miércoles, 18 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D4)

El uso que se hace de la tecnología no está directamente relacionado con el nivel intelectual, es posible que incluso se produzca un proceso inverso. Pero como no estoy seguro y es hasta posible que pueda aplicarlo a mí mismo, lo dejo ahí, no vaya a ser que una de las consecuencias de esta pandemia sea la pérdida de amigos a los que tanto quiero.

Día 4 de confinamiento Covid-19


Hoy ha sido la prueba del algodón en cuanto al teletrabajo y las capacidades que tenemos para hacer que sea una realidad. Hemos mantenido una reunión intensa, algo más de tres horas, doce personas de cinco países diferentes. Es algo habitual en nuestro grupo, llevamos varios años colaborando de esta forma. Es cierto que se ha hablado de mucho y era importante, claro que sí, pero habitualmente las hacíamos de una hora y poquito y eran mucho más resolutivas. Hoy, de verdad, no importaba ser tan expeditivos, parecía que el valor del tiempo se había devaluado. Creo que hasta hemos agradecido el compartir este tiempo extra, tal vez más distendido, más respetuoso, hasta más humano.

Curiosamente nadie se pisaba, en términos oratorios, todo el mundo escuchaba con un respeto rayano en lo solemne y las intervenciones han sido de una calidad y eficiencia espectaculares.

He observado dos formas diferentes de hacer frente a la eficiencia productiva asociada a esta metodología, el teletrabajo, para entendernos, quiero decir.

Unos estamos volviéndonos adictos como consecuencia de un sentido de culpabilidad y autoexigencia, nuestro perfil tal vez sea el de la soledad en el espacio infinito del confinamiento.

Otros hacen auténticas filigranas al compartir el mismo espacio con los hijos, uno, dos y hasta tres. Han encontrado su sanctasantórum encerrándose en la cocina y atrancando la puerta con una silla. Aun así se oían voces de fondo que demandaban atención.

Hoy, estas personas son mis héroes y heroínas.



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