jueves, 21 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la desescalada (D68)

Un nuevo sentimiento empieza a apoderarse de mí en forma de un implícito desasosiego consecuencia del paso de los días. Es la emergencia de un querer y no querer, es la aceptación de la desaceleración para volver al no sé qué, es la incertidumbre de si me gustaría volver a la situación anterior o no y, al mismo tiempo, todo lo contrario.

A punto de cumplirse 10 semanas en las que, a marchas forzadas, hemos adaptado nuestro "modus operandi" a nuestro "modus vivendi", y tras pasar por las diversas etapas que, en general, todos hemos sufrido, estamos a punto de entrar en la aceptación de que esto, de una forma u otra se acaba y toca volver a asumir el quehacer anterior.

Pues, de lo que estoy seguro es de que no quiero volver a una modelo tan similar al anterior, sobre todo ahora que he degustado de las mieles de la tranquilidad del desempeño, mucho mejor que trabajo, casero.

Si desempeño es "el ejercicio de las obligaciones inherentes a una profesión, cargo u oficio", yo diría que lo he cumplido sustancialmente bien. Pero claro, esta es una percepción personal y tendrán que ser mis empleadores quienes, a posteriori, lo determinen en función de los resultados. 

Sin embargo, lo que se dice trabajar (del latín vulgar "tripaliâre" que es torturar) como efecto de estar ocupado en una actividad física o intelectual, ha sido más difícil de determinar si he cumplido con los estándares anteriores, especialmente si lo que determina esa ocupación es una relación directa con el tiempo utilizado.

No sé, en definitiva, si he trabajado más o menos, ya que ha habido días en los que he estado muy, pero que muy ocupado (especialmente en el momento álgido de las reuniones virtuales y su urgencia como única alternativa) y otros en que el nivel de ocupación ha sido menor.

Pero sí que creo que he desempeñado mi oficio de una forma mucho más efectiva y diría que satisfactoria. No he estado condicionado por un espacio, ni por un tiempo, más allá de los compromisos para coincidir con una, dos o cientos de personas. He visto que hay momentos del día en el que, si no te apetece trabajar, no pasa nada, porque habrá otro momento en el que tu desempeño te permitirá, como dice la RAE en otra de sus acepciones para esta palabra: "recuperar lo depositado en garantía de un préstamo (tiempo), saldando la deuda acordada (obligación)". Claro, a cambio de dinero.

Cierto que no todo el mundo tendrá la posibilidad de hacer esta reflexión, porque su trabajo implica un desempeño diferente, que es físico y está condicionado a un entorno diferente al obligado, o sencillamente porque no quiere y prefiere lo anterior, pero me parece que ha llegado el momento de que sea mucho más importante la calidad, el comportamiento y cómo incide en los resultados, que en la acepción latina del término "tripaliâre".




lunes, 18 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la Covid-19 (D65)

James Rhodes habla del valor de la lentitud: "Qué oportunidad tan profunda nos brinda este momento. No quiero volver a la normalidad. Quiero comenzar de nuevo, haciendo menos, mejor."

Estoy de acuerdo con él. Si algo he ido descubriendo es que me gusta hacer las cosas con un punto de calma que antes no tenía, o no podía, o no quería o simplemente no me cuestionaba. Aunque a decir verdad siempre decía que tenía que hacerlo, y sólo en aquellas cosas que me procuraban un disfrute extraordinario lo aplicaba.

Ahora es así con todo.

He empezado a darme cuenta que no por hacer más es siempre mejor, de hecho, creo que he entrado en el bucle en el que me cuestiono continuamente qué quiere decir “más”, siempre más. Más de todo, más de nada.

Y sin embargo aparecen unos “mases” olvidados que nos ayudan, como dedicar más tiempo a las cosas importantes e incrementar el grado de calidad. No quiero hablar de lo concreto, ya que la concreción es tan particular y privada que cada quien ha de decidir dónde quiera aplicarla, pero en la abstracción sí que creo que debe existir coincidencia.

No necesito ir más rápido para llegar al sitio que quiero llegar, me basta con llegar y disfrutar un poco más del entorno.

Coincido en que, nos habíamos vuelto tan adictos a la velocidad, a la maximización, al hecho de ser más productivos, más activos, más, más, más… que no nos dábamos cuenta de la dificultad que tiene hacer las cosas con una cierta lentitud. Básicamente porque te eleva el nivel de exigencia a un estado del que nos habíamos olvidado. Es como si nos hubiéramos vuelto ebanistas del tiempo.

Hoy tal vez hago menos, pero creo que lo hago mucho mejor y por lo tanto no necesito hacer más, porque lo que he hecho dura más. No estoy hablando estrictamente de cosas físicas, también lo aplico a aquellas que tienen un fuerte impacto intelectual, esencial, creativo, afectivo, emocional y claro, personal.

Me va a costar tanto, tanto, volver a la vorágine, si es que volvemos a ella, que creo que ya he decidido que no quiero volver. Esta decisión va a traer consecuencias, lo sé y soy consciente, pero es que lo he madurado lentamente, he tenido más de dos meses para pensarlo.


miércoles, 13 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la Covid-19 (D60)

¿Quién nos iba a decir hace dos meses que llegados a este punto estaríamos en la situación en la que nos encontramos? Desde luego que yo no. Y he de decir que los gurús y visionarios la han cagado totalmente. No hay mayor imprevisibilidad que la que procede de la incertidumbre y el desconocimiento.

No voy a entrar a valorar la cagada más gorda, porque ha habido muchas, algunas tremendamente dolorosas y terribles, que no deben ser olvidadas y que será necesario que las recordemos en un próximo evento, llámese elecciones, cuando pensemos y reflexionemos sobre el sentido que le damos al voto y lo que implica la representación que se otorga. Yo lo dejo ahí y que cada cual saque sus conclusiones. 

Pasados dos meses, sí dos meses, desde que iniciamos esta etapa de una impuesta reclusión variable, progresiva e incierta, han cambiado algunas cosas. A mí me interesan aquellas que afectan a lo cercano, a lo próximo, a lo de cada día, a lo mundano. Y es así porque son las que con más fuerza sentimos, bien a través de su disfrute, bien a través del padecimiento de su ausencia.

Hay algunas pequeñas cosas que se han relevado de una importancia gigantesca, como los roces, los abrazos, el contacto diario y la necesidad de vivir con y entre personas, que, aunque ni siquiera conozcas, curiosamente echas en falta. Aunque he de decir que se ha producido una mejora considerable al haber podido prescindir, casi en su totalidad, de aquellas que generaban un efecto tóxico en nuestro alrededor. Las auténticas perduran y, de hecho, han incrementado su autenticidad en este periodo, lo que se agradece, porque uno quiere estar rodeado de personas de verdad, no de imposturas.

