domingo, 29 de enero de 2017

Cogitus interruptus

Ilustración: Ergo Susón Aguilera
La tensión se palpaba en el ambiente. Nos encontrábamos cerca del colapso físico y emocional. Los nervios nos llevaban a equivocarnos una vez sí y otra también. La confianza daba asco por lo baja que estaba. No teníamos salvación.

Si las plagas bíblicas tuvieran su referente en la acuicultura, seguro que nos encontrábamos inmersos en pleno despliegue de la mala baba de un dios enojado y furibundo, creador del cielo y la tierra, tal vez, pero que había decidido abandonar la mar y a todas sus criaturas. No podía explicarse de otra manera que estuviéramos sufriendo sistemáticamente tantas desgracias en tan poco tiempo.