Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

domingo, 7 de octubre de 2018

El Programa LSD

Ilustración: Beyond Susón Aguilera


En algunas profesiones podría tener sentido sustituir a todos los humanos por robots, pero este no es en absoluto nuestro objetivo, queremos combinar a los humanos con la inteligencia artificial, aunque sepamos lo artificial que es la inteligencia humana.
¿Cómo?
Llevamos tiempo implementando nuestro programa LSD, y podemos asegurarles que los logros de la cognición extendida son sorprendentes. Nos hemos especializado en detectar las pautas comportamentales que de forma colectiva van más allá del individuo, generando respuestas automáticas en los equipos altamente entrenados. Personas que no son conscientes de las habilidades adicionales de las que las dotamos, y que ejecutan actividades de forma incluso más precisa que la mayoría de las máquinas.
¿Cómo?

Ya, veo que no me he explicado adecuadamente. La cognición extendida es fruto de la integración de recursos internos y externos, de manera que nuestra capacidad cognitiva se hace fluida y permite resolver problemas que van más allá de cómo pensamos.
¿Y qué tiene que ver esto con nuestro problema?
Ah, sí, perdone es que estos conceptos… En fin, lo que proponemos es la integración de los recursos tecnológicos que existen en los entornos laborales con los trabajadores. Sin importar la posición ni la responsabilidad que desarrollen.
¿Cómo, que yo también…?
Efectivamente, deje que le explique. Los recursos tecnológicos que disponemos como pueden ser los teléfonos inteligentes, sensores, sistemas de gestión, ERPs, mecanismos de medida integrada, automatismos, procesadores de datos, la máquina de...
Ya, ya entiendo, como la máquina del café, ¿no?
… sí, eso. Veo que lo coge al vuelo. Todos estos recursos se han integrado de tal manera en nuestra maquinaria cognitiva que ahora son parte de ella. Por eso nuestro programa LSD integra el interfaz máquina-hombre en forma de binomio indisoluble para, precisamente, identificar los puntos en los cuales no se ha producido esa integración. Una vez identificados, implementamos los programas de formación a través de una comunión con los dispositivos que nos son propios.
Nuestros querrá decir.
Sí, eso, de ustedes, pero es una forma de hablar. Sabemos, por la experiencia acumulada en multitud de sistemas socio-gremial-tecnológicos…
¿Qué?
Empresas.
Ah.
Bien. Como decía, sabemos cómo afrontar la resolución inteligente de problemas complejos, como el suyo por supuesto, porque no es cosa que el cerebro desnudo pueda lograr por sí sólo. Bueno, tal vez el suyo, altamente privilegiado pudiera ir un paso más allá, pero, sin ofender, esto es algo que trasciende a nuestras capacidades individuales.
No ofende, por ahora. Prosiga.
Gracias por su comprensión. Decía que existen logros que no podemos resolver provistos exclusivamente de nuestro cerebro. La resolución inteligente de estos problemas tan endiabladamente complejos, se abordan siendo conscientes que el resultado es consecuencia de la integración de nuestro cerebro y cuerpo juntos…
Como toda la vida.
… en un entorno ambiental que con frecuencia está tecnológicamente sobrecargado.
Ah, ya veo por dónde va. Que las máquinas no nos dejan ver más allá, ¿cierto?
En parte sí y en parte no. Estamos hablando de elementos de complejidad que no son fáciles de asociar de forma simple y llana a lo que de verdad creemos que sabemos. Disponemos de evidencias, lo suficientemente sólidas, como para ser conocedores de que no todo lo que sabemos está comprendido dentro del entorno de nuestro cráneo, nooo, ni siquiera en el contexto que demarca nuestra piel.
¿Me está llamando pellejudo?
Faltaría más, disculpe mi impertinencia. Lo que quería hacerle ver es que cada vez más nos apoyamos en lo que hemos ido incorporando de fuera para sustituir o rellenar las partes huecas de nuestro cerebro.
Como rumanos, quiere decir, ¿cierto?