Hay algunas grandes cosas que eran muy importantes y que, aunque tenemos la sensación que lo siguen siendo, tal vez haya que reconsiderar la importancia que ejercían en nuestra vida. Para los que podemos, la forma de trabajar y la importancia que tiene más allá del sustento económica que afecta a nuestra capacidad vital. Para los que no han podido se ha iniciado un proceso de angustia y reflexión, que nos llevará a, ¿dónde? no lo sé todavía, pero es un camino que habrá que recorrer juntos, evitando que los atajos y los caminos alternativos nos lleven al precipicio

Y hay muchas medianas cosas que están en el limbo, a la espera de recolocar en la escala de importancia que tenían y tendrán. Cada uno tendrá las suyas, posiblemente haya quien las suba de escala y quien las baje. Habrá quien piense en la estupidez que ha cometido durante años asumiendo valor y haciendo cosas intrascendentes. Habrá quien considere que no dar importancia a cosas medianas es consecuencia de que nos hemos vuelto tan exigentes que no somos capaces de disfrutarlas en lo que realmente valen.

Sean las que sean, se coloquen donde se coloquen y se les reasigne el valor o la importancia que cada uno crea adecuado, sólo espero que nadie piense que las suyas son las "más importantes", pequeñas, grandes o medianas, y que caiga en la absurda estupidez que nos ha llevado como humanos a este estado deplorable en el que nos encontramos. Aunque no es ninguna novedad, ya que creo que llevamos muchos años así, consecuencia del modelo de organización que nos hemos impuesto.

Y esto es así porque "siempre e invariablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo". Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana.

Esta entrada es un guiño para mis colegas del Fòrum del Talent. 

domingo, 10 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la Covid-19 (D57)

Tocamos con los dedos de una mano, y nos sobran, los dos meses del inicio de este periodo excepcional que nos está tocando vivir. ¿Quién nos lo hubiera dicho?

Mañana, algunos de nosotros, en nuestro caso así será, entramos en esta fase extraña de un poco más, pero ni mucho menos. Se abre un horizonte plagado de incertidumbre, tanto en aquellos que nos podemos asomar un tanto más allá, como en todos aquellos que todavía deben quedarse un paso atrás.

Nunca más que hoy es posible que esa sea una de las cosas más complejas, el seguir siendo conscientes de la necesidad de mantener una disciplina que nos obliga a doblegarnos a una realidad que no nos gusta. Pero que sigue existiendo y que está aquí.

Nos enfrentamos a unos momentos complejos e impredecibles, tanto como que ahora las ocho de la noche tienen un sentido muy diferente al de hace un par de semanas. Se siguen oyendo algunas actividades de resistencia, pero lo que sobre todo se hace es salir, salir a pasear, a correr, a ver, a impregnarnos de sociedad, a sentir y ser sentidos, a oler.

Porque es verdad que la ciudad se siente diferente. Ya no hay gente esquiva y que aparta huraña la mirada, ahora nos buscamos y nos saludamos hasta con cierto cariño, aunque no sepas quienes son. Es el placer de reencontrar cosas que se añoraban.

Me parece que las personas se han, nos hemos, vuelto más cálidas, como si se hubiera producido una vuelta a la humanización de ciertas conductas que se habían perdido. El saludo no forzado, la distancia no impostada, el interés no disimulado, el querer hacer sin trasfondo.

Mañana no sé con qué voy a encontrarme. Tengo previsto volver, puntualmente, a mi centro de trabajo habitual dos meses atrás. Me voy a reencontrar con personas a las que sólo he visto a través de una pantalla, tal vez incluso más de los que solía hacerlo cuando compartíamos espacio. Vamos a celebrar varias reuniones, porque, además de necesarias, que lo son, nos apetece vernos, aunque sea a dos metros de distancia y acorazados, sanitariamente hablando, pero desnudos de sentimientos sociales. Ya que nos enfrentaremos, por vez primera, a lo que seguramente será una constante en los próximos meses.


miércoles, 6 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D53)


Han pasado unos días desde que empezamos tímidamente a movernos en un entorno casi desconocido. Lo es por varias razones. Porque no sabemos a ciencia cierta el alcance de la situación actual y esto hace que la incertidumbre supere a las ansias que tenemos de hacer una cierta vida normal.


Porque eso de salir a determinadas horas y hacer lo que casi todo el mundo hace, con la pasión que se ha despertados por las actividades físicas, que no era yo consciente del elevado número de profesionales de los muy diversos deportes que existen, es un tanto artificiosa y cuesta. No lo hacíamos antes, así que esta nueva rutina puede suponer una mejora considerable en la calidad de vida de quienes ya eran sedentarios reconocidos y recalcitrantes, de aquellos a los que la actividad física era algo así como mentar al diablo.

Porque no nos acostumbramos a las mascarillas y guantes. Que sigue siendo difícil fumar con ella puesta, por lo que he visto a los que de este vicio padecen. Que es complicado habar porque se te traba la lengua en su rozamiento. Que es verdad que se empañan las gafas, los que las llevamos. Que es verdad que acabaremos acostumbrándonos porque a todo nos acostumbramos, y esto es de lo malo, muy poco.

Porque nos cuesta mantener la distancia, a todos los niveles. He visto grupetas de ciclistas seguidas de gregarios marchosos asociados a maratonianos y andantes de no sé qué. También es verdad que ha sido en el menor de los casos y que, aunque con dificultad, se tiende hacia ese mantenimiento de distancia social y vital que nos recomiendan.

Porque eso de pedir cita hasta para la ferretería, que tremenda demanda parece existir, o los talleres de bicis, eso sí que no me lo esperaba, estaba bien para las peluquerías, que parece ser que era de lo más exigido, curiosa relación entre el pelo y la salud mental y física.

Porque pasamos delante de los bares, restaurantes, terrazas, sitios de copeo y similares y al verlos cerrados parece que todavía tenemos más ganas de entrar a tomarnos algo, aunque fuéramos usuarios poco habituales, ¿cómo? Perdón que esto es casi como la gente de misa diaria.

Porque salir para hacer la compra es casi lo único que todavía, hoy en día, hacemos con total sensación de estar bien hecho.

Porque el trabajar en casa, para los que podemos, se ha impuesto como una forma un tanto adictiva y que hay que racionalizar. Claro, podemos decir que con casi dos meses ya deberíamos haber aprendido. Pero digo que no, que cuesta más que ese tiempo el hacerte a entornos que no eran, hasta el momento propios. Es como cuando empiezas un nuevo trabajo, los tres meses de prueba y adaptación no te los quita nadie. Todavía nos falta uno. Creo que pasado ese tiempo sí que podremos decir que ¡ya no volvemos más a la oficina!

Porque sigue siendo muy difícil no abrazar, no besar, no acercarse, no tocarse, no hablar, no sentir la proximidad.

