martes, 31 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D17)

Llueve, llueve y llueve. Y hace frío.

Día 17 de confinamiento Covid-19

Como sociedad somos extraordinariamente complejos. Como individuos somos de una sencillez extrema.

Aceptamos a título individual cualquier tontería estúpida que aparece en este inframundo tecnológico con la naturalidad de la candidez asociada a la inocencia, y al ejecutar el acto de su distribución nos idiotizamos colectivamente.

¿Por qué esta necesidad de ser estúpidos en formato social y colectivo? No tengo la respuesta, es tan complejo que soy incapaz de entender este acto, pero de bien seguro que si la buscamos habrá tantas respuestas como personas dentro del cuadrante izquierdo bajo.

Yo me niego a difundir cualquier cosa que me llegue a través de las redes sociales que no provenga de un contenedor fiable y que ofrezca un contenido útil e instructivo desde un punto de vista social.

Lo que sucede es que no tengo muy ajustado el don de la discriminación verdadera y, a veces, se me escapan cositas. 

Una chorrada, un artículo cutre, una simplicidad, una auténtica falacia, una mierda como un pino... pero también una historia humana, un artículo científico buen escrito, un análisis pormenorizado, poco más ya que el resto es... vírico.

Marta Aguilera
Tal vez todo sea lo mismo y tenga un efecto, en el fondo, similar. De hecho, creo que estas crónicas están dentro de esa categoría. Posiblemente sea consecuencia de la necesidad que tenemos de contribuir a reforzar algunos términos que hoy adquieren un nuevo, diferente mejor, significado: felicidad, bienestar, salud, seguridad... y que forman parte de lo que asociamos a la forma en la entendemos que somos libres.

Kurt Cobain, a quien hoy invitamos a esta entrada, decía que "a veces por muy alto que pongas la música solo puedes oírte a ti mismo". Tal vez hoy debamos bajar el volumen para escuchar lo que dicen los demás, y poder filtrar conscientemente lo que nos llega. Os dejo con "Smells like teen spirit" y con uno de sus versos:

"Here we are now entertain us
I fell stupid and contagious"



lunes, 30 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D16)

Ayer mi madre nos dijo: "A ver si llueve y se va esto". Hoy amanece lloviendo y con ganas, de nuevo tenemos aquí el invierno. Lo de los dos días anteriores, un espejismo primaveral. Llueve sí, y aunque el agua que cae sea purificadora, esto no va a irse hoy.

Día 16 de confinamiento Covid-19

Paradójicamente, en un momento en lo que importa es el inmediato presente, en el que cada hora que pasa es un paso que esperamos no sea hacia atrás, donde deseamos que no llegue un mañana si no es para mejorar, donde los números y las estadísticas nos marcan a fuego vivo, paradójicamente digo, hoy hemos dedicado toda la mañana a hablar del futuro.

Es bueno hablar del futuro, es necesario y liberalizador porque nos permite creer y ser optimistas. Sin embargo, ayer escuché, ahora no recuerdo a quién, pero era a alguien a quien suelo proferir cierta credibilidad, tal vez José Mújica, que "un pesimista es sólo un optimista bien informado" o tal vez era un optimista es sólo un pesimista mal informado”.

He reflexionado y no sé a qué categoría pertenezco.

Siempre me he considerado un optimista, lo que implica que no sólo no estoy mal informado, sino que además en realidad soy un pesimista. Como me niego a aceptarlo recurro al otro aforismo. Es verdad que sí, que me considero un optimista y que ciertamente creo que estoy bien informado, por lo tanto, soy un pesimista.

Llegar a esta misma conclusión me supone una dolorosa revelación. Evitando lo de la información, porque de verdad que ahora mismo no sé si es o no cierta mi aseveración, me lleva a no entender qué coño está pasando. Parece obvio, es evidente, resulta claro y meridiano... pues no. No lo es para mí.

Marta Aguilera
Ser optimista hoy es poco glamuroso porque parece ser que eso implicar ser algo más feliz que un pesimista, o al menos afrontar la adversidad algo mejor, tal vez incluso vivir algo mejor. Si esto es así, y si va de vivir un poquito más feliz, de vivir un poquito mejor porque soy capaz de afrontar el entorno, de disfrutar lo que tenemos y no pensar demasiado en lo que perdemos, porque esto implica que ya nos estamos adaptando al futuro que nos viene, pues he decidido entrar en la categoría de los optimistas regularmente informados.

Digo regularmente y no del todo bien informado porque tengo la sensación de estar colgado de un abismo en el que quien debiera socorrernos está ciego. Sin embargo, el trabajo del equipo que me sostiene, como en la goyesca ilustración que mi sobrina Marta me ha enviado, me da la seguridad de que no van a dejar que caiga. Aunque me desconcierta la mirada del pollino.


domingo, 29 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D15)

Despierto con la suavidad de los compases de Nils Frahm. Hoy me he ganado a pulso no hacer nada. Me he levantado a la hora de siempre y ya era más tarde ¿qué es esto?.