Bueno, no exactamente, aunque también, que su contribución a la economía de este país es muy meritoria, diría yo hasta esencial. Más bien lo que quiero decirle es que con el programa LSD estamos empezando a extender nuestra red neuronal más allá de nuestro cuerpo, o mejor dicho, permitimos que nuestro sistema nervioso se habitúe y adapte a encontrar las soluciones fuera de nuestra cobertura física.
Ahora sí que no, esto..., ¿qué es lo que dice que hay ahí fuera?
No ahí fuera en el sentido de fuera de esta empresa, entre comillas, digo. Sino fuera de nuestro espacio físico, de lo que nos contiene, de lo que nos delimita, de nosotros mismos, de las personas, de…
¿De qué cojones me habla?
Perdón, perdón, me he vuelto a dejar llevar por la emoción. Ya sabe.
No, no lo sé, así que explíquese, que nos cuesta muy caro su tiempo.
Tenga a bien seguro que no se arrepentirá de su inversión. Siempre dejamos satisfechos a nuestros clientes.
Hummm…
Permítame que le ilustre en nuestros principios. Usamos como axioma el principio filosófico de Heidegger en el que postula la necesidad de separar el sentido del ser del sentido del ente, ¿entendido?
No, no te estoy ente-endiendo.
El sentido heideggeriano del ser es constricto y eso es lo que determina su entidad. Pero el hombre es más que eso, es la capacidad que tiene de ser un ente abierto al mundo. Fue un pensador preclaro, y complejo y posiblemente pervirtió su pensamiento llegando a acercarse excesivamente al lado oscuro de cierta ideología.
Ah, como en la Guerra de las Galaxias, ya lo pillo.
Bueno, es posible. Es posible que el guionista de esta saga se ilustrara en algunos de los escritos de este filósofo, tal vez. No lo había pensado pero ahora que lo dice...
Si es que yo me las he visto todas.
Sí, sí. Bien, es evidente que Heidegger, aún desconocedor de los principios fundamentales de la IA, ya se estaba adelantando a su tiempo porque proponía que lo que define al hombre es su relación con el mundo y así es como determina su existencia. Su “ser en el mundo”.
Claro, claro, como las enseñanzas del maestro Yoda. Por qué no ha empezado por ahí.
Por supuesto, tiene razón, ciertas analogías son mucho más fáciles de entender si se ilustran con conocimientos compartidos. Y este es justo el motivo por el cual, para superar retos realmente complejos como es el mantenimiento de una planta acuícola, nosotros proponemos que el cerebro, el cuerpo y el entorno con todas sus dotaciones tecnológicas, se coordinen de tal manera que se extiendan al mundo exterior.
¿Y también nos podemos coordinar con los millones de peces que tenemos?
Tal vez, tal vez. Permítame que le explique cómo hemos trabajado antes de mostrarle los vídeos. Como humanos aceptamos los errores que cometemos y los incorporamos a nuestros procesos diarios como algo fundamental y propio, porque como lo hemos pensado asumimos que son nuestros y están bien fundamentados. Sí, pero ¿ha sido realmente así? Insisto ¿ha sido realmente así?
Insista.
Eh.
¡Qué insista, coño!
Ya. Retóricamente preguntaba si había sido realmente así, porque puede que, en realidad, creemos que como lo hemos incorporado ya es cierto porque ha sido conscientemente aceptado.
Pero que inconsciencia.
Exacto, lo ha pillado. Usted tiene poderes.
De esta empresa, todos.
Ese el el fundamento principal. Veremos, ilustrado por el trabajo documental desarrollado por nuestro experto en análisis de la conducta, como en la mayoría de los casos es así, y lo que realmente ha sucedido es que ha sido inconscientemente aceptado porque hemos usado herramientas externas, artefactos que se han integrado tanto en nosotros que nuestra mente los ha configurado para hacerlos suyos. Si no dudamos de lo que hace nuestra mano, independientemente de connotaciones religiosas, tal vez incluso sexuales, porque es parte de nuestro ser y entidad, tampoco dudamos de aquello que de forma artificial se prolonga de nuestra entidad y ser.