Estamos en ello.

lunes, 4 de mayo de 2020

MayThe4thBeWithYou (D51)

Allá por noviembre de 1977 se produjo este fenómeno que dio en ser la saga de la "Guerra de la Galaxias", porque así se llamó aquí Star Wars. Fui ir verla a nuestro cine ya entrado el año siguiente. No lo recuerdo muy bien pero el precio de la entrada debería estar por las 100 pesetas (60 céntimos de euro). 

No, no era para nada caro y mucho menos por lo que a cambio obtenías. Que no es otra cosa que ver en sesión continua, porque no la vi de estreno, todavía no teníamos ese tipo de cine en nuestro municipio, había que trasladarse a la ciudad, una y otra vez en bucle hasta tres veces la película en una o dos tardes, que todo podía ser.

Tal vez llegase a nuestra cartelera tres o cuatro meses después de su estreno por lo grande y tal vez la viese en El Capitol o en El Principal. No creo yo que los otros cines que por entonces existían, El Savoy, El Lux y El Goya la pusieran, pero igual estoy equivocado.

Tal vez ese día se proyectase sola y no compartiera honores con una segunda cinta de medio pelo, creo que fue así ya que la memoria me dice que efectivamente la disfruté dos veces seguidas, no lo sé, porque no lo recuerdo con certeza.

Pasaron los años y la repetí en diversos formatos, primero en VHS, luego en DVD, posteriormente en BlueRay y finalmente en streaming en una plataforma en la que la calidad fue aumentando llegando ahora a no sé cuántas kas.

Al principio en soledad y luego con los dos frikis de mis hijos, que son peores que yo, y que gracias a este hecho se acuerdan de su padre de vez en cuando, así que es posible que esta noche sienta la necesidad de revisarla nuevamente.

Hoy hasta coincide con lo que seguramente en unos cuantos años recordaremos como el día en que la Fuerza estuvo con nosotros porque empezó la Fase 0, que viene a ser como el inicio de esta saga. Lo que todavía no sabemos es el orden que va a tener dentro de la serie de películas que vendrán.

Por cierto gracias a quienes se han acordado de esta efeméride.


domingo, 3 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D50)

Y llegó el día en el que desanclé mi vieja ALAN (1998) del rodillo y me aventuré a dar una vuelta por las pedanías del municipio. Contento como un niño chico que estrena bicicleta en el día de Reyes.

He salido con tanta ansia que me he olvidado que esta máquina no es una bici especialmente manejable, sinó que se hace dura de conducir y de dirección rebelde. Claro, como que en el rodillo no se mueve... Tanto que en el kilómetro 10,4 se me ha ido de delante y al suelo.

Increíble, más de tres años que no me caía, 50 días de rodillo y salgo el primer día y me despanzurro, como un pardillo. 

Como los profesionales me he lamido las heridas, por cierto livianas y he continuado, que no era cuestión de desperdiciar las horas que teníamos disponibles en el cuadrante.

He vuelto contento y dolorido. Y un punto abochornado.


Lo dicho, empieza mi desescalada.



sábado, 2 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D49)

Hemos salido a pasear a las ocho de la noche. Las calles estaban en su sitio. Especialmente limpias y sin coches. Lo más extraño, no ver a niños ni a personas mayores. Esto indica que no es normal. 

Día 49 de la Fase 0 Covid-19

Parece mentira cómo ha crecido la afición al deporte. Yo no era consciente la cantidad de personas con perros que existen en nuestro pueblo. Tampoco del tremendo número de parejas, que supera por goleada al singer. Hay que decir que también he observado parejas de tres y de cinco, ¿por qué no?

La gente, todos, con cara de medio bobo nos saludamos con una mueca rara, mezcla de susto, ignorancia, expectación y exaltación de un cierto triunfo. Todavía hay una cierto tufo a desconfianza. Mas impostada que real, pero desconfianza al fin y al cabo.

El aire sabía diferente, posiblemente consecuencia de la baja densidad circulatoria, casi inexistente, que hacía que las calles fuesen de los peatones. Me gusta poder andar por casi donde te de la gana sin estar pendiente de que te atropellen. 

No puedo decir que me haya emocionado ir más allá de los trescientos metros que hasta hoy determinaban mi distancia de subsistencia. Tampoco puedo decir lo contrario porque creo que sería falso.

Ver de nuevo la mar, a apenas trescientos y un poquito metros de casa, pero envuelta en un misterio que no podíamos atravesar con la mirada, es lo primero que hemos hecho y eso sí que nos ha producido un gusto especial. Ah, el olor.

Creo que hoy empieza mi desescalada.


viernes, 1 de mayo de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D48)

Un amigo me envía una foto por el celular y me pregunta ¿qué esponja es esta? Se ve que ha salido de paseo, posiblemente con sus criaturas, vive justo en la línea de playa. Me ha dado el día.

Día 48 de la Fase 0 Covid-19

La foto
Ese pequeño placer que da el redescubrir cosas o el mirarlas como antes no lo habíamos hecho me ha impulsado a querer darle una respuesta, aunque mis clases de taxonomía de estos animalejos están más que escondidas en el baúl de las cosas que se guardan sin llave. No hace falta llave porque jamás volveremos a abrirlo.

Error. He tenido que recurrir a su apertura. Y vaya, tenía llave y la llave no sé dónde demonios estaba, así que lo primero ha sido realizar un extenuante ejercicio mental de búsqueda de la llave que da acceso a esa parte del cerebro que ha sido desterrada a la Isla de Santa Helena, más o menos.

El reto era interesante y creo que no era posible dejar sin respuesta lo que es una muestra de infinita confianza en uno. Que no siempre se sienten estas cosas, y para qué nos vamos a engañar, enarbola el ego y hace que te sientas como algo que importa. 

No ha sido fácil. Es increíble las vueltas y revueltas que tiene nuestra memoria. En un primer momento no he sido capaz de encontrar la vereda que me acercase al bosque de los recuerdos profundos, que es donde creo que se guardan estas cosas. he empezado por lo sencillo, mi sobrada soberbia. ¡Ni puta idea de lo que era!

Viendo que no iba a ser tan fácil he decidido que, siendo como es hoy 1 de mayo, día de la festividad del trabajo, iba a celebrarlo haciendo un poco de ello y me pondría con tesón a encontrar el nombre específico del individuo de la foto, aun a riesgo de cagarla y dar por sentado que es lo que no es. Pero ¿qué sería de la vida en estos momentos sin estos riesgos innecesarios y al tiempo tan trascendentes?

Recurro a la Història Natural dels Països Catalans, echo un ojo al capítulo correspondiente y me digo, ah, pues no lo sé, pero se parece a esto, así que debe serlo, y me digo que sí que es una esponja y que "seguramente" es tal.

