Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

lunes, 29 de junio de 2015

Vera virtus reditu studiorum causa fruentis (WomeninSTEM)

Ilustración: Magister in Artibus Susón Aguilera
Cuarenta eran los comensales que se habían apuntado a la actividad estrella del Congreso Nacional de Acuicultura que se celebraba en nuestra comunidad, una visita a nuestras instalaciones y no a la cueva de Alí Babá como algunos en broma ya lo bautizaron. Un reto organizativo considerable. Para quien nunca haya visitado una instalación de acuicultura vale la pena comentar que el riesgo que comporta una visita de estas características es desmesurado y acaba por volver locos a cuantos participan en su organización.
Una planta acuícola es la unión de cuatro elementos primordiales: agua, aire, oxígeno y alimento que conforman la esencia misma de la actividad.
A estos cuatro elementos vitales hay que añadirle lo que determina su naturaleza: los peces. Peces que están en piscinas. Piscinas que requieren de tuberías. Tuberías y… redes, cubos, escobas, alimentadores, sacos de pienso, la Vaki, sondas, pediluvios, botas y batas para las visitas.
Todo ello conforma un verdadero laberinto sin minotauro. Pero nosotros teníamos al “Dire”.

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Gratias agere a Víctor Michavila por su latinada del título original: “El verdadero valor de una becaria”. Otro que sabe latín.

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