Dia 15 de confinamiento Covid-19

Ante esta situación he tenido que empezar a correr para poder no hacer nada. Puesto que iba una hora tarde me he puesto a desayunar rápido. Rápido he recogido las cosas, rápido el cambio de sábanas, rápida la lavadora, aunque en su programación adecuada y para estas cosas recomendada.

Rápido he limpiado los baños, he aspirado con minuciosidad nanométrica las partículas inexistentes del suelo. Profusa y rápidamente he atacado el estudio que es donde habitamos casi en exclusividad. He perseguido las motas de polvo como si fuera un cazador de mariposas.

Rápido he salido a la terraza para dar un vistazo a las plantas y embelesarme con el crecer de sus hojas, mientras rápido tomaba el sol. Quince minutos, tal vez diecisiete, esos minutos que recomiendan los expertos. Igual han sido al final más de diecisiete pero lo he hecho muy rápido.

Rápido he limpiado los mejillones que compré ayer para regalarnos un arròs sejat, uno a uno, valva por valva, con un cepillito de uñas, con detalle, pero muy rápido eso sí.

Rápido me he tomado el vermut de las quince horas siguiendo la corriente que llega de no sé dónde, y no sé por qué ya que yo casi nunca tomo el vermut. Bueno, miento, normalmente una cerveza bien fresquita acompaña este momento entre fin de e inicio de, los domingos después de la salida ciclista. Un saludo, socio.

Rápido me he puesto a preparar el arròs. He tardado casi una hora y media, porque debe hacerse con cariño y profesionalidad. Ha quedado al punto de sabrosura, con su capita caramelizada.

Rápido hemos comido, aquí se ha incorporado mi mujer, mirándome como si yo fuera un ser de otra dimensión, como si no me conociera, como si ya empezara a darme por un caso perdido. Asiente. Hemos alargado la sobremesa charlando de nuestras cosas, con unos y otros que han ido llamando y que hemos ido llamando. De tal forma que, rápido rápido, eran casi las cuatro.

Rápido me he puesto a leer un rato, solo un rato. Estaba interesante la lectura y sin darme cuenta se ha prolongado casi dos horas, es lo que tiene cuando se lee rápido.

Rápido un té, bueno algo más de treinta minutos, pero muy acelerados.

Corriendo, corriendo, en realidad pedaleando ya que lo he compaginado con la sesión de rodillo, me he puesto a ver una serie y en un plis-plas me he liquidado un capítulo. Una hora muy veloz, a treinta kilómetros de media.

Rápido me ducho, aunque dejo que durante cinco minutos el agua me relaje.

Rápido he llamado a mi madre y he dejado que me cuente todo lo que quiera y más. El tiempo aquí creo que se ha detenido, no sé tal vez cosas de la física cuántica y de los universos paralelos.

Aplaudimos rápido. Cenamos rápido.

No somos mucho de ver la tele, así que un rápido vistazo a las novedades que nos llegan mediante las diversas aplicaciones y ya son las diez. Es increíble  con qué asombrosa rapidez ha pasado el día. No he recuperado la hora perdida, pero eso sí me he ganado el derecho a no hacer nada.

Por cierto, mi hermano que debe tener mucho tiempo, me ha dicho que ha hecho pan. ¡Yo no sé de dónde saca tanto tiempo!

El pan de mi hermano

sábado, 28 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D14)

Qué mejor despertar que escuchando la embriagante música de William Akcerman, os invito a disfrutar de este sublime interludio y que lo hagamos con el pensamiento puesto en quienes nos cuidan. Dos días seguidos con sol. Se empieza a obrar el milagro.

Dia 14 de semiconfinamiento Covid-19

En estas dos semanas que llevamos he salido a la calle en tres ocasiones, sin contar la de hoy, es decir una cada 4,6666666 días, o más o menos cada 112 horas. Estaría bien cada cada qual hiciera este ejercicio y así poder observar el grado de confinamiento. Creo que en total no ha llegado a dos horas hurtadas. En las tres ocasiones anteriores las salidas fueron a estilo "raid", una penetración rápida en el territorio amigo del supermercado para conquistarlo y aprovisionarnos; seguida de una visita, con gran competencia y operatividad táctica, a casa del yayo para dejarle parte del botín y asegurarme que las cosas estaban en su sitio y que no había novedad en el frente. 

¡Joder! Acabo de incumplir con la máxima que me había impuesto de no hacer mención, bajo ningún concepto, a esta situación con argot militarista. Lo compenso compartiendo la foto de la floración que en estos momentos disfrutamos.

Después de esas salidas rápidas y casi esenciales, restringidas a elementos de supervivencia, hoy ha tocado realizar una compra algo más detallada. Nos pasa como a todos y progresivamente se van consumiendo hasta las peladuras, todo sea por cumplir y no aportar nada a la adversidad. Tal vez sea la máxima expresión de la inútil utilidad social.

