanales.

Imploro algo de ventura
que no hay tanta hermosura
en toda la literatura
o en un curso de pintura.

No quiero tener un horario
con sentido penitenciario
dentro del parvulario
que es mi calendario.

Deseo sentir el viento
quiero aliviar el tormento
que da al conocimiento
mi principal sustento.

Añoro tener canales
hablando de animales
de cosas mundanales
con sencillos modales.

Imploro más compostura
y que esta partitura
de vulgar estructura
acabe con la impostura.

No quiero ser depositario
ni escribir un diario
de un mundo visionario
regido por un comisario.

Deseo el movimiento
mi único divertimento
decir lo que siento
liberar el pensamiento.

Añoro un inicio de finales
en momentos infernales
de abasto mundiales
con humanos capitales.
 
Imploro vida futura
fuera de la sepultura
no exenta de finura
y un punto de caradura.

No quiero tener santuario
en este estado primario
convulso y patibulario
engreído, soso y perdulario.

Deseo sentir el viento
añoro un inicio de finales
imploro vida futura
no quiero tener horario.

martes, 14 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D31)

No sé si a vosotros os pasa pero últimamente me siento observado haga lo que haga. 

Día 31 de confinamiento Covi-19

Llegados a este punto y con tanta intervención y sistemas gestionados por satélites e inteligencia artificial, desde que sé que desde el pasado 28 de marzo estamos geolocalizados a través de los teléfonos móviles, haga lo que haga me siento controlado por un ente superior.

Creo que la diferencia de pasos, en metros unos 25 tal vez, que puedo dar de un punto a otro de mi vivienda puede que no sea lo suficiente como para alertar a las autoridades respecto a si me he movido de una comunidad autónoma a otra, aunque sea de forma anónima, que bien podría ser, y es bastante probable que en el análisis de mi movilidad durante el confinamiento resulte que soy un punto fijo inapreciablemente móvil desde la medida que determina mi geoposición.

Creo que no cuenta el movimiento dentro del espacio virtual que es internet, pero no lo tengo claro.

El hecho de tener la sensación de estar continuamente observado viene por los ojos de los transeúntes con los que me he cruzado al ir a la compra. No son ojos humanos, creo que hemos sido colonizados por alguna entidad extraterrestre, lo digo por la extraordinaria repercusión que está teniendo el hecho de que se han disparado los avistamientos de OVNIS.

Que yo me lo creo, que estas noticias están saliendo en medios reputados y de una elevada credibilidad, como el sistema de ovnivigilancia de WhatsApp, que creo que es de una fiabilidad cercana al sistema de teledetección extraplanetaria ELT situado en Atacama. Bueno, según dicen los expertos, igual hasta mejor.

Por lo que estoy convencido que por la noche se descuelgan y eligen a aquellos que tienen tendencia a deambular incumpliendo con las recomendaciones, ya que son mucho más fáciles de detectar, y los abducen. 

Y puesto que este virus es extraterreste, como bien dice la comunidad científicamente contrastada de otra de las fuentes de referencia que, sin mácula, informa, y que es Twitter (especialmente la información que viene por el lado derecho de la pantalla), ahí queda demostrado que estamos totalmente controlados y siendo escrutados hasta el mínimo detalle.

Parece ser que hay otro tipo de evidencia que pone de manifiesto el proceso de abducción y que tiene que ver con el exceso de cuñadismo de determinadas fuentes de calidad terciaria, las TVs, pero ya se saben que estas no son tan de fiar como las dos anteriores.

Mañana me informaré en Instagram que dicen que hay unas fotos robadas de estas apariciones, ¡será por fuentes fidedignas!



lunes, 13 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D30)

Mañana vuelvo al trabajo, desde casa, aunque no con la alegría que yo esperaba después de estas vacaciones impuestas de Semana Santa.

Día 30 de confinamiento Covid-19

No lo es porque vuelvo al mismo sitio del que no he marchado, al mismo lugar en el que he estado estos últimos 30 días.

No lo es porque crea que no puedo hacerlo, que he comprobado que si, es porque tengo que hacerlo por imposición y no por elección.

No lo es porque yo no lo he elegido hacer, y suele pasar que cuando es así pasa que las cosas no son tan auténticas como cuando uno cree que es por decisión propia.

No lo es porque, al menos, quedan 15 días por delante en los que tendré que convencerme que esta forma de trabajar la he elegido libremente, como tantas otras personas que ahora alardean.

No lo es porque se me cruzan en la cabeza líneas que suben y bajan, gráficas de barras transversales y verticales que juegan con nuestra capacidad de resistencia.

