Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

martes, 15 de marzo de 2016

Categoría “ppp”

Ilustración: So, so... Susón Aguilera
La naturaleza, que es infinitamente sabia, ha determinado que existan cosas de diferente forma y tamaño que en sí no son más que variaciones de lo mismo. ¿Acaso pensamos que por el hecho que entre los humanos haya personas de dos metros y otras de metro cincuenta haya que sacrificar unas u otras? ¿Acaso es mejor alguien que pesa cien kilos que una que apenas llegue a los cuarenta? ¿Supone algún perjuicio tener un perímetro craneal superior a la media? Y quien dice craneal, dice pectoral, anchura de caderas, grosor de muslos, color de piel, largura del cabello, color de ojos o presencia o ausencia de pelos en los sobacos.

La naturaleza nos engaña y lo demuestra generando una categoría de peces que es la tortura de los acuicultores, son los que pertenecen a la categoría “ppp”. Estos individuos presentan una característica y es su apego a ser siempre iguales y con iguales queremos decir precisamente eso, que siempre son iguales.

El éxito de la producción y su máxima eficiencia se consigue cuando se hace avanzar a la población dentro de una curva gaussiana que viene a representar, ojalá, al noventa por ciento.¡Ja y ja! Esto no pasa nunca. 
Menos mal que podemos clasificar a los peces y seleccionarlos gracias a un invento de nuestro apreciado Ripley. A este singular personaje, después de hacerle la vaca varias veces ya que no entendía el concepto humillatorio que implicaba o tal vez porque en el fondo debía gustarle llevar los genitales de colores, acabamos cogiéndole cariño y le encargamos la fabricación de un sistema de cribado artesanal.

Imaginación tenía el muchacho, basta con releer “La conquista del espacio”. De modo que a una estructura cuadrangular de medio metro por medio metro, le añadió un armazón que soportaba unas barras longitudinales de igual amplitud a lo ancho de toda su largura. Esto hacía que los peces que eran introducidos en el artefacto si presentaban un tamaño superior a la distancia de las barras, quedasen atrapados en la parte superior y si por el contrario no era así y no alcanzaran el mínimo pasaran fácilmente. A los primeros se les denominaba “q” y a los segundos “p”. Puesto que este concepto presenta una extrema complejidad lo explicaremos con mayor claridad, los “q” quedan y los “p” pasan.

Esta es la primera selección a la que se someten los peces criados y que pretende evitar la mala hostia que se gastan los “q” con respecto a los “p” y que no es otra que les gusta zampárselos. En la naturaleza pase, pero en el criadero ni locos.

Cuando tras un mes, más o menos, se los vuelve a someter a la misma operación tenemos como resultado que de los “q” se generarán los “qq” y los “qp”. Los primeros ya apuntan a superdotados aunque tampoco es que nos gusten demasiado ya que tienden a alargar la prolongación derecha de la gaussiana y eso no es bueno. Guardamos los “qp”.

Respecto a los “p” obtendremos los “pq” y los “pp”. Los primeros son los que queremos ya que han hecho bien los deberes y en un empujoncito se han empatado con los “qp” constituyendo de esta forma la gran categoría de los “qpq” ¿Qué por qué? Pues porque son los mejores, cojones, que tampoco hay que ser tan listo.

Sin embargo los “pp” empiezan a mostrarse rebeldes y desconsiderados. Nos miran mal y se vuelven esquivos y huidizos. Son de mal comer y de crecer frágil y quebradizo. Como no está todo perdido los ponemos aparte y los mimamos. Un poco más de temperatura, pienso de mejor calidad, un par de limpiezas adicionales, dos o tres tomas extras, un bañito reconfortante de formol para ayudarles con el apetito. Vamos, vamos.

Como bien puede ver el avezado lector el proceso tiende a su extrema complicación cuando pasado un mes, y antes de su envió al lugar definitivo para su engorde, se hace necesario un repaso para dejarlos en condiciones. Esto es, una nueva clasificación. Bien, teníamos los famosos “qq”, los abusones del crecimiento, los que siempre quieren dar la nota, los que por joder no saben qué hacer. Así que tras un trasteo en la criba nos quedan los “qqq”  o sea los que no “quieren quedarse quietos”. Lamentablemente este dos o tres por ciento de elementos indeseables que sólo hacer que crecer y dejar en evidencia nuestra incompetencia, ya que nos gustaría que todos fuese así, son eliminados antes que nadie se dé cuenta de que existen y pasan a ser una quimera.

Los “qqp” pasan a ser considerados la punta de lanza, la vanguardia productiva, la creme de la creme, son los adelantados que alcanzan a la generación anterior y que al verlos les dicen "que qué pasa”. Glups, mejor lo dejamos para luego.

Estábamos con la generación “qpq”. Esa maravilla de la uniformidad que hace que un lote avance colegiadamente, permita incrementar la eficiencia productiva y genere una población de selectos individuos destinados a las más altas cotas de gestión productiva. Sí, pero… “qpqq” son un subproducto destinado a congeniar con los “qqp” conformando de esta manera el escuadrón “qpqp” que al ser vistos por cualquier engordador suelen recibir la doble exclamación admirativa “¡Qué peces, qué peces!”. Esta maravilla es la que se enseña y al justo momento se dice, ah, se siente mucho pero es que ya han sido adquiridos por Fulanito, si te hubieses avanzado y pagado por adelantado… Si por casualidad, sucediera una, digamos, hipotética réplica del tipo "yo te pago el doble”, de inmediato y haciendo uso de una profesionalidad exquisita diríamos “tuyos”.

Por el camino nos encontramos con los “qpqp” (que no se deben confundir con los “qpqp” conjunción de los “qpqq + qqp”), sino que son los hermanos menores de los “qpq” tras el cribado. No dan problema alguno ya que suelen conformar cerca del setenta por ciento de la población y son “el estándar” 0 sea los que dan respuesta a la pregunta tan habitual del “¿qué peces queréis? Más o menos todos.

Y sí, finalmente llegamos a ese terrible momento, momento en el cual los “pp” deben ser procesados. Como es de esperar de su cribado obtendremos los “ppq”, extraños peces que tienen una extraordinaria similitud con los “qqp” de la generación posterior y que es verse, oye, y se produce un flechazo de tal intensidad que no hay quien los separe.

Y como no hay dos sin tres y siempre hay quien tiene que tocar los cojones, nos aparecen los “ppp”. Estos son los que están poseídos por el síndrome de Peter Pan y que han tomado la decisión de no crecer y por ese motivo, con todo el cariño del mundo, los denominamos “putos peces pequeños” quedando así explicado el acrónimo de su categoría. No future.