Le respondo, al que me ha interpelado previamente, usando el mismo sistema de contacto que él ha utilizado conmigo.

Yo, ufano por haber resuelto el enigma, contento y orgulloso por mi rapidez y habilidad me digo, ¡es que...! Una luz intensa..., dejemos las florituras, algo me dice que no está bien, que eso no es eso, que la he cagado y bien.

Y en eso se me abre la maraña de neuronas excéntricas que, seguramente por efecto de despertarse de su sueño de años, han causado ese resplandor al conectarse. Me digo, yo no lo voy a descubrir por más que me empeñe, pero conozco a una gran experta que seguro que va a iluminarme. ¡Lo que hacen un par de neuronas bien conectadas!

Clik-clak. Envío de la foto. 10 segundos después la respuesta.

Albert, no es mía, es de Pat que amablemente y con la solvencia que da el saber de las cosas naturales me ha dicho que no es una esponja, que es una puesta comunal y masiva de varios individuos de Hexaples trunculus, y que algunas son espectaculares, muy, muy grandes. Menos mal que uno sabe dónde recurrir para solucionar las cosas importantes. Obsérvese aquí un leve encogimiento de ego consecuencia de la cura de humildad recibida.

Es un gasterópodo habitual de nuestras costas (corneta, cañadilla, cañaílla...) y del que estoy convencido que tú, seguramente y con tu habilidad, sabrás hacer que nos chupemos los dedos una vez alzado a los altares de la gastronomía que te corona.

Esto vale por una degustación (espero estar yo también invitado), que no vas a escaparte. 

jueves, 30 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D47)

Vamos a echar la vista, o la mirada, atrás y propongo hacer un ejercicio: ¿Qué cosas he/hemos hecho en estas seis semanas con cierto hábito que normalmente no hacíamos nunca?

Día 47 de confinamiento Covid-19

1. Escribir a diario un post intentando entender la situación antes de que fuera la "nueva normalidad"
2. Cocinar a fuego lento, muy despacio y dejando que los jugos se mezclasen de forma progresiva, elevando a los altares algunos sabores, hundiendo en la miseria otros. Que no todo es posible.
3. Disfrutar del sol como nunca en el mes de abril más lluvioso y nublado de los últimos 100 años, dicen.
4. Llamar a mi madre a diario. Sin comentarios.
5. Levantarme una hora más tarde y llegar al trabajo a la misma hora de siempre, "ahí es ná". Lo que me ha supuesto una hora adicional para hacer las cosas que me dé la gana.
6. Observar el curro de los profesores y maestros. No somos conscientes de lo que hacen estas personas ¡y de lo que sufren! Si yo os contara lo que he escuchado y he visto. Nop, no caerá esa breva.
7. Videoconferencias, videoconferencias, videoconferencias... ¡qué ya está bien! pero también aprender a escuchar y respetar.
8. Relativizar las cosas que antes eran de una importancia esencial y que ahora no lo son tanto, o casi nada.
9. Hablar en todas las comidas, y no siempre del Coronovirus.
10. Pedalear como un loco. Bueno, creo que esto, según me comentan, ya lo hacía. Hum, pensaré otra cosa.

¿Quién se anima?



miércoles, 29 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D46)

Hoy no tenía previsto escribir, bueno sí. No, en realidad no tenía intención de compartir ninguna novedad, pero lo voy a hacer porque han salido publicadas las fases de desconfinamiento. No, no lo haré.

Día 46 de confinamiento Covid-19

Vale, tal vez lo haga, aunque la verdad es que tampoco importa. Bueno, sí que importa. No sé si ya estamos, o no, en la Fase 0. Tal vez sí, tal vez no. Parece que va de espacios y de objetivos a lograr. Si se logran bien, si no tampoco pasa nada que luego habrá una recuperación y se reevaluará. Si entonces es sí, vale, y si no pues qué le vamos a hacer, es consecuencia de que las cosas se están haciendo bien. O no.

He intentado saber si el próximo sábado podré desanclar mi bici del rodillo y escaparme para dar una vuelta. Sí, pero siempre que vaya solo. Vale, lo entiendo. Pero también podría ir acompañado, en este caso por alguien con la que comparto espacio habitual. Pues va a ser que no, porque a mi compañera eso de las bicis, como que no.

Ah, pues entonces podré hacerlo con mi socio de escapadas. Pues sí, pero no. Sí, si vamos a una velocidad por debajo de los 15 km/h y dejando unos dos metros de distancia, mejor en diagonal. No, si vamos más rápido, ya que la nebulosa húmeda en la que habita lo desconocido se prolonga, según los expertos, como a unos 20 metros, que es lo mismo que ir sólo. Y si te pasan, te paras para volver a dejar la distancia. ¿Pararse? ¿En qué mundo estamos? 

Como comprenderán los aficionados ir a 15 por hora es como si te prohibiesen salir. Ni los globeros subiendo el Mortirolo. Tal vez exagero y a lo mejor en plena cuesta del 18% pasar de 8-10 sea algo que no está al alcance de la mayoría. Pero, ¡es que no estamos hablando de eso! ¿O sí?

Pues a lo mejor me espero a la Fase I, que es cuando es lo mismo, pero no lo es. Que será cuando podamos, aunque tampoco. Que será el momento en el que sí, pero no del todo. 

Pero puede que no, que no me espere, o sí, y ya vaya directo a la Fase 2 ó 3. 

¿Alguien puede aclararme este embrollo?


martes, 28 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D45)

Yo no es que quiera ser agorero pero hace dos años ya escribíamos en Historias Acuícolas sobre esto.

Dia 45 de confinamiento Covid-19

Así que hoy os dejo con esta espeluznante historia que empezaba de la siguiente forma: 

Un enjambre compuesto por elementos resilientes a toda actuación y grotescamente caníbales se estaba apoderando de todo lo que habíamos sido capaces de construir. Una turba cegada por la proximidad de la fuente alimentaria hacía imposible pensar en algo más que el día a día. Una multitud que amenazaba ruina y devastación se imponía rauda a lo que construimos para protegernos. Un tropel de miedo y desesperación que indicaba la proximidad de la hecatombe nos hacía temer lo peor de lo peor. La legión de muerte marcaba su paso dejando una sombra negra de miseria liderada por la santa compaña. Las hordas avanzaban sin control y no teníamos dónde escondernos.

sigue aquí "Apocalipsis zombi"


lunes, 27 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D44)

Allá por el 1979 empecé a consumir cómic de forma compulsiva. Tenía pasión por el 1984 con los dibujos de Richard Corben, Fernando Fernández, Esteban Maroto, Isidre Monès, Álex Niño... costaba 75 pesetas cada entrega mensual.