No lo es porque seguiré haciendo cosas a determinadas horas que no me gusta hacer. No digo que no quiera, digo que no me gusta y eso hace que sean más difíciles de mantener cada día que pasa.

No lo es porque hoy no es un buen día, por mucho que se empeñen, es un día más en esta absurda competición para ver quién tiene el número más grande.

No lo es porque ya me he cansado de que haya tantos expertos hablando siempre de lo mismo, de cosas que no entienden, y no dejando escuchar el silencio de los que saben. Mucho más prudente y sincero.

No lo es porque empieza a costarme entender las cosas, las pasadas, las presentes y las futuras.

Y, sin embargo, y a pesar de todo, sí que lo es. 


domingo, 12 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D29)

Día 29 de confinamiento
y de resurrección desapasionado
domingo de primavera impostado
de la Covid-19 su adviento.

Después de todos estos días de ciclismo indoor (maldito rodillo) no he podido aguantar más y he salido a dar una vuelta. Sí, me acuso, he desatendido todas las recomendaciones y me he saltado el confinamiento.

He salido sin protección de las vías aéreas superiores, con guantes semiabiertos y desafiando a cuantas reglas de proximidad se produjeran a mi alrededor. Paradójicamente he estado en todo momento más sólo que la una. Con la excepción de una aficionada que, desde la distancia, intentaba inmortalizar el momento, en un visto y no visto, en huidiza disposición y a escondidas. No importa que en realidad haya sido yo quien le solicitara la foto. Son minucias que no vienen al caso, porque debían cumplir con la función que al final de esta entrada se aclara. Es que esto del ciclismo de carretera ya no es lo que era.

El sol, el aire, el cielo, el verde... eran el mismo, quiero decir que eran el mismo todo el rato en el que he roto la prisión de las paredes metafísicas que nos aprietan. Tenía la sensación de no avanzar ni un centímetro. Como si el espacio-tiempo se hubiera detenido a mi alrededor. 

El cuentakilómetros iba marcando un avance ficticio kilómetro a kilómetro, pero yo veía que no iba, vamos que no me movía del sitio. He visto como varios caracoles, que se asomaban extrañados entre una maraña de vegetación, me miraban ajenos mientras se alejaban a un reptar velocísimo, temerosos de que los alcanzara, cosa que, para mi desaliento, no se ha producido.

Creo que la culpa del no avanzar como las leyes de la física determina la ha tenido la aerodinámica. Se me olvidó ponerme el caso y ya se sabe que la fricción que ejercemos contra el viento, inexistente, es proporcional a la velocidad, y yo he ido muy rápido. Acompañé mi estado de ausencia del lugar sacrosanto y protegido con un apósito craneal de años pasados. Otrora esencial en el ciclismo globero, ahora útil contenedor de gotas de sudor en formato niagaresco.

He consultado a mi viejo libro de física (J.W. Kane & M.M. Sternheim) y he visto que la clave está en el movimiento. Para tenerlo claro he repasado los conceptos básicos de la velocidad lineal, la energía cinética y potencial. Sé que mi momento angular ha sido perfecto, ya que no me he caído en ningún momento. La magnitud de la fuerza generada por el movimiento de las ruedas, espectacular y la dirección... ni un milímetro desajustada de la línea imaginaria que marca la carretera. Nada, que he cumplido con todos los principios y el principal que era el moverme del sitio, no se ha producido. Por esos digo que la culpa la ha tenido mi falta de aerodinámica consecuencia de ir sin casco.

Menos mas que no me he cruzado con nadie y mucho menos con ningún agente de tráfico, eso me ha librado de una multa segura. Bueno, en realidad me he librado de dos, una por abandonar, a lo loco y sin miramiento, el confinamiento y otra por poner en riesgo mi seguridad cráneo-encefálica.

Y para quienes no se crean que lo que digo es verdad, aquí dejo registro gráfico de mi alocada aventura. Pido perdón por los daños causados y a quienes me conozcan no den parte a las autoridades, que prometo no hacerlo más... bueno, lo intentaré, aunque seguiré llevando antifaz para que nadie me reconozca.




sábado, 11 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D28)

Hoy hemos hecho la declaración de la renta.

Día 28 de confinamiento Covid-19

Como todos los años por estas fechas hoy hemos hecho la declaración de la renta.

Como todos los años por estas fechas hemos dedicado la tarde de un sábado de abril para navegar por la web correspondiente buscando la forma de acceder.

Como todos los años por estas fechas nos hemos identificado para solicitar la clave de acceso a los datos personales.

