Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

viernes, 1 de mayo de 2015

El tornillo del fugilate

Ilustración: El "asuspiesmepongo" Susón Aguilera

Primer acto
Es noche oscura. Tan sólo destacan unas luces generales y difusas que apenas si consiguen alumbrar el camino principal. Al fondo se ve el destello deslumbrante de una instalación con forma de invernadero. Una explosión de colores entre los que destacan marrones, ocres, amarillos, verdes claros y oscuros. Se ve moverse una persona en su interior, con tranquilidad, tras el plástico semitransparente del invernadero.
Escena 1
Gregorio mira su reloj. Levanta la cabeza y gira sobre sí mismo intentando abarcar con la mirada todo lo que hay a su alrededor. Observa con atención el pasillo principal del invernadero y se deja deslumbrar por la sinfonía de colores que las microalgas levantan a su alrededor. Se acerca hasta una bomba que hay a su derecha dentro de un receptáculo. Activa el botón de encendido. Se oye el ruido del motor. Empieza el trasvase de las algas a través de una canalización de tubería transparente. Mira como el líquido verdoso asciende y se pierde hacia el exterior del invernadero.

Gregorio: De la que acabamos de librarnos (está solo pero habla como si todo el mundo estuviese pendiente de él). Desde luego que si alguien me hubiera dicho ayer que ahora estaríamos bombeando fitoplancton hasta larvas es que no me lo creo (se rasca la barba y deja escapar una mueca a modo de sonrisa satisfactoria). De la que acabamos de librarnos (se oye un clic procedente de la bomba que indica que todo va bien. Un ruido a su espalda lo solivianta y se gira).
Manuel: ¿Todo bien, Gregorio? Veo que ya empieza a circular. Menos mal, la verdad es que yo no las tenía todas conmigo. El apaño es bueno pero... (Enseña el desatornillador y un contactor eléctrico que lleva en la mano, señalando a la bomba).
Gregorio: Ya lo sé, pero hemos hecho lo imposible y más no se nos puede pedir.
Manuel: Desde luego y que lo digas.
Gregorio: Lo digo Manuel, lo digo. Que ya estoy harto de que siempre nos echen las culpas de todo. Que hombre, no voy a decir yo que en algunas ocasiones..., vamos puede, pero siempre, siempre (otro clic los distrae de la conversación, es diferente al anterior, suena ronco. Los dos se acercan a la bomba y miran con calma).
Manuel: Nada, nada. Esto es normal. El fitoplancton ha llegado a su destino y el tanque está lleno. Este clic indica que ya se para el bombeo. Todo funciona bien. Pero mejor nos acercamos a la sala de larvas para ver, ¡eh!, que no quiero pasarme otra noche en vela. ¿Vamos? Ya tengo lo que hace falta en el bolsillo.
Gregorio: Vamos. Menos mal que estamos tu y yo, ¡eh!
(Los dos hombres salen del invernadero y se alejan caminando tranquilamente por el camino principal apenas iluminado).
Escena 2
Sala de reuniones. En el centro una mesa grande alargada con cuatro personas sentadas, dos en uno de los laterales y otros dos en la semicurva. Sobre la mesa tazas de café y muchos papeles. Dos portátiles y un teléfono. Por la ventana se ve caminar a dos personas dirección a la sala de larvas. Una quinta persona, de pie delante de la ventana, los observa. Tiene las manos en la espalda. Se gira y mira a sus compañeros. Todos dejan lo que están haciendo y le devuelven la mirada.
Pedro: ¿Cuándo decís que pasó exactamente?
Luis: Pues... como a las ocho (mira su reloj). Apenas si hacía media hora que había entrado el guardia... (María interrumpe repentinamente con unos papeles en la mano)
