Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

martes, 27 de septiembre de 2016

Conjunción astral

Ilustración: El ilualiniado Susón Aguilera
En 1983 los ocho planetas que conforman nuestro sistema solar se alinearon dentro del mismo cuadrante. Este fenómeno que resulta cada 200 años generó una extraordinaria expectación ya que era de prever que algo significativo sucediera y ciertamente así fue. Arpanet adoptó el protocolo TCP/IP revolucionando la base de internet casi al tiempo que Microsoft presentaba en público la primera versión de Windows, el 1.0, con su sistema operativo gráfico de 16 bits.

Sin embargo, estos hechos son minucias si se comparan con los dos grandes acontecimientos que cambiaron, para siempre, nuestro mundo. El primero, que contribuyó a marcar a toda una generación, fueron los 12 goles a 1 de la selección española de fútbol a Malta en Sevilla, cosa que al igual que la alineación de los planetas suele pasar cada 200 años o más. Hay aficionados que siguen mirando al cielo cada noche aun a sabiendas que faltan como unos 170 años para que vuelva a producirse esta conjunción. Suerte de ganar un Mundial y un par de Eurocopas para evitar la infinita travesía que viene determinada por lo imposible. A veces, dicen, cabe la posibilidad de que se dé un fenómeno de conjunción no astral, sino que se produce dentro de un espacio más contenido y bajo la influencia de ciertos astros, esto ocurrió dentro de un campo de fútbol bajo la confluencia del signo de Barça. Uno que los astrólogos-futbolistas quieren colocar en el firmamento.

El segundo suceso y mucho más importante, vaya Ud. a comparar, fue un evento acuícola de extraordinarias dimensiones cósmicas. En 1983, por primera vez, se consiguió que tres especies de peces marinos diferentes se reprodujeran en un solo criadero, haciendo que la curvatura del espacio-tiempo sufriera una inflexión de tal magnitud que todavía hoy hay efectos como consecuencia de este fenómeno.

La empresa Pescahito, S.A. era la referencia mundial en la gestión de reproducción de peces marinos. Disponía de un selecto grupo de doradas, lubinas y rodaballos a los que mimaba con pasión y devoción y que, procedentes de orígenes diversos, conformaban un singular universo de promiscuidad reproductiva.

Debemos remontarnos a los albores de la acuicultura, allá por finales de los setenta, para entender la maravillosa conjunción que se produjo y la excepcionalidad de este suceso trino. Apenas tres años atrás, en 1980, un grupo de individuos extrañamente desestructurados y procedentes de los más diversos lugares había conseguido la primera producción de alevines de rodaballo. Para ello contaron con una joven Mariví, hembra que apuntaba maneras de starlette y que contribuyó notoriamente al nacimiento de la acuicultura industrial. Años después, esta hembra de rodaballo, llegó a erigirse en la principal estrella del mundo acuícola por sus extraordinarias habilidades ponedoras.

Este grupo de jovenzuelos descerebrados llegaron a la conclusión que gestionando adecuadamente la cantidad de horas de luz diaria, controlando la temperatura del agua, manteniendo unas condiciones de estabulación correctas y sobre todo usando una alimentación completa y equilibrada, no había pez que no fuera domesticado y reproductible. Lo que sucedía es que en ese momento poco se sabía de lo que era una gestión adecuada, un control térmico ideal, una estabulación correcta y una alimentación equilibrada.

Las doradas escupían el pienso semihúmedo hecho con descartes de la pesca, las lubinas huían despavoridas en cuanto, de golpe, se encendían las luces de los tanques y los rodaballos estaban más que hartos de que los manipulasen continuamente, así que por unas u otras razones no había forma de dar con todas las teclas. Sólo se obtenían éxitos parciales que no hacían más que incrementar la incertidumbre de los procedimientos que se aplicaban y que proporcionaban una elevada desesperación y desasosiego. Las bases estaban sentadas pero no había manera de obtener resultados consolidados, hasta que...

Era noche cerrada. Seguramente se estaba a varios grados por debajo de cero como demostraba la cantidad de escarcha que había depositada en forma de manto blanquecino sobre la hierba y que se reflejaba por la tibia luz frontal del coche. La sensación térmica se veía gravemente influida por un desapacible viento del norte que cortaba la respiración y que impregnaba de humedad el aire, se aventuraba agua nieve o puede que incluso algo de nieve. Un cielo raso permitía ver las casi 4.500 estrellas que dicen se observan con cierta claridad en una noche no contaminada de luz artificial desde cualquier parte de nuestro globo terráqueo. Tres estrellas especialmente luminosas destacaban del resto.

Eran las cuatro de la mañana y tocaba revisar a los reproductores de rodaballo para garantizar las puestas, esenciales para la planificación de la producción de la temporada. En los días anteriores se habían hecho varias tentativas y todo indicaba que entre las cuatro y las seis de la mañana se producía el mejor momento para lo obtención de los mejores ovocitos.