Lo primero ha sido colocarme unos guantes de látex, que gracias a nuestro hijo teníamos en casa por su tendencia exagerada a atascar el inodoro cuando requiere de evacuaciones sólidas. He seguido las recomendaciones, pero como nos encontramos bien no he considerado necesario el uso de "bozal" siempre y cuando se cumpliesen las medidas establecidas. Por supuesto que lo he hecho. Aunque hay que ver lo que cuesta acostumbrase a las distancias.

Llevo guantes, me miro las manos y no me las reconozco, como no me reconozco en casi nada de lo que hago una vez franqueada la puerta que da acceso a este mundo tan complicado que es el que tenemos ahora mismo.

Nada más pisar la calle, dirección al supermercado, que apenas dista 400 metros de casa, lo primero que hago es sentir una inmensa carga de furtividad. He consultado el origen latino de la palabra y proviene de "furtivus", que a su vez se deriva de "fur", que significa ladrón. 

Furtiva es la forma en la que ando por la acera camino del supermercado. Furtiva es la mirada que cruzo con alguna de las personas que van o vienen por el otro lado, y aunque las veo con bolsas de la compra me pregunto ¿pero de dónde vendrá esta gente? ¿es que no son conscientes de la situación? Furtiva es la mirada que recibo de las personas que asomadas a los balcones, o desde detrás de sus ventanas, me miran. Las saludo con una mueca furtiva que viene a decir: es que no me queda casi nada en casa y tengo que ir al supermercado, de verdad". Furtiva es la excusa que me invento, porque todos somos ladrones del tiempo que robamos al confinamiento.

Llego a casa, cierro la puerta tras de mí, respiro hondo y se me escapa un suspiro profundo al sentirme seguro en mi reino aséptico.

viernes, 27 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D13)

"La primavera ha venido
nadie sabe cómo ha sido.
Ha despertado la rama
y el almendro ha florecido
y en el campo se escuchaba
el gri gri del grillo.
La primavera ha venido
nadie sabe cómo ha sido."

Gracias Machado. Hoy el sol nos saluda y acuna con el cariño de un niño chico.


Dia 13 de confinamiento Covid-19

Hemos dedicado una parte importante del día a trabajar con nuestros colegas peruanos. Teníamos pendiente la entrega de un estudio relacionado con la innovación en la acuicultura. Estaba prevista su entrega para el día 30. Los puñeteros retos a los que nos enfrentamos estos días nos hicieron ser pesimistas en un primer momento. Pero no, lo hemos logrado y ahí está el trabajo previsto acabado incluso antes de tiempo. ¡Qué equipazo!.

Vemos, y pasa alrededor del mundo, que no hay reunión que no empiece con un ¿Cómo te encuentras?, y como sabe a poco seguimos con ¿y la familia?, y como si todavía no fuera suficiente del todo ¿y el resto de la humanidad?. Me ahorro las preguntas de los allegados próximos, de los amigos, del vecindario, del pueblo, de la región, del país... No es que busquemos el positivo es que queremos ser positivos al ver que hay una cierta normalidad sanitaria entre nuestro entorno. Aunque hoy ese entorno se ha ampliado tanto como la extensión que ocupa esta pandemia. Tan necesitados como estamos de alguna buena noticia, nos consuela esta burbuja.

Esta tarde la he dedicado a leer a Nassim Taleb (@nntaleb). De moda estos días por sus comentarios. Me he centrado en sus ensayos en "Las mejores decisiones" respecto al análisis de los sucesos asociados a la crisis del 2008. En su análisis de los "cisnes negros", que él define como esos sucesos improbables e imprevisibles que tienen una enorme repercusión, hay mucho de actualidad. Casi, casi se podría transcribir parte de lo que dice y aplicarlo a la situación catastrófica a la que nos enfrentamos y lo resumo ¡no hemos aprendido nada!.

El lunes empiezo un curso de formación online ¡en qué me habré metido! Seguro que algo aprendo.

Por cierto, la buena noticia es que mi hermano ha recibido un vídeo de su nieto. Lo que hubiera dado por verle caer esa lagrimita emocionada.

jueves, 26 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D12)

Llamadme raro pero a mí por las noches me gusta dormir y hoy, por primera vez desde el inicio del confinamiento, me ha costado mucho. Yo no sé no dormir. Lo llevo mal. El sol sigue jugando al escondite, va ganando la lluvia y el frío.

Día 12 de semi-confinamiento Covid-19

A Edgar se le fue ayer su yaya Lola. No ha sido una consecuencia directa de esta plaga que se ha aliado con la Parca y que desplega su velo negro sobre los mayores. La yaya Lola estaba muy malita y ha sido cruel que coincida su marcha con lo que nos pasa estos días. Es una crueldad que no deje de ser un número en esta espiral creciente de pérdidas prematuras, aunque algunas de ellas, como en este caso, no lo sean del todo.