María: Tuvo que ser antes. Mirad estos registros (despliega sobre la mesa unas cuantas hojas y señala con su dedo a una de ellas. Pedro se acerca. También Luis. Todos miran las hojas)
Pedro: ¿Acaso vosotros no creéis que fuese así? (Pedro mira a los otros dos que se han quedado en la parte más alejada de la mesa, están tecleando en el ordenador)
Enrique: Pues claro que no, cojones. Los papeles son los papeles, vale. Pero en el registro informático hay algo muy raro, muy raro (adelanta el brazo sin dejar de millar la pantalla y busca la taza de café, su mano tropieza con ella y la tira. Está vacía). ¡Coño! (Todos miran). Yo no lo creo. Esto ha sido premeditado.
(Sonia que estaba al lado de Enrique se aparta un momento del ordenador y se dirige hacia la puerta de salida)
Sonia: Un momento que voy a buscar el contactor que cambió Manuel.
Pedro: ¿Quién lo tiene? ¿Cómo es que...? (No acaba la frase y se acerca hacia Sonia a la que coge del brazo antes de que salga). Sonia, no puede perderse. Es la clave de todo y que no lo manipulen por nada del mundo.
Sonia: No. Tranquilo.
Pedro: Ya sabes que no me gusta que me digas que esté tranquilo. Me pone demasiado nervioso. No estoy tranquilo, no lo estoy. Esto es muy grave.
(Sonia mira a Enrique, que levanta la cabeza y le hace una señal para que continúe)
Luis: Sólo lo tienen para comprobar que es el mismo. Lo hemos guardado en una bolsa hermética. Yo ya les he dicho que...
(Sonia interrumpe impetuosa de nuevo desde la puerta)
Sonia: Voy. Vuelvo enseguida. Sólo quiero comprobar que la señal de parada coincide con la del registro del ordenador.
Pedro: Acabo de ver que van camino de larvas.
Sonia: Vale.
Escena 3
Sonia se encuentra con los dos empleados a la entrada de la sala de larvas. Hay un foco potente que los alumbra generando un semicírculo como si estuviesen en mitad del escenario de un teatro.
Sonia: Manuel ¿dónde tienes el contactor?
Manuel: Aquí (introduce la mano en su bolsillo y saca un cacharro del tamaño de una caja de cerillas, la mano está grasienta, el cacharro está grasiento. Está abierto)
Sonia: ¡Dios mío, Manuel! Pe...pe... ro, cómo se te ha ocurrido sacarlo de la bolsa y abrirlo. ¡Ay!. Sólo tenías que ver si era el mismo ¿no? (Sonia se alabanza sobre la mano de Manuel para quitarle el contactor, Manuel retira la mano con rapidez y firmeza)
Gregorio: Reunión de pastores... oveja muerta.
Sonia: ¿Qué....?
Gregorio: Que ya se yo que al final la culpa será nuestra. Como siempre.
Manuel: Espera Sonia. Sólo quería ver si el tornillo del fugilate estaba en su sitio.
Sonia: ¿El qué?
Gregorio: El tornillo del fugilate.
(Sonia pone cara de desespero. Mira a Manuel y a Gregorio compulsivamente. No sabe qué hacer y se da la vuelta precipitadamente y refunfuñando vuelve a la sala de reuniones)
Manuel: Gregorio, estos no entienden. Menos mal que estamos tú y yo. Por eso funciona esta planta. Si no... De qué.
Gregorio: Eso mismo ¿de qué?
(Ambos se giran y empujan la puerta que da acceso a la sala de larvas. Entran y la puerta se cierra lentamente)
Escena 4
De vuelta a la sala de reuniones. Se abre la puerta y Sonia entra precipitadamente y nerviosa. Mueve las manos y gesticula. No se la entiende. Enrique se abalanza sobre ella, la coge de los hombros y la zarandea con cierta violencia. Los demás miran atónitos.
Sonia: Es que... no... des...todo roto. Manos... grorio. Manu...Arggss.
Enrique: Ya vale Sonia. Calma. ¿Pero qué pasa? (Pedro acerca un vaso de agua a Enrique para que se lo de a Sonia, la mesa está por medio. Sonia bebe un poco, otro poco. Respira profundamente, otra vez y bajando los hombros expira con fuerza)
Sonia: Es que son lