lunes, 29 de febrero de 2016

El viaje a ninguna parte

Ilustración: The Ironman Susón Aguilera
Johnny aparca su coche en la explanada frente al bar de diario, el de las cervezas, y se apea con la intención decidida de encaramarse a la escalera de acceso. Le grito haciéndome ver. Gira ligeramente la cabeza y deja el pie izquierdo apoyado en el primer escalón de acceso al bar. Parece dudar. Imagino que está valorando la posibilidad de dar el siguiente paso y olvidarse para siempre del viaje que tenemos planeado.
Pensé que no llegabas e iba a tomar un café mientras. Fue su respuesta al ver que efectivamente era yo y no un fantasma.
Bueno, mejor nos vamos que el viaje es largo y ya vamos con algo de retraso, le dije en un intento de abstraerlo de lo que sin duda iba a ser un imposible si llegaba a cruzar la puerta de su Shangri-La diario.
Bien, bien cuando quieras. Todavía echó la vista atrás un par de veces mientras nos dirigíamos a su coche y se podía apreciar como pasaba la lengua sobre sus labios una y otra vez como si intentase recordar ocultos placeres que ahora quedaban a sus espaldas. Era pronto, demasiado pronto, para empezar a degustar alguna que otra Estrella, su preferida. Lo del café, la excusa de siempre.

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