Como todos los años por estas fechas hemos solicitado el borrador y comprobado que todo estaba correcto.

Como todos los años por estas fechas introducido algún cambio menor.

Como todos los años por estas fechas hemos formalizado el proceso de presentación telemática.

Como todos los años por estas fechas tal y como solemos hacer una sábado por la tarde de un día de abril. Generalmente esperamos que sea una tarde de sábado lluvioso, siempre hay un sábado por la tarde lluvioso en abril.

La tarde de este sábado de abril ha sido esplendorosa

¿Por qué será que no nos ha parecido lo mismo?

¡Ah!, claro por el sol.

viernes, 10 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D27)

Llegados a este punto podemos decir que hemos pasado el periodo de prueba y ya podemos considerarnos contratados indefinidos del confinamiento. El gobierno acaba de aprobar la legitimación de las prórrogas de este contrato por obra y servicios.

Día 27 de confinamiento de Covid-19

Es extraño que te contraten y el mismo día te obliguen a disfrutar de las vacaciones, aunque sean de Semana Santa, pero tampoco vamos a ponernos tiquis-miquis.

Hemos acreditado sobradamente nuestra capacitación para desempeñar el puesto que nos han encomendado, estar en casa sin salir.

No ha sido fácil, el periodo de formación ha sido corto y muy intenso y no había opciones, era así o así.

Los formadores, poco preparados desde mi punto de vista, han improvisado y no se habían estudiado detalladamente la metodología probada en otros entornos.

© SpongeBob SquarePants / Nickelodeon Animation Studio  
El modelo ha carecido de la pedagogía adecuada para adquirir los conceptos esenciales, y es que cuando te dicen que tu trabajo consiste en no hacer, porque al no hacer estás haciendo lo que se espera de ti, falla algo.

Y digo que algo falla porque lo que ha sucedido es que nos hemos puesto a hacer cosas como locos, como nunca antes habíamos hecho, como si el estar sin hacer nada fuera todo lo contrario a la instrucción recibida

¿Qué es lo que no tengo que hacer, en casa? ¿Quién me va a decir si lo que no hago lo hago bien o mal? ¿Y si no hago lo suficientemente poco como para que mi trabajo se vea? ¿Cómo comparto los logros conseguidos en el no hacer diario? ¿Los que no acaban de no hacer nada en realidad hacen o no?

Hoy no he hecho absolutamente nada, así que creo que estoy llegando al culmen de mi desempeño profesional, pero no sé si quiero seguir contratado. Le voy a dar un par de semanas y si no me acaba de gustar lo dejo, que hay muchas opciones. A lo mejor me lío la manta a la cabeza y en mayo me lanzo a dar un paseo, aunque me despidan.

Lo que no entiendo es a toda esa gente que no para de hacer cosas y salir de casa con fruición, como los sanitarios, los servicios de orden, los profesionales de la alimentación, los investigadores y técnicos de laboratorio, los transportistas, agricultores, ... a esta gente les deben haber rescindido el contrato, digo yo.

¡Es que siempre tiene que haber gente antisocial y sin sentido de la responsabilidad!


jueves, 9 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D26)

Hay que ver lo que dan de sí 26 días. Evidentemente es relativo y cada uno podrá interpretar ese tiempo dentro de las circunstancias particulares que conformaban su vida antes de y después de. Hoy el sol ha decidido dejarse sentir y lo ha hecho con ganas, viniéndonos a recordar que el pasado era una ficción temporal.

Día 26 de semiconfinamiento Covid-19

En la teoría de la relatividad especial se unificaron los conceptos espacio-tiempo. En el estado especial en el que nos encontramos se está produciendo una redefinición de los conceptos espacio y tiempo.

Foto de Marta Aguilera
El espacio ya no es el que era, ahora es una conjetura formal determinada con un estar siempre en el mismo sitio. El tiempo pasa, cierto, pero viene determinado por unas leyes de la física que desconocíamos. Hay días que pasan a la velocidad de la luz y parece que rejuvenecemos, hay días en los que el tiempo se detiene y vemos como nos aparecen arrugas.

Observo mis manos y me veo reflejado en la foto de las manos de mi madre, que, con 90 años, mira todo esto con una perspectiva que desconozco. Aunque creo que no debe ser muy diferente de la mía. De hecho, lleva confinada más de estos 26 días, porque le había pillado previamente unos días de mal tiempo y no estaba por salir. también es que se ha vuelto algo perezosa. En cambio ahora con este sol desearía trotar, bueno exagero.

Lleva más de un mes sin su paseo chiquitito pero esencial. Cuántos mayores deben estar en una situación similar, aunque privilegiada, en su casa. 