Es lo que tiene la muerte. Cuando se desparrama de forma masiva, repentina y sin control nos aturde y nos deja como pollo sin cabeza.

No podemos mirar a otro lado porque está allí dónde miremos. No podemos evitarla porque cada día llama a nuestra puerta mostrándonos una cifra obscena. No podemos odiarla porque a los que se lleva los queremos y no dejamos que nos embargue otro sentimiento que no sea este último.

A Edgar le envié ayer un mensaje de voz dándole mi pésame y le regalé una frase de consuelo. Hoy le he dado en pésame en persona "virtual". Un abrazo Edgar, hoy tu yaya es algo más que un número.

Nuestro Yayo sigue bien, lúcido, tranquilo y oteando a través de la vidriera del balcón en la habitación en la que tiene su puesto de mando. Dice que no se ve nadie. Y cuando alguno aparece se fija mucho en si lleva "bozal".

Nos ha pedido vituallas. Aquí su lista, que tal vez sea la de muchos yayos y yayas en estos días: judías verdes, tomates, un pimiento, una bolsa de naranjas, yogures, fresas, espinacas, dos botellas de leche y tres barras de pan. La leche entera "nada de porquerías de esas...". 

Le queda vino pero estamos pendientes de que no le falte. ¡A las penas, puñalá!

miércoles, 25 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D11)

Vale, de casa no voy a salir, de verdad. Pero, esto de que cada día amanezca con lluvia, a los mediterráneos, nos empieza a oler a chamusquina. Así que hoy voy a dejarme llevar por los bulos y las teorías conspiranóicas de este momento que nos está tocando padecer, y si no me satisfacen voy a construirlas yo. Este post no está recomendado para menores de... ¡qué coño!

Día 11 de confinamiento Covid-19

Los que controlan el tiempo han decidido que si llueve sin parar y ya van ¡9 días seguidos! no tendremos ganas de salir. ¡Y un cojón! Hace nada todavía mirábamos las previsiones meteorológicas como si fueran lo que determinaría nuestra existencia más allá de las paredes que nos confinan. Hoy el karma de los meteorólogos está por los suelos. Nadie les hace puto caso.

En realidad nadie está haciendo nada, las televisiones y la prensa formal están conchabadas para que nos creamos todo esto, a imagen y semejanza de la "Guerra de los mundos", para que creamos que alguien hace algo. ¡Y dos cojones! Ahí fuera hay gente que está haciendo un curro extraordinario y, más que nunca, comparten información de una calidad impensable. Mirad lo que han preparado nuestros colegas de IALE para que seamos conscientes de lo grandes que podemos llegar a ser:

Hacer videoconferencias masivas y repetitivas es malo porque afecta a las células del cerebro. ¡Ele tu coño! Nos estamos hartando a matar células cerebrales y por ahora no se nota efecto. Los que tenían problemas de este calibre, ya los traían de fábrica, tal vez ahora lo que pasa es que se les está agravando la avería. En general creo que gracias a este consumo masivo de tecnología cada día somos mejores personas, porque nos vemos reflejadas en el espejo de la realidad y la imagen que nos devuelve no nos gusta.

Reputadísimos científicos (podrían ser de cualquier país), no encuentro la cita correcta pero yo me lo creo, acaban de presentar un estudio que dice que si estás cinco horas al día colgado boca abajo desde tu balcón, ventana o similar, al final los virus salen de tu cuerpo por los orificios del tronco superior, no consta que se pierdan por otras dimensiones, y acabas sanando o como una puta cabra, que todavía está en estudio. 

Hoy, la recomendación musical la hace mi bro: Fito & Fitipladis "Vivimos bajo una cielo hermético", así empieza:


"Suelo confundirme con facilidad, lo que siento y lo que escribo

A veces pienso que soy un sueño tan real, que casi me siento vivo"


martes, 24 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D10)

Empiezan los dos dígitos. El sol nos sigue rehuyendo. Las nubes se agarran al cielo como las criaturas a las barras de las atracciones de los parques infantiles cuando toca volver a casa. ¡Cómo nos gustaría estar agarrados a esas barras!

Día 10 de confinamiento Covid-19

Susón, te quiero.
Hoy he hecho dieta de mensajes exteriores. Me he alimentado de manjares que me han llegado de personas a las que quiero y admiro. Ya las quería y admiraba anteriormente, ahora empiezo a venerarlas. Es lo que tiene compartir cosas tan intensas y emocionales. Un no controla y se deja llevar por lo que siente.

Anna nos ha abierto su corazón, dejándonos desnudos, en pura piel al hablarnos de su Iaia, "L'àvia pregunta si ha tornat la guerra", que hoy es de todos. No os lo voy a explicar porque debe ser leído desde dentro.