Dia 44 de confinamiento Covid-19

En la contraportada del nº 6 del 1984 apareció por primera vez publicitado el nº cero de una nueva revista "La mejor publicación mundial de terror" el CREEPY. Prácticamente eran los mismos guionistas y dibujantes, pero aparentemente con un giro mucho más tétrico y retorcido. Suponía añadir 60 pesetas adicionales a un dispendio ya de por sí elevado, así que me alié con un colega, también forofo del cómic, y echamos a suerte quién iba a seguir comprando cada cual y nos los cambiábamos.

Me tocó a perder (es un decir, ya que los dos ganamos) y no me quedó más remedio que seguir comprando el 1984 (15 pelas más caro) y mi colega el CREEPY. 

Aunque las primeras historias eran recopilaciones de las ya publicadas en su versión norteamericana, para nosotros eran novedad absoluta. Los relatos de terror clásicos y modernos se mezclaban con mundos mutantes, viajes astrales a zonas desconocidas, versiones de Poe y Bradbury, descenso a las catacumbas de humanidades perdidas y por encontrar, casi siempre en futuros imposibles.

He echado un ojo rebuscando alguna historia que adelantara nuestro presente, pero sólo veo a los monstruos clásicos que se mezclan con visiones post-apocalípticas tras una devastación causada por bombas atómicas y catástrofes ambientales. No he sido capaz de ver, en los números que conservo, algo que hiciera referencia a un mundo dominado por elementos que no fueran extraterrestres. Ni tan siquiera el maestro Giménez lo imaginó en sus mundos fantásticos. Me he enterado hoy que falleció hace unos días por esta maldita enfermedad. 

Yo no llegué a leer la novela de Dean Koontz del año 1981 y sus virus mortíferos, y no sé si se hizo alguna versión en cómic, que es la que de verdad vale, así que no la tomo en consideración. Todo lo que ha venido después no sirve, hay que remontarse a los orígenes.

Pero mi hermano ha tirado de hemeroteca y ha encontrado este número, del que hoy presentamos la portada, aunque yo creo que se lo ha inventado. Me dice que lo que pasa es que está descatalogado y que ni siquiera puede encontrarse entre los más friquis coleccionistas, porque sólo hay un número y lo tiene él en la edición facsímil. No sé, hay cosas que no veo claras. Si alguien tiene información...


Nota: Las 75 pelas que con tanto ahínco ahorraba hoy equivaldría a realizar un dispendio de aproximadamente 3€ mensuales, pero no es comparable ya que habría que dividir por dos y luego añadir a todos los gorrones que acababan leyendo cada uno de los tebeos. No, no es lo mismo.
Renta actualizada con el IPC General (sistema IPC base 2016)
entre Enero de 1979 y Enero de 2020
Renta inicialRenta actualizadaTasa de variación
0,45 €2,90 €544,4 %

domingo, 26 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D43)

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasear...

Día 43 de confinamiento Covid-19

...pasear haciendo camino, volviendo la vista atrás y adelante y manteniendo la distancia de (bio)seguridad y poco a poco.

Imagino la alegría de todos esos chavales que hoy han salido en estampida. Finalmente, algo de alivio, algo de aire no comprimido, algo de oxígeno puro, posiblemente más puro que nunca, ya que el volumen de tráfico y las calles para uso casi en exclusiva peatonal habrán servido para mostrar que, tal vez, sólo tal vez, otro mundo es posible.

En el pueblo no se ha notada nada diferente. No, al menos, en el espacio que ocupa mi visión desde el edificio donde vivimos. Me he asomado ansioso esperando ver criaturas y, para mí tristeza y desolación, solo he visto a los críos de mis vecinos, peri en sus casas. Igual han decidido salir antes, o igual después, o hasta es posible que hayan decidido dejarlo para dentro de un par de días, una vez sofocado el fogonazo de ansiedad que hoy se barruntaba.

Hoy, y después de tanta expectación, poco más. Como un nuevo trámite administrativo asociado a esta cuarentena. Hoy hemos conseguido que nos pongan el sello de aceptado en la solicitud de vuelta a la normalidad. ¿Cuántas estancias debemos presentar todavía?

Espero que no nos devuelvan la solicitud indicando que hay alguna cosa mal, o que nos falta presentar otro documento que acredite que es cierto, que ya hemos conseguido doblar la línea que determina la posibilidad de creer que volvemos a ser lo que éramos. Yo he vuelto a echar un ojo a los papeles y creo que todo lo tengo en orden.

Escrupulosamente he acreditado a diario mi ejemplaridad, he cumplido con las recomendaciones, he sido un modelo de ascetismo, he llevado la austeridad en cuanto a las salidas a extremos inimaginables y he mantenido un equilibrio físico y mental quasi perfecto. Y no lo ha sido del todo porque, para qué engañarnos, un poco tocados ya estamos y las ganas de darle una patada a todo esto es más que evidente.

Miro ansioso el dos de mayo como el día del levantamiento, espero que sin mamelucos.


sábado, 25 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D42)

Hoy he notado como si me robaran el aire. No todos los días son iguales. Los hay que son mejores y los hay que son peores. Algunos se pasan con cierta euforia y alegría. Otros sólo se pasan y hoy cuesta pasarlo.

Día 42 de semiconfinamiento Covid-19


He decidido que esta noche voy a rebajarme (40 maldito gobierno y sus cambios de última hora) 41 años, así de golpe. Que no es lo mismo salir por obligación que salir por gusto. Y yo no quiero perderme la hora de disfrute colectivo que los de mi edad, (14) 13 años, por mañana, tenemos asignada por día. Y hasta nos dejar sacar la bici. Anda que me van a ver dentro de la circunferencia que determina la equidistancia kilométrica máxima.

Todo está preparado. Empezamos a calentar motores. Hemos puesto aceite lubricante en las bisagras de la puerta principal, esa que llamamos la puerta de nuestra casa, hoy puerta carcelera, para que esté perfectamente operativa. Hemos revisado si el ascensor funciona correctamente, aunque creo que no va a ser posible aguantar su espera, pero por si acaso han quitado las escaleras, que hay que prever cualquier contingencia.

Las zapatillas están relucientes y hemos comprobado que los cordones ajustan adecuadamente, ni muy fuertes, ni muy flojos, bien atados para salir zumbando como alma que lleva el diablo. El diablo que tenemos metido en el cuerpo desde hace ya seis semanas.

Ropa cómoda y no muy nueva, que no vaya a ser que se sienta incómoda por la hierba o por la arena, porque me voy a tirar por el suelo y por el césped y si pillo un trullo de un perro, seguro que estará lleno, aunque creo que ahora la gente es mucho más civilizada y limpia, pues me aguantaré. Maldeciré al dueño, del chucho, pero me aguantaré porque quiero.