Acabo de ser consciente que llevaba desde el pasado día 29 sin pisar la calle y me ha costado mucho saber, con exactitud, cuántos días hacía que se había dado esta circunstancia. ¡Han pasado 11 días! Pero todavía me ha costado más saber comportarme.

No me acostumbro a tener que esperar en una cola separados por más de un metro a la entrada del supermercado para evitar aglomeraciones. No me acostumbro a ver mucha gente con mascarilla y guantes, estoy esperando a que oficialmente se diga que es necesario para perder este pequeñísimo grado de libertad que me permito. Cumplo con la distancia social como si de una purga se tratase.

No me acostumbro al devenir de las personas, algo más relajadas tal vez, esquivas por la calle. Hoy he mantenido un par de conversaciones, muro espacio-temporal de por medio, con dos vecinos en la calle. No me acostumbro a tener que preguntar si están bien. 

No me acostumbro a adquirir, exclusivamente productos de primera necesidad, es decir alimentarios y, hoy, varios medicamentos. Echo en falta fruslerías, no mucho es la verdad, pero hubiese querido comprar alguna barrita energética de las que uso para mis marchas ciclistas. ¡Ay, mis marchas ciclistas!

No me acostumbro a la llamada de la tarde para saber de la familia, regular y necesaria como el aire que respiramos, y al mismo tiempo venenosa por la obligatoriedad impuesta.

Me he propuesto no acostumbrarme a nada de esto, aunque he decidido que lo pondré en marcha cuando todo haya pasado, porque ya me he acostumbrado.


miércoles, 8 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D25)

No me he dado cuenta y ya estamos en Semana Santa. Mañana es Jueves Santo. He hecho un curso rápido de lo que significa y, aunque dejo que cada cual se ilustre por su cuenta, sí que he visto la necesidad de glosar algunos términos que nos pueden llevar a confusión.

Día 25 de confinamiento Covid-19

Alegoría: Atributos relacionados con el sufrimiento que portan los penitentes de distintas agrupaciones, por ejemplo, los sanitarios batas, mascarillas, guantes y EPIs.

Balanceo: Ritmo acompasado que llevan las gráficas que nos presentan los diversos estamentos y que reflejan el ir y venir de datos asociados a esta pandemia según conviene.

Calvario: Evocación plástica del momento que estamos pasando, acompañado de un exceso de bulos y de episodios televisivos que se remontan continuamente a lo que precedió y sin atisbo de crítica alguna. 

Escapulario: Distintivo de cada Cofradía que se lleva sobre el pecho y entre las manos y con prolongaciones hacia los oídos. Ahora con atributos en formato electrónico: teléfonos móviles, tabletas y ordenadores portátiles.

Guardabrisas: Artilugio que se coloca en los establecimientos esenciales, principalmente cajeras de supermercado y servicios de farmacia para que no corra mucho el aire ponzoñoso.

Hermandad: Amistad íntima; unión de voluntades, cofradía. Privilegio que a una o varias personas concede una comunidad de vecinos para compartir canciones, palmas, sesiones de aerobic, juegos, recetas, entretenimiento, cuidados de niños y de personas mayores.

Nazareno: Sanitario vistiendo su ropón reglamentario, los que pueden, llevando la cruz que les toca de la mejor manera posible y ejerciendo la procesión por dentro.

Penitencia: Acción sacramental del confinamiento, dictada por el gobierno, y que nos perdona de los pecados cometidos por ausentarnos al ir a la compra o la farmacia. Hay quien no la cumple y debería.

Respiradero: Ventana o balcón, incluso terraza, que tenemos en las viviendas para ver el mundo exterior y respirar un poco de aire puro, parece que ahora mucho más puro que nunca.

Saeta: Resistiré versión 2020 (https://youtu.be/hl3B4Ql8RtQ)

Trono: 1. Nombre que se le da al sillón de casa. 2. Nombre que se le da al sanitario de casa. 3. Nombre que se le da a cualquier lugar de la casa en la que no se es molestado, especialmente aquellos que tienen criaturas encerradas.

Vía Crucis: Expresión latina con que se denomina el camino señalado por las diversas intervenciones de los responsables de la crisis, indicándonos en cada momento la estación que toca: incredulidad, aturdimiento, espantada, acopio de papel higiénico, aislamiento, máster en nuevas tecnologías, preparación, ajuste, aclimatación, resistencia, cursillo de epidemiología, huida a segundas residencias, alivio, retorno y temor.

En cada una de las estaciones rezamos y nos acordamos de todos los que por el camino se han quedado. Que en paz descansen.