Veo en tu Iaia a nuestra madre, idéntica en sus ademanes, con 90 años, perdida en la incomprensión, aislada de lo que cada día le daba algo de vida e imposible de hacerle entender la situación. Hoy no nos preocupa que mi madre se vea afectada por el coronavirus porque ya lo está de tristeza. Y lo peor es que no podemos darle pastillas para eso. Luchamos para que no se deje llevar y la llamamos, y le decimos, y la acunamos, y la sufrimos desde la frialdad de la pantalla del móvil, que hoy es lo más cálido que hemos sido capaces de inventar en mucho tiempo los humanos. Quien dijo que la tecnología es frialdad se equivocaba. Hoy nos quema en las manos.

Marta me ha enviado un enlace para disfrutar de una música que amansa el espíritu, que sosiega el alma, que te transporta y te permite explorar estados alternativos. Más que la música en sí, que por cierto me ha gustado y mucho, es que me ha dicho que es lo que me ofrece para estar más cerca de mí, de todos. Os dejo el enlace: 

Martin Kohlstedt - live ARD Hörspieltage 2014 (Full Concert)


La escucho mientras escribo estas frases y se me va..., se me va..., se me va..., se me va el dolor por no poder abrazar a mi madre. 

lunes, 23 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D9)

Esta noche ha llovido como si no hubiera un mañana. ¿Una mano que nos echa la Naturaleza para limpiar nuestras conciencias? No, es un efecto climático asociado al hecho que nos encontramos al inicio de la primavera. Tampoco hay que volverse locos.

Día 9 de confinamiento Covid-19

Las relaciones humanas están cambiando. Creo que es evidente. Todo importa, hasta los pequeños detalles que antes eran insignificantes y que los ignorábamos con indicios de autosuficiencia.

Hemos puesto en marcha un nuevo modelo de entender el trabajo. Creo que me voy a permitir el lujo de definirlo como transhumanismo emocional, aunque efectivamente esté basado en el uso de la tecnología. Este nuevo modelo incluye llamadas de colegas y a colegas del trabajo de los que queremos saber, de los que quieren saber de nosotros. Son de verdad, no hay falsedad, no veo otra cosa que necesidad.

Creo que este modelo transhumano no será consecuencia de la ingeniería genética, no de la eugenesia aplicada a las leyes biológicas, no tendrá que ver con la nanotecnología y la capacidad de expandir nuestro cerebro mediante el uso de dispositivos. Quiero creer que será consecuencia de la redefinición de la condición esencial que nos hace humanos, la necesidad de comunicarnos, de ser escuchados, de interactuar y compartir nuestros sentimientos mediante el habla, o la escritura, como es mi caso.

Queremos saber cómo se encuentran, qué tal llevan la situación y lo que es más importante si pueden, si podemos, hacer algo por ayudarnos. No hace falta mucho tiempo, las conversaciones no duran más de cinco minutos, pero son de una intensidad tremenda. Un minuto es suficiente para ver el estado emocional. ¡Venga, ánimo! suele ser una frase habitual dentro de ese minuto.

Los otros tres o cuatro versan sobre las actividades laborales y cómo las desarrollamos. Lo cierto es que después de estas breves conversaciones de café, como esas que forman parte de la  intrínseca relación laboral, te sientes mejor.

Oigo de fondo, suave y sin estridencias, una música. Es bachata, creo. No es de mis favoritas. A mi vecina de enfrente le encanta. Habitualmente estridente, hoy  suena tan suave y moderada que hasta la sigo con interés, dejándome llevar durante varios segundos. Menos mal que ha sido contraprogramado por la iniciativa de La Ràpita haciendo sonar "Amparito Roca" desde la FM local.

Sigue lloviendo como si el mundo fuera a acabarse. Pero no, esto no sucederá, es que es primavera.

Finalmente unos rayitos de sol, como no se habían visto en años, nos iluminan.

domingo, 22 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D8)

Melancolía. Según la RAE: "Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada"

Día 8 de confinamiento Covid-19


Me he pasado 20 minutos observando el sistema de autolimpieza de la cafetera ¡Qué precisión! Finalmente he decidido hacerme un café con la cafetera italiana de toda la vida. No por nada, es que tarda más y se me hace más gustosa la espera. Su simplicidad de funcionamiento me ha fascinado y he decidido seguir al pie de la letra las instrucciones de manipulación facilitadas por su inventor para que el café resultara exquisito. Es lo que tienen los pequeños detalles.

Leo a Javier Cercas en "El vientre de la ballena". Posiblemente esta novela melancólica en la que aparentemente no se aprende nada sea una manera de escrutar la complejidad de las relaciones humanas y los espejismos a los que nos enfrentamos en estos momentos.

