Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

lunes, 5 de febrero de 2018

Cuatro sonetos acuícolas para una canción asabinada

Ilustración: Susón Aguilera ejerce de corifeo.
I.
Ante la parada del pescadero
producto de nuestros mares salados
zonas puras de ríos indicados
apenas un distingo marinero.

La franca inmensidad del cultivo
que rememora crianzas añejas
de chinos, romanos prácticas viejas
emula a la vid y el olivo.

Cofrades y cocineros reputados
andan descubriendo la esencia
del sabor y gustos recuperados.

Así, sin atisbo de impostura
fundamentada en la vera ciencia
os presentamos la acuicultura.

II.
Ay, si pudiera la Santa de Rita
quitar aquello que no se ha dado
moriría por dejar fundamentado
que la dorada es hermafrodita.

Siempre elegante, de piel fina
vívida, ejemplar, sofisticada
Selene devuelve a su morada
a la migradora y veloz lubina.

Con un comportamiento tarugo
sensiblero, extremo y caprichoso
tenemos al glorioso besugo.

Y de singularidad plateada
que jamás encontramos en reposo
la anguila es dulce o salada.

III.
Como cual alma pura y vieja
que vive tranquila en soledad
dentro de su notoria equidad
observamos a la simpar almeja.

Ajena a la marina virulencia
protegida el alma en su costra
dormita sosegada la ostra
y se ríe de toda ocurrencia.

Anclado y fijo sobre un mojón
ávido de pilosas insinuaciones
disfruta del meneo el mejillón.

Bajo los caminos compostelanos
dando unos saltos de proporciones
la vieira se nos va de las manos.

IV.
Una naturaleza olfatoria
ayuda con caprichoso agrado
al poco insinuante lenguado
en sus finas artes amatorias.

Con estructura desmembrada
ojos de perfección milimétrica
cerebro con una mente tétrica
el pulpo es amo de la morada.

Para acabar raudo el soneto
recuerdo un pez de lo más principal
no quiero menospreciar al sujeto.

Enmiendo, quizá, el posible fallo
que fue el delegar para el final
a mí preferido, el rodaballo.