Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

lunes, 12 de octubre de 2015

Fray Lubino

Ilustración: Su Santidad Susón Aguilera
La penuria alimentaria y la peste asolaban el continente europeo en pleno Siglo XIV. La orden mendicante franciscana del Monasterio de Piedra se encontraba en una situación límite. Los escasos suministros que procuraban con su propio esfuerzo y que apenas llegaban para mantener a la comunidad de religiosos tenían que repartirse entre la población más necesitada, es decir, casi todos los que conseguían llegar al Monasterio. Cierto que no eran muchos, pero una boca más era un bocado menos. Tampoco se notaba demasiado ya que el hambre era tanta que no dejaba otra opción. Ni aunque hubiesen contado con el doble de recursos hubiera bastado para llegar a una comida diaria. Pobre sí, mísera también, pero al menos algo con lo que engañar al estómago. Sabían que donde comen cincuenta no comen sesenta, pero no podían permitirse siquiera ese asomo de derrotismo tan poco cristiano. ¡Dios proveerá!
Fray Lubino estaba muy preocupado. El grano escaseaba. Tal vez bien gestionado fuese suficiente para un par de meses pero apenas para nada si continuaba llegando gente… ¡Dios proveerá!