Pero como no estoy dispuesto a dejar que esto pase he decidido acompañar a Kruijswijk, Landa y Contador en su mítica subida al Mortirolo en el Giro del 2015. Cuando me he unido a su grupeta, después de 5 km de calentamiento suave, aunque ya en plena rampa del 10%, este trio singular ya llevaba 3 horas pedaleando en sus bicis, varios puertos de primera, un par de ataques despiadados y algo más de 130 kilómetros. He de decir que he aguantado unos 500 metros a su ritmo y sólo he llegado a la cumbre 45 minutos después de que ellos lo hicieran. Toda una proeza. 

Al poner pie a tierra recibo la noticia de que el confinamiento va a alargarse 15 días más. ¡Este Giro va a ser el más duros de todos los que recuerdo! Y no ha hecho más que empezar. 

sábado, 21 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D7)

El sol sigue mostrándose esquivo en esta pequeña porción del planeta. Calienta suavemente y se agradece, sobre todo porque cuando se nubla el viento tiene un punto de frialdad desagradable.

Día 7 de semi-confinamiento Covid-19

He hecho la compra. Poca gente en la calle. Respetuosa y manteniendo las distancias. Da hasta cierto respeto saludarse y sin embargo no es posible evitar la mirada. No hace falta hablar, se oye lo que nos decimos en un susurro con una claridad que ya hubiéramos querido en muchas ocasiones.

El supermercado está bien surtido, no veo ni carencias ni aglomeraciones. Hay de todo. Parece que el frenesí del fin del mundo de los primeros días va, poco a poco, entrando en la rutina. Es lógico, mejor acaparar poco, distribuir los recursos de forma eficiente y ordenada y... de paso tener la necesidad, casi obligación, de hacer pequeñas escapadas furtivas para adquirir cualquier cosa.

La gente no se está. Solo está el tiempo justo para adquirir lo que necesita. Nos hemos vuelto eficientes en todo, hasta en los hábitos mundanos del "fer dissabte". 

Nunca como Donuts, me sientan fatal, pero tienen un nosequé que me vuelve loco. Hoy iba con la intención de regalarme un par y... los he olvidado. Igual tengo ya la excusa perfecta para ir mañana a buscarlos. No lo creo, esperarán a que la necesidad sea evidente. Tal vez cuatro o cinco días. ¡Maldíta sea!. 

Los suministros incluían medidas adicionales. Hay que aprovisionar al Yayo, que resiste en su fortaleza interior, física y mental. Nos ha pedido una botella de vino, le he llevado dos, así, a lo grande, que no le falte de nada. 

Una decena de murciélagos revolotea sobre mi cabeza al llegar el ocaso del día. Me quedo mirándolos. Claro, ya está aquí el inicio primaveral y los días se han estirado un poco. Es como siempre y como siempre me encanta verlos dar vueltas locas semi-acrobáticas al punto de parecer que van a chocar con todo. ¿Por qué será que hoy no los veo como siempre?


viernes, 20 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D6)

El sol sigue esquivo y hasta un punto miedoso, encerrado en su cápsula etérea y nubosa sin querer mostrarse plenamente. Hoy, que es cuando la primavera toca a nuestra puerta, justo hoy, hum...

Día 6 de confinamiento Covid-19 (Gallina de piel)

Todos los asistentes están a la hora prevista para la reunión telemática. Una puntualidad consecuencia de las ganas que tenemos de vernos. Es como si la ventana que nos abre la cámara de nuestro dispositivo fuese la válvula de escape de emociones.

Como estoy observando, y ya llevo cuatro reuniones multitudinarias, hay una proactividad maravillosa. Es fácil ponerse de acuerdo, todo el mundo opina con orden, nos invitamos a decir algo más, queremos saber más allá de la relación profesional que nos une. Una cámara se desvía ligeramente y nos sorprende la mirada interesada, aunque un tanto enfadada, posiblemente consecuencia de que su madre (asistente a la reunión) no le está prestando el interés que cree merecer. Todos vemos a través de sus ojos que lo importante es otra cosa, así que al grano y en veinte minutos lo liquidamos todo.

Nos embarga una sensación de que la cosa ha ido bien y hemos contribuido, en equipo, a conciliar una familia que empieza a ser nuestra.

Todo queda preparado para el lunes. Tenemos proyectos de investigación acuícola en marcha que requieren actuaciones. Venga, a qué hora quedamos. No, hemos decidido (me dicen mis colegas) que tú no vengas. ¿Cómo? Es que tienes a una persona de riesgo en tu casa y no podemos permitir que la expongas. Es cierto, no lo había pensado.

Mi primera sensación es de inutilidad, pero les digo que sí, que tienen razón, y se me hace un nudo en la garganta. Tengo la "gallina de piel". Les envío un besazo y les digo que se cuiden y que cumplan escrupulosamente con las medidas establecidas. No dudo que lo harán. Van a llevar a cabo un trabajazo exigente en unas condiciones excepcionales.

Hoy ha tocado limpieza. Era especialmente necesario ordenar un poco el estudio compartido, al que estamos dando un uso intensivo. Esta habitación es nuestro santuario. La limpieza es una liberación. Estamos espulgando hasta nuestra conciencia. 