Hemos cambiado las pilas del reloj nuevas por unas viejas, de esta manera irá más lento y las horas serán más largas. Esta excusa y el hecho que el móvil estará totalmente descargado será perfecta caso que sea necesaria utilizarla, fuese el caso que a la sexta hora alguien sospechase.

No puedo esperar a mañana. Ya tengo 15 años menos. ¡Mamá! ¿ya es la hora?

viernes, 24 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D41)

Día tras día, pasamos la cuarentena. A simple vista parece que ya estamos preparados para vivir en un mundo para el que no nos prepararon.

Día 41 de confinamiento Covid-19

Leo que hay ciudades que se ofrecen como zonas experimentales para ver cómo podría ser la evolución del coronavirus. Quien lo ofrece, posiblemente un político con poder, no debe ser consciente de las carencias de conocimiento que todavía existen, y lo que es peor de las propias limitaciones que ofrece su ciudad. No todas son iguales, es evidente, y no en todas es posible hacer lo mismo. Podría empezar por su casa, por ejemplo.

Leo que hay dirigentes, con un inmenso poder, que proponer experimentar con tratamientos propios de la brujería que se utilizaba siglos atrás, peor aún sin el conocimiento natural que de buen seguro tenían estas "brujas". Digo yo que por qué no se ponen como ejemplo y en directo hacen uno de estas soluciones mientras vemos cómo les cambia el color del pelo, por ejemplo.

Leo que los líderes europeos han acordado poner en marcha un fondo de recuperación para impulsar la economía, pero que como no lo tienen del todo claro, van a esperar a ver qué pasa, y que entonces ya verán. Que tampoco es que sea tan urgente, por ejemplo.

Leo que las tiendas, los centros comerciales y los restaurantes de Dubái se están preparando para abrir a partir de hoy. ¿Nos pilla dentro del kilómetro que podemos trazar con los niños desde casa?, por ejemplo.

Leo que el comisario europeo para el mercado interior "opina" que se debe aprovechar para invertir en la transición digital y verde, que hay que relanzar la industria y relocalizar los sectores estratégicos en una UE menos globalizada. Podrían empezar por algo, como coordinar la crisis sanitaria, por ejemplo.

Leo que cerca de cuatrocientas empresas de economía social se han transformada para fabricar millones de mascarillas y equipos de protección, asegurar el abastecimiento de productos de primera necesidad, medicalizar espacios, atender a colectivos vulnerables o para donar alimentos. Tomen ejemplo.

Y paro de leer que veo que cuarenta días son pocos para cambiar ciertas cosas de este nuestro mundo.


jueves, 23 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D40)

Es posible que este Sant Jordi no sea como el de otros años.

Día 40 de confinamiento Covid-19

Como tantas otras cosas.

También es posible que lo que vaya aconteciendo en los próximos meses no acabe siendo como en años pasados.

Es incluso posible que los próximos años no sean como lo que eran.

A mí no me parece mal del todo.

Es cierto que en Sant Jordi se compraba una cantidad de rosas casi insostenible. Seguramente hoy no va a ser así y lo sentiremos, sin duda, pero de lo que estoy convencido es de que las rosas van a seguir siendo protagonistas y se van a disfrutar de una forma diferente y singular, puede que hasta no tan chovinista. 

En Sant Jordi se compraba una cantidad de libros desproporcionada, tantos que en algunos -ejem- casos, acababan perdidos en rincones bajo un estado de aislamiento crónico y cumpliendo funciones para los que no habían sido diseñados o escritos. Es posible que hoy sí que sean leídos, y luego se destinen a esas funciones alternativas y secundarias que no digo yo que no sean buenas y hasta útiles.

En Sant Jordi se paseaba por la calle, se compartía alegría, se disfrutaba de un ambiente oloroso y floral y se tenía la sensación de ser un pueblo culto y leído, por lo del volumen de libros.

Lo acepto. Esto sí que duele. El dragón ganó la pelea.

Paro como hoy hemos cambiado la rutina, o dejamos con este poemilla:

En Sant Jordi encorvados
olíamos rosas hermosas
cómo cambian las cosas
por el SARS-CoV-2.

Hoy nadie se mueve
sin ambiente callejero
no puede don dinero
con la COVID-19.

Sin querer ser agorero
no nos hará mucho daño
esperar de nuevo un año
para reducir el R0.

Dejemos de ser automáticos
con un libro en las manos
seamos de nuevo humanos
ojalá que asintomáticos.

¡Feliz Sant Jordi!

Bola extra: https://youtu.be/sgwSXIwVwU4 Sorpresa, sorpresa.

miércoles, 22 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D39)

Una teoría circular.

Día 39 de Confinamiento Covid-19

Nuestro planeta tiene una biomasa estimada de 550 Gt (550.000 millones de toneladas de carbono equivalente).

De toda esta biomasa 2Gt corresponden a animales.

De la parte animal, 0,06Gt corresponden a los humanos.

Los humanos suelen padecer enfermedades.

Las enfermedades más habituales están relacionas con la obesidad y el sobrepeso, cáncer, cardíacas, bacterianas y víricas.

Dentro de las víricas nos encontramos con el SARS-CoV-2.

El SARS-CoV-2 es un tipo particular que se conoce como coronavirus.

Este coronavirus, por mucho que parezcan empeñarse algunos, no es un engendro artificial, sino que ha surgido de forma natural a partir de otros del género Betacoronavirus.

El genoma de este betacoronavirus (una cadena de ARN de unos 29.900 nucleótidos de longitud) presentan similitudes de secuencia con los otros coronavirus conocidos.

Los análisis de las secuencias genómicas realizados hasta ahora muestran que, como los demás coronavirus humanos, SARS-CoV-2 es también de origen animal.

El animal que parece ser tiene mayor similitud en cuanto al virus causante de la COVID-19 es un murciélago.

Este murciélago (Rhinolophus affinis) y todos los de su clase tienen un apego especial por los virus.

Los virus tienen un apego muy especial por todo lo vivo, sin lo cual no vivirían.

Es por eso que se han adaptado tan bien que su biomasa estimada, aunque se cree que puede ser algo más, está en 0,2Gt, un 0.04% de la biomasa mundial que equivale a unos 200 millones de toneladas.

Los humanos somos unos 60 millones de toneladas, un 0,01%.

En el mundo hay aproximadamente 7.700.000 millones de habitantes con un equivalente a 7,79 kg de carbono por persona (para una media de 40 kg/persona/mundial), ¡ojo son promedios!

El promedio es que hay 3,33 kilos de virus por cada kilo de persona.

El peso de un virus (estimado) es de 0,000000000000001 gramo (1x10-15).

Es posible que estemos diciendo que hay unos 2x1023 virus pululando en este momento por nuestro planeta.

El planeta es pequeño y frágil y los virus son muy promiscuos.

Referencias:






martes, 21 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D38)

¿Qué está pasando?