¿Será posible?
Lo es. Por eso nuestro programa LSD lo que busca es reconquistar nuestra mente para de esta forma reducir los errores y el riesgo.
¿Sí? ¿Cómo?
Pues muy sencillo. Con este aplicativo electrónico que, experimentalmente, han llevado sus empleados siempre encima y en el que han dictado nota de cuanto han hecho, e incluso mucho más, sin saberlo, ya que se ha producido un efecto de corporalidad mediada. Este aplicativo es el que da nombre a nuestro programa LSD, es el Lobotomic Smart Data.


Los dos operarios se quedaron mirando fijamente al extraño personaje que paseaba, ausente y etéreo, por toda la instalación, pero sin hacer nada por evitar que su presencia fuera manifiesta. Más bien al contrario. Sin apenas inmutarse levantó su mirada, tercamente dirigida hacia el aparato que sujetaba con firmeza entre sus manos y los miró.
Los ojos, hasta el momento achinados por el esfuerzo de enfocar la pantalla a corta distancia, se agrandaron hasta extremos que parecía que fueran a salirse de las órbitas. Requiriendo de un nuevo enfoque, empezó un proceso de ajuste de las pupilas seguido de un ligero balanceo del tronco, ahora sí que tenía cogida la distancia y podía, con claridad, escrutar a los dos personajes que frente a él hablaban entre ellos.
    - Este individuo lleva un ordenador en la cabeza, es una máquina. Es increíble cómo soluciona los problemas. Tiene una intuición…
    - Yo no le veo ningún ordenador en la cabeza, sin embargo eso que lleva entre las manos sí que me lo parece. Nunca se separa de él, siempre está conectado.
Los dos operarios al ser observados de esa forma tan poco humana se sintieron incómodamente desnudos. Como si dispusieran de un resorte electromecánico se irguieron de una forma artificial y, con la torpeza propia, mezcla de vergüenza y curiosidad, de un niño al que sorprendes haciendo alguna trastada, volvieron a sus quehaceres, que no eran otros que controlar la cantidad de alimento que las máquinas distribuidoras habían depositado en los alimentadores del tanque.
Estaban tan absortos que no fueron conscientes que en el entreacto de observar y ser observados, más de la mitad del pienso se había perdido. Con toda seguridad un dato erróneo y falso acabaría siendo introducido en el sistema de gestión de la alimentación. Uno de los sistemas más caros e inteligentes que estaba disponible en el mercado. Como suele suceder en estos casos, tras la inicial animadversión por la peligrosidad de la pérdida de algo tan precioso y valioso como es el puesto de trabajo, se estaba produciendo una comunión tecnológica de tipo ¿cómo podíamos vivir sin esto?
Consecuencia de este “error humano”, asumido con frialdad por el sistema operativo basado en IA, la calibración y actualización de la dosis de alimento quedaría fatalmente comprometida.
    - No se le escapa nada. Dijo uno de los operarios nada más perder aquellos ojos auscultadores del cyborg humano. Seguro que mañana es capaz de dar con la solución a nuestros problemas.
    - Ojalá, porque esto de no saber por qué no comen bien los peces a mi me está volviendo loco. Tanta máquina, tanta máquina y luego resulta que…
    - Oye, que no se te olvide meter los datos en el chisme.
Lo vieron alejarse de la misma forma en la que llegó, sin decir nada y sin apartar sus ojos de la pantalla que llevaba como extensión de su transfigurada forma biónica. Era consciente que despertaba curiosidad y respeto.
    - Dicen que tiene una intuición prodigiosa, que sólo con mirarte a los ojos ya sabe en qué la cagas.
    - Qué bruta que eres. El otro día, cuentan, que no creas que yo soy una crédula simple, que sólo digo que dicen que al salir de la reunión con los jefes podía verse, por el color bermellón de la cara de algunos, quienes habían quedado en evidencia. Y, cuentan, que no creas… eso, que no era sólo uno.
    - Es que lo que ese hombre tiene en su cabeza no hay máquina que lo posea.
La aguja de la báscula digital conectada al servidor principal osciló ampliamente sobre el número buscado, que aparecía justo debajo de la imagen para indicar que ambos sistemas coincidían. La oscilación se hizo más violenta consecuencia del verter descontrolado del producto que estaban pesando. Esta respuesta presurosa, motivo de la urgencia derivada del estado de tensión, se aceleró cuando vieron cómo se iba acercando el hombre de las computadoras, como ya lo habían bautizado
El resorte animal que se activa cuando los niveles de dopamina superan la normalidad, hizo que un inocente dedo acabara en la placa de la báscula, evitando el incómodo movimiento de impedía ajustar la dosis. Un leve movimiento del dedo, casi como si acariciara el plato para eliminar una incómoda mota de polvo, hizo que se marcara el peso exacto. Sonó la alarma indicando que era la dosis correcta.
    - Anota, peso exacto.
    - Anotado, ¿vamos con el siguiente?
    - Vamos, y apura y concéntrate, que ya me veo aquí hasta las tantas, que nos queda mucho. Oye, ¿sabes cuando nos traen esa máquina que dicen que pesa sola? Es que ya estoy harta de que crean que los peces no se curan por nuestra culpa.
    - No lo sé, pero no te olvides de poner los datos aquí también.
Anotó que debía ajustar el algoritmo para incorporar el efecto que causaba su presencia.
    - Menudo follón acaba de tener con su novio. Se ve que no hay manera que ese cabrón la deje tranquila. Esta mañana la he visto entrar llorando, hasta temblaba. Le he preguntado que qué le pasaba y si podía ayudarla pero, justo cuando me iba a decir algo ha aparecido el capullo del ordenador y se nos ha quedado mirando fijamente.
    - Qué impudicia, a mí me lo hizo el otro día, que parecía que nos traspasaba con un escáner.
    - Cuando te mira así te entra una cosa…
Devolvieron retadora la mirada al observador y dieron un brusco tirón, mezcla de rabia y rechazo, al limpiador de fondo que sostenían entre ambas de tal dicha que se soltó la manguera que conducía el agua sucia al sistema de drenaje y haciendo que las salpicaduras fueran a parar a los tanques de alrededor. Llegaron incluso hasta el silencioso observador, que ni se inmutó.
Una sonora risotada que se cortó súbitamente, impregnó por unos segundos el silencio acuoso de la sala de alevines. Entre risitas hipiadas y miradas furtivas pasaron a limpiar el siguiente tanque sin cumplir con el protocolo de desinfección.
    - Dale al botón del aparato.
    - Ya le di antes, ¿acaso hay que hacerlo después?
    - Ah, pues si tu le has dado antes y yo después… seguro que está bien.
    - Y luego dicen que no lo hacemos bien.
No debéis preocuparos porque con el programa que estamos a punto de implementar, sabremos porqué y cuándo se producen los errores y así prevenir y solucionar todos nuestros problemas. La tecnología está aquí y ha venido para quedarse y ayudarnos. Por lo tanto no hagáis caso del señor que veréis pulular por la instalación con un ordenador en las manos durante los próximo días. Ni temáis dictar todo lo que os solicitan en el aparato que os acabamos de entregar.
Seguro, y nosotras nos lo creemos. Estoy convencida que todo aquel que sea innecesario tendrá que encontrar otra cosa que hacer.
Yo no me preocupo, será imposible que nos sustituyan por máquinas. No en las tareas que requieren el uso simultáneo de habilidades para afrontar las situaciones imprevistas.
¿Imprevistas?
Sí, por ejemplo imagínate el paso de un individuo conectado a un ordenador que te mira fijamente mientras tu estás realizando un trabajo meticuloso, y de una importancia tal que un pequeño fallo, un mínimo error, puede dar al traste con todo lo que se tiene que hacer. Tranquila, que lo que hacemos nosotras no lo pueda hacer una máquina, por muy robot que sea.