¡No sabía yo que hay tantos rincones en una silla!

jueves, 19 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D5)

Un sol tímido se deja ver consciente de que ha llegado el momento de contribuir con la síntesis de la vitamina D. A mi lado se imparte a una clase on line de bachillerato. El escepticismo y la incerteza de la realidad que existe. No es posible afirmar el conocimiento. Mentira, ahora mismo hay alumnos motivados adquiriendo conocimientos, es posible que lo estén haciendo con más ansia que nunca.

Día 5 de confinamiento Covid-19


En el estudio de la naturaleza humana, la crítica a la  idea de sustancia dice que no tenemos una percepción directa de ella y que por lo tanto no es posible afirmarla. Me recuerda a lo que está pasando, a esa sinsustancia que afecta de forma tan radical a nuestro día a día. Es cierto que no podemos percibirla hasta que causa un efecto directo. Este efecto actual es sin duda alguna perceptible.



El colectivo educativo forma parte de de los trabajadores invisibles que contribuyen en esta crisis. Los veo emocionar a los alumnos exigiendo un esfuerzo adicional de concentración, me gusta la respuesta que observo, diría que hasta los veo felices con este gran retos que es superar la adversidad. Igual el punto de motivación tan demandado está en que finalmente se ha podido dar con el modelo que encaja con sus demandas educativas y el sistema tradicional empieza a tambalearse.

Es tiempo de explorar y aventurarse en lo desconocido. Si de algo está sirviendo esta etapa es para cuestionarse todo y ser capaces de innovar, de forma real y directa, en la educación reglada. Hasta tal punto que los alumnos enseñan a los profesores a enseñarles. Magistral lección. Y se citan para nuevas clases virtuales que parecen más inmersivas. El siguiente paso tal vez sea la realidad virtual.

No todo son malas noticias. Hoy he tenido una inyección de alegría de más allá de nuestras fronteras. Me afecta personalmente y, dentro de lo que cabe, lo celebraremos. Eso sí, será en casa y...




miércoles, 18 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D4)

El uso que se hace de la tecnología no está directamente relacionado con el nivel intelectual, es posible que incluso se produzca un proceso inverso. Pero como no estoy seguro y es hasta posible que pueda aplicarlo a mí mismo, lo dejo ahí, no vaya a ser que una de las consecuencias de esta pandemia sea la pérdida de amigos a los que tanto quiero.

Día 4 de confinamiento Covid-19


Hoy ha sido la prueba del algodón en cuanto al teletrabajo y las capacidades que tenemos para hacer que sea una realidad. Hemos mantenido una reunión intensa, algo más de tres horas, doce personas de cinco países diferentes. Es algo habitual en nuestro grupo, llevamos varios años colaborando de esta forma. Es cierto que se ha hablado de mucho y era importante, claro que sí, pero habitualmente las hacíamos de una hora y poquito y eran mucho más resolutivas. Hoy, de verdad, no importaba ser tan expeditivos, parecía que el valor del tiempo se había devaluado. Creo que hasta hemos agradecido el compartir este tiempo extra, tal vez más distendido, más respetuoso, hasta más humano.

Curiosamente nadie se pisaba, en términos oratorios, todo el mundo escuchaba con un respeto rayano en lo solemne y las intervenciones han sido de una calidad y eficiencia espectaculares.

He observado dos formas diferentes de hacer frente a la eficiencia productiva asociada a esta metodología, el teletrabajo, para entendernos, quiero decir.

Unos estamos volviéndonos adictos como consecuencia de un sentido de culpabilidad y autoexigencia, nuestro perfil tal vez sea el de la soledad en el espacio infinito del confinamiento.

Otros hacen auténticas filigranas al compartir el mismo espacio con los hijos, uno, dos y hasta tres. Han encontrado su sanctasantórum encerrándose en la cocina y atrancando la puerta con una silla. Aun así se oían voces de fondo que demandaban atención.

Hoy, estas personas son mis héroes y heroínas.



martes, 17 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D3)

Un día feo, desagradable, frío y lluvioso. No es feo por la lluvia, que se agradece, es que no hay ni un rayo de sol. Pareciera que la Naturaleza, consciente de la dificultad, ha decidido mostrarse benévola en cuanto a invitar a salir a la calle.

Día 3 de semi-confinamiento Covid-19


La imaginación y la creatividad no tiene límites. Peco y accedo a mundo virtual que me viene del exterior, me dejo llevar por una propuesta que mi mujer me presenta como interesante. Es un vídeo, de los miles que circulan, que ciertamente es un antiestresante interesante, lo resumo en la frase que dice el señor que aparece: "Con tanta vida social virtual hasta Netflix me echa de menos".