Día 38 de confinamiento Covid-19

No lo sé, pero parece que estamos padeciendo un nuevo virus de efecto mundial.
No lo sé, pero seguimos en casa confinado cinco semanas después.
No lo sé, pero seguimos en estado de alerta.
No lo sé, pero, los que podemos, andamos con el teletrabajo aquí y allá.
No lo sé, pero seguimos sin comprender cómo calan los bulos en la población.
No lo sé, pero la situación no ayuda para hacer planes de futuro.
No lo sé, pero me gustaría saber qué siente la gente, de verdad y sin postureo.
No lo sé, pero esto huele a ensayo general de lo que será el futuro.
No lo sé, pero me acabo de acaba de quedar de piedra al enterarme de que el petróleo ya no vale nada.

Y lo que sí que sé, es la envidia que tengo hoy de no ser un niño, o no tenerlo en la edad reglamentaria, para poder salir a la calle en breve. Aunque creo que esto es un bulo, como lo del virus mundial, y que lo quieren es que creamos que ya está todo controlado, que empecemos a pensar en el futuro y cojamos el coche como locos para gastar gasolina y así empiece a subir de nuevo el precio del petróleo.

Va a ser eso.

lunes, 20 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D37)

Yo diría que a todos, a lo largo de esta interminable secuencia de días confinados, nos ha pasado que un día, un día determinado que tampoco importa tanto, las cosas no van como tu quisieras.

Día 37 de confinamiento Covid-19

A mí me ha pasado hoy. Desde primera hora de la mañana. Desperté desganado y con una somnolencia propia de las noches densas y oscuras. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

El desayuno atolondrado y rápido, cuando ya he dicho que me gusta alargarlo un poquito, defendiendo en cierta forma mi propia manera de rebelarme al status. Pues no, acabé con el café a medio tomar trasteando en el ordenador incluso antes de sumergirme, formalmente, en las tareas que tenía previstas. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.


Me costó encontrar el ritmo en el trabajo previsto. Las reuniones han sido un poco complicadas porque me costaba concentrarme y seguir con atención los detalles de la conversación. He tenido que hacer un esfuerzo extraordinario para no dar a entender que estaba faltando al respecto. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.


En una hora y media gloriosa, con ayuda de un tercer café, he sido capaz de sacar adelante un par de cosas que eran importantes y de las que dependían otras personas. Lo he hecho, pero no les diré lo que me ha costado, que no quiero que crean que estoy bajando la guardia. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

He comido rápido, para lo que es habitual estos días. Hoy estaba todo preparado y con calentarlo era suficiente. Pero no he aprovechado los miserables quince minutos que he tardado en todo el proceso. No es que necesitase más, es que era evidente que mi cerebro sí que lo necesitaba. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

Así que me he vuelto a encontrar frente al ordenador intentando finalizar las dos tareas que, aunque debería haber acabado durante la mañana, no había sido capaz. He necesitado un segundo sobreesfuerzo de concentración. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

Ha sido unos de los días menos productivos que he tenido y tengo una sensación de fatiga crónica exagerada. Dicen los expertos que es normal, que es habitual que nos pase de vez en cuando.

Igual hoy es el principio de mi obsolescencia. Dicen los expertos... ¡Joder, con los expertos!

"No pares, sigue, sigue..."

domingo, 19 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D36)

Después de tantos días, qué queréis que os diga, los domingos ya no son lo que eran.

Día 36 de confinamiento Covid-19

Durante la revolución Francesa cambiaron muchas cosas. Una de las más llamativas fue la que hacía referencia al calendario y la gestión del tiempo. Fue un rotundo fracaso, pero mientras duró las cosas fueron y se vivieron de una forma totalmente diferente. Como ahora.

Si hubiera tenido éxito su implantación y se hubiera expandido, al menos a la mitad o parte del hemisferio norte, hoy estaríamos en el mes de Germinal (aunque no lo parezca) apunto de empezar Floreal (esto sí que lo parece), nos encontraríamos en su segunda década del mes y estaríamos en el septidi día de la década de 10 días. La hora, a saber por que cada día sólo tenía 10 horas de 100 minutos.

Sinceramente he tenido que mirar con detalle cómo funcionaba este calendario para poder decir en qué momento nos encontraríamos caso que se hubiera mantenido.

Me está pasando lo mismo, es como si me hubieran cambiado el calendario y la manera de contar las horas, el pasar del tiempo, la gestión de las semanas. En la situación en la que nos encontramos, después de tantas horas, tantos días, tantas décadas (por semanas, eh, que tampoco hay que exagerar), no sé en qué momento estamos, más allá de este septidi día de la segunda década de Germinal, año...


sábado, 18 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D35)

Lo de salir solo para hacer la compra, como que no me acostumbro. 

Día 35 de semiconfinamiento Covid-19

Quien diga lo contrario yo creo que miente. No puede ser que este hábito que hemos adquirido, y que es el salir cada cuatro o cinco días, porque es necesario para adquirir suministros básicos, sea a lo que nos debemos acostumbrar.

Cada uno tenemos nuestros hábitos, no vamos a descubrir ahora que como consecuencia del confinamiento hemos empezado a desarrollar cosas que ya formaban parte de nuestra rutina. Los teníamos tan interiorizados que es posible que no fuésemos conscientes de su existencia, pero ahí estaban. Por lo que no es cuestión de echar la culpa de todo a esta situación.

Hay cosas que ya tenía que no he cambiado, o sí y no me he dado cuenta.

Me sigue gustando desayunar tranquilamente, con algo de fruta y dos cafés. Uno sirva para despertarme y el segundo lo disfruto con la parsimonia propia del día que empieza. ¿Qué ha cambiado? Que ahora lo alargo un poco más, bueno, tal vez algo más de un poco más.

Tenía por hábito, siempre que fuera factible, hacer algo de deporte que en mi caso era o bien una hora de rodillo en bicicleta o una salida dos o tres veces por semana. ¿Qué ha cambiado? Que ahora si no lo hago cada día me empiezo a comerme el tarro y no salgo de esta situación de no, no, no...

Me ayuda mucho escuchar música, revisitar mis clásicos o descubrir nuevos, pero para ello tengo que buscar el momento adecuado. ¿Qué ha cambiado? Que ahora todo momento es el momento adecuado, ansío perderme en compases y melodías, me dejo arrastrar por las músicas más variadas y no paro de buscar nuevas.

Leo compulsivamente. Si engancho algo que me atrapa lo devoro, lo retuerzo hasta exprimir la última gota de las páginas, si no me gusta, no pierdo tiempo, que sólo se leen cosas que te transporten. ¿Qué ha pasado? Que me cuesta una enormidad concentrarme y aunque me apasione lo que leo, no lo proceso, que mi mente se está volviendo perezosa, creo que la culpa la tienen las series.

