Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

viernes, 25 de septiembre de 2015

La conquista del espacio

Ilustración: Pedazo de monstruo Susón Aguilera
El 25 de septiembre de 1.979 se estrenaba en España Alien: el octavo pasajero. H.R. Giger consiguió crear una criatura que ha permanecido en la memoria de muchos de nosotros en la forma de alguna que otra pesadilla que se veía reforzada ante un simple mal de vientre y, por qué no decirlo, generando una cierta envidia erótica hacia el bicho.
Por aquel entonces J. Ripley era un crio de un diminuto pueblo belga que se hizo pis en los pantalones al ver la escena en la que Alien se pone a pocos centímetros de la cara de Sigourney Weawer cayéndole la baba y haciéndonos temer a todos que le quedaba un suspiro de vida.
Veinte años después era uno de los ingenieros estrella de la empresa ANWU (Aquaculture Not Well Understood). ANWU había adquirido un cierto prestigio en el diseño de soluciones innovadoras en el ámbito acuícola.
Ripley llegó un 25 de septiembre a nuestra planta. Contaba con 30 años y todavía era posible percibir la tremenda herida que había dejado en su subconsciente la película de Ridley Scott, sobre todo porque traía puesta una camiseta negra con la cara del monstruo en verde fosforito con el nombre de la película debajo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Mariví

Ilustración: El fastuoso Susón Aguilera. 
Mariví era la niña de nuestros ojos. Una rodaballa de 20 kilos de peso y cerca de 25 años de edad. Es posible que incluso fuera más vieja ya que a los 15 años del registro oficial de la planta había que añadirle unos 4 o 5 pasados en un vivero al que llegó contando ya con unos hermosos 8 kilos de peso. De haber dispuesto de escamas, cosa de la que carece esta especie, tal vez podríamos haber hecho una aproximación más exacta. Descartamos la obtención de su otolito ya que no era tanto el valor real de su edad como el hecho de mantenerla vivita y coleando y vaya si coleaba.
Mariví era una rodaballa excepcional. En los últimos 10 años no había dejado, ni un solo año, de poner huevos de una calidad excelente y con una predisposición y regularidad que ya quisieran los vendedores de relojes suizos para promocionarse.
Mariví era una rodaballa estelar. Era la estrella de un gran proyecto de investigación europeo que tenía como objetivo la regeneración del estoc de reproductores existente en las plantas de producción y de esta forma ayudar a sentar las bases de la consolidación industrial de la producción de rodaballo.
Mariví era una rodaballa única. Porque no existía en toda Europa otra similar en cuanto a tamaño, color, capacidad ponedora, disciplina, solvencia, mansedumbre… y porque la teníamos nosotros.
Mariví era una rodaballa preciosa. Tenía unos ojazos...