En mi entorno próximo se impone el uso de tecnologías digitales, parece que eso de la brecha es una entelequia. Internet resiste los envites y la sobresaturación, parece que en algo sí que hemos avanzado. Sin embargo la brecha no está en la tecnología sino en el uso y el conocimiento que tenemos de ella. Es curioso pero que creo que usamos lo digital como si fuera analógico.

¡Qué interesante acercamiento acerca de cómo estamos preparados para la transformación digital!

Descubrimos a pasos forzados elementos de trabajo en red que antes ni imaginábamos, bueno sí, pero no se usaban o no de la forma prevista porque no había consciencia de su potencia. Es tan impactante que no puedo dejar de incumplir lo que me he propuesto y me acerco al exterior.

Hoy he descubierto la resilencia, la fuerza y el tremendo valor que muestra una generación de personas mayores que han pasado calamidades. 96 años dan para toda una vida, o varias.


Etimológicamente crisis es separación. La crisis aparece en ese momento en el que la rutina deja de ser nuestra guía, haya que tomar decisiones, en este momento los caminos divergen. No tengo claro el camino a elegir.

lunes, 16 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D2)

Amanece plomizo y chispea. No es agradable empezar así el día. En el trayecto al trabajo todo está igual y nada es lo mismo.

Día 2 de semi-confinamiento Covid-19


Hay un punto de sobre excitación en nuestras actuaciones, creo que todavía no hemos interiorizado el estado de alerta. No es fácil tomar decisiones así, el margen de error se amplía considerablemente, forma parte de la fragilidad humana. Se impone ser humildes.

Las reuniones a distancia, cuando todo es impuesto, son contra natura. Queremos y no queremos. Somos conscientes de la dificultad pero cuesta. Se impone una nueva disciplina laboral y humana. Una vez aceptada queda adaptarse. Hay quien lo hace de inmediato, hay quien requiere algo más de ayuda. Aparece la solidaridad, y las urgencias por aprender a usar estas herramientas.

Tenemos más de diez mil peces nadando en nuestra instalación, esto es lo que tiene trabajar en el ámbito de la acuicultura. Muchos de ellos forman parte de ensayos que son esfuerzo de varios meses de trabajo, otros están preparados para empezar a la mayor brevedad posible. Análisis de contingencias. Reuniones rápidas y operativas, metros de distancia de por medio, nos ayudan a ordenarlo todo. Hay varias opciones y todas se valoran, la decisión queda aplazada en vista a los acontecimientos.

Yo trabajaré a partir de mañana desde casa. No tengo la sensación de ser un privilegiado, al contrario, al poder hacerlo me siento útil.

Seguimos con la gestión de la pequeña crisis doméstica, pero parece que la cosa mejora. 

domingo, 15 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D1)

Tomo distancia de las redes sociales, televisiones y radios e intento alejarme de todo aquello que viene del más allá del espacio físico y temporal que me impone el confinamiento. Usaré mis sentidos hasta donde me alcancen sin otros medios que los que la naturaleza puso a mi servicio. Algunos de ellos están algo mermados, tal vez infrautilizados, lo iré descubriendo, creo. Por evidentes motivos haré un uso especial de la vista y el oído. No desprecio los otros. El tacto queda relegado a la parte más íntima y próxima. El gusto intentaré afinarlo para recuperar sabores perdidos y el olfato me guiará en un ambiente primaveral que recupera sutilezas aromáticas que habían quedado tapadas.

Día 1 de confinamiento Covid-19

El silencio. Una mañana de domingo especialmente silenciosa. Oigo pasar algunos coches, seguramente conducidos por quien no sabe o no quiere saber lo que está pasando, que rompen el silencio. ¿Hay más aves de lo normal?

A media mañana descubro un vecindario que ni siquiera sabía que existía. Hablan entre ellos, me asomo y me ven. Creo que es la primera vez que los veo. Saludo y, sin querer, me veo envuelto en la conversación. Hablan del coronavirus.

Ya no pasan coches, sólo algún afortunado que pasea tres perros. Siento que tiene bula, pero no lo envidio por su privilegio. No está aliviado de su carga, ni de su obligación, me digo. Creo que hasta lo compadezco.

Siento y oigo el viento en la terraza, como no puedo trasladar su sonido os dejo la foto del momento.

El principal desasosiego que trae este primer día es la distancia, que ahora se ha hecho tremenda, imposible para con mi madre. No es capaz de entender qué es lo que pasa y yo no puedo explicárselo. No es por la distancia física es por la tremenda dificultad que tiene explicar cosas ininteligibles para una persona de noventa años. Hay galaxias de por medio. Este no es su mundo y todo lo que se le pida de más está de sobra. Intentamos solventar una pequeña crisis doméstica por teléfono y no hay manera. Es sorprendente cómo las cosas que carecen de importancia adquieren una dimensión imposible. Me abruma la impotencia. Ahora entiendo como el coronavirus afecta a la maldita distancia entre personas.

Hace apenas unos días todo podía esperar, ahora vivo un presente incierto.






sábado, 14 de marzo de 2020