Soy consumidor de prensa diaria. Voy como abeja de flor en flor buscando aquella que destila el néctar que más me gusta, pero sin dejar de picar en otras por si acaso y es que es necesario no ser un extremista de los sabores y los olores. ¿Qué ha pasado? Que no puedo cambiar del sabor que me ha atrapado, aunque se repita día tras día, con la monotonía y redundancia propia del día de la marmota. Pero es que fuera de ese sabor sólo hay desolación.

Yo no llamaba ni preguntaba, con frecuencia, a los que quiero por cómo están y qué tal va todo. ¿Qué ha pasado? Que ahora los llamo y les pregunto todos los días y lo necesito.


viernes, 17 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D34)

Justo después de Navidad viajé a Perú durante unos días y era como descubrir el Potosí. A finales de enero estaba en Bolonia y me pareció una ciudad endiabladamente encantadora. Durante febrero fui a diferentes ciudades y todavía, a finales de febrero, nos reunimos en Madrid en la época en la que, inconscientemente, nos tomábamos el virus a guasa.

Día 34 de confinamiento Covid-19

¡Cómo podíamos ser tan descerebrados en aquellos días! 

Se hacían viajes trasatlánticos para trabajar, como era mi caso, y me cuentan que hasta se hacían ¡viajes por placer!

Íbamos a diversas ciudades europeas para empezar nuevos proyectos de investigación, con una ilusión desmedida y nos juntábamos en un sólo lugar hasta un centenar de personas. Parece ser que de una procedencia y diversidad espectacular y ¡muchas eran italianas!

Ilustración: Blanca Botey
Era habitual celebrar cenas con los colegas y pasar un rato hablando de otras cosas que no solo fueran asuntos laborales, dicen que había quien hasta hablaba de futbol, y ¡estábamos muy juntitos!

Cuando te encontrabas era normal darse un par de besos, si eras francés del norte hasta cuatro, entrelazar las manos cordialmente (no siempre) e ¡incluso abrazarse!

Al marchar, se repetía al procedimiento anterior (no siempre) y se decían cosas como ¡nos vemos! o ¡hasta luego! o ¡si eso, nos llamamos y quedamos! y ¡la gente se lo creía!

En algunos pueblos muy primitivos la gente quedaba a tomar "el aperitivo" y se metían en unos tugurios llenos de personas apretujadas y hablaban y ¡compartían comida de un mismo plato!

Los más osados, que siempre los ha habido, en su mayoría inconscientes que no tienen apego a la vida propia o ajena, se aventuraban a ir a ver imágenes en televisiones muy grandes (seguramente no tenía smarphone o tablet), o iban a las funciones que en directo representaban otras personas y que, a viva voz, a apenas un metro de distancia se aventuraban a compartir escenario.

Pero los peores, ¡ay!, estos sí que eran los malos de verdad, asistían apretujados como sardinas en lata a extrañas celebraciones litúrgicas, que según condición, lugar, acto o estructura organizativa solían denominar manifestación, evento deportivo, concierto e ¡incluso discoteca!

Menos mal que ahora estamos mucho mejor. Dónde va a parar. 

jueves, 16 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D33)

Cada día que pasa adquiere un significado, que puede ser por la característica numérica, no me digáis que 33 no es un número redondo; o por las circunstancias que se asocian a los detalles.

Día 33 de confinamiento Covid-19

Los detalles son esenciales. Especialmente aquellos pequeñitos que hacen de nuestra convivencia un algo intangible que, sin llegar a formar parte integral de la misma, sin ser siquiera indispensable, le confiere una valor absoluto y hace que sin él no estuviera completa.

El pequeño detalle de bajar el volumen de la voz cuando se cruzan dos conversaciones (dentro de cualquiera de las múltiples plataformas tecnológicas que usamos) en el mismo espacio.

El pequeño detalle de mostrarnos totalmente disponibles para ir a hacer la compra, aunque estemos en mitad de un descubrimiento de valor mundial.

El pequeño detalle de preguntar, cada día, a las mismas personas y de la misma forma, si se encuentran bien.

El pequeño detalle de mirar por la ventana, por el balcón y observar que la mayoría de la gente cumple, como tú, con la imposición del aislamiento.

El pequeño detalle de saltar como un resorte cada vez que oyes pasar un vehículo y te preguntas a dónde irá y por qué.

El pequeño detalle de cagarte en todo el santoral cada vez que escuchas a ciertos imbéciles hablar con una propiedad de la que carecen de lo que es esto y de como ellos lo habrían arreglado si les dejasen.

El pequeño detalle que certifica que en el mundo hay una proporción de estúpidos superior a la que creías y que especialmente esta frecuencia está incrementada, de una forma desproporcionada, entre los dirigentes con más poder.

El pequeño detalle de mirar de reojo, a eso de las 11:00 de la mañana, el número de fallecidos y torcer el gesto porque no bajan como quisiéramos.

El pequeño detalle de salir a aplaudir todos los días, aunque creas que no es necesario porque ya lo haces de corazón.

El pequeño detalle de irte a dormir sabiendo que, por ahora, no va a ser fácil repartir abrazo y besos a desconocidos, que es lo que más queremos en estos momentos.

¿Cuál es tu pequeño detalle?



miércoles, 15 de abril de 2020

Rimas mundanas de la COVID-19 (D32)

Rima: Semejanza o igualdad de sonidos entre dos o más palabras a partir de la última sílaba acentuada; en especial, aquella que se produce entre las palabras finales de los versos de un poema.

Día 32 de confinamiento Covid-19


Deseo en este momento
que nuestro confinamiento
no pase de ser un intento
de aliviar el sufrimiento.

Añoro nuestros rituales
llenos de actos banales
de durada semanales
aunque sean bacanales.

Imploro algo de ventura
que no hay tanta hermosura
en toda la literatura
o en un curso de pintura.

No quiero tener un horario
con sentido penitenciario
dentro del parvulario
que es mi calendario.

Deseo sentir el viento
quiero aliviar el tormento
que da al conocimiento
mi principal sustento.

Añoro tener canales
hablando de animales
de cosas mundanales
con sencillos modales.

Imploro más compostura
y que esta partitura
de vulgar estructura
acabe con la impostura.

No quiero ser depositario
ni escribir un diario
de un mundo visionario
regido por un comisario.

Deseo el movimiento
mi único divertimento
decir lo que siento
liberar el pensamiento.

Añoro un inicio de finales
en momentos infernales
de abasto mundiales
con humanos capitales.
 
Imploro vida futura
fuera de la sepultura
no exenta de finura
y un punto de caradura.

No quiero tener santuario
en este estado primario
convulso y patibulario
engreído, soso y perdulario.

Deseo sentir el viento
añoro un inicio de finales
imploro vida futura
no quiero tener horario.