Teníamos la sensación de ser un prototipo de muñeco Michelin. Gorro de lana, dos pares de calcetines extra gruesos, camiseta térmica y un polar de alta densidad se añadieron al equipo que habitualmente usábamos para el manejo de los reproductores como eran unas botas de cuerpo completo y un mandil de lona reforzado. Lo que no tenía remedio era la inevitabilidad de mantener las manos desnudas, a lo sumo con unos guantes de cirujano, para facilitar el palpado y la extracción de los huevos. Sólo de pensarlo ya nos dolían lo dedos y por delante teníamos cuatro lotes con más de veinte ejemplares cada uno. Iba a ser duro, así que dispusimos un termo de café con leche bien caliente al lado de la mesa en la que íbamos a trabajar con el objetivo de evitar la congelación de alguna de nuestras articulaciones.

Decidimos tomarnos el primer café con el objetivo de subir varios grados la temperatura corporal, ¡qué ilusos!, y afrontar lo que teníamos por delante. Con la lengua y el paladar medio quemados nos acercamos a la primera piscina para echar un vistazo a los peces. Eran evidentes los signos de maduración en la mayoría de las hembras, algunas extraordinariamente grávidas, por lo que el madrugón iba a ser beneficioso, sin duda. Efectivamente lo fue y en apenas dos horas dispusimos de casi dos litros de huevos fecundados de una calidad asombrosa. Brillaban a la luz del foco de la linterna usada para ver las impurezas mientras flotaban agrupados en el acuario que usábamos para desinfectarlos antes de pasarlos a los tanques de incubación. Eran apenas las seis de la mañana y un tenue halo albero empezaba a insinuarse, aunque apenas distinguible en la negrura de la noche que se quería escapar. Respiramos profundamente, el aire hacía daño, y tras el descanso volvimos a la sala de incubación para completar la tarea.

En la temprana quietud de la mañana los sonidos del criadero son diferentes. El leve zumbido de las bombas se hace estridencia, el caer del agua en las piscinas y tanques iguala al de una cascada salvaje de varias decenas de metros, el borboteo producido por el aire o el oxígeno es como el bullir de cacerolas en un restaurante en plena hora de comidas, el ulular del viento que se cuela por entre las rendijas se torna huracán y cualquier alteración se multiplica sonoramente generando efectos diversos y sorprendentes modificando nuestra percepción y multiplicando las referencias habituales. Aun y con todo este universo sonoro no nos costó distinguir el chapoteo procedente de los tanques ocupados con reproductores de dorada, una clara indicación de que se estaba iniciando la freza.

En el caso de las doradas era habitual recoger puestas a primera hora de la mañana pero que al ser examinadas se apreciaba que eran restos de una puesta tardía del día anterior o huevos de mala calidad procedentes de alguna hembra un tanto descontrolada. Por eso nos extrañó y, con mucho cuidado, abrimos la ventanilla de control instalada en la pared del tanque para vigilar los peces sin alterarlos en demasía. Efectivamente se estaba dando un momento de álgida comunicación sexual y pudimos ver como las hembras, que nadaban en círculo perseguidas por varios machos, soltaban los huevos que de inmediato eran fecundados en medio de una nube de agua lechosa, sin duda esperma deliberadamente expulsado. Decidimos esperar un poco de tiempo hasta que salieran los huevos por el rebosadero y poder comprobar el porcentaje de fecundación y su calidad.

Estábamos en ello cuando un nuevo ruido nos alertó.

Procedía de los tanques situados a nuestras espaldas pero que disponían de acceso en un pasillo paralelo al que no se podía acceder si no era cruzando toda la planta. Correspondía a los tanques con reproductores de lubina que estaba previsto iniciaran su maduración en breve. Normalmente las lubinas son silenciosas y no suelen realizar las acrobacias sexuales de las doradas aunque tampoco mantienen la pasividad procedente del que me lo hagan todo de los rodaballos. Hay que proporcionarles cierta ayuda. Lo normal es realizar una biopsia para ver el estado de evolución de la maduración en la que se canulan a las hembras y se extrae una muestra de los oocitos. De esta forma se sabe el estado de desarrollo y si se observa que hay cierto estancamiento se recurre a una inyección o un implante de GnRH, hormona liberadora de la gonadotropina que ayuda a la liberación de la puesta.

Pero esta actuación no estaba programada hasta dentro de casi dos semanas y no disponíamos de evidencias de que ese lote estuviese en condiciones, de ahí la sorpresa de los sonidos que indicaban exceso de movimientos en los tanques. Experiencias pasadas, que nos lo diga el mejor amigo de Serafín, nos habían enseñados que hay multitud de factores incontrolados que pueden alterar el comportamiento reproductor y, escamados por estos sucesos, lo primero que pensamos es que algo malo estaba sucediendo. Nos dirigimos con urgencia a la zona de acceso a los tanques y cual fue nuestra sorpresa cuando observamos huevos en los salabres situados en las cajas de recolección, normalmente situadas justo al lado de la puerta de acceso. Tomamos una muestra con un vaso de precipitados y enfocamos al contraluz del haz de la linterna. Transparentes, brillantes, hermosamente limpios y… fecundados, hasta se podía observar la línea que define el embrión.

Amanecía y tres estrellas conservaban el brillo en nuestro pedazo de firmamento sin saber que esa noche los ocho planetas que conforman nuestro sistema solar se habían alineado dentro del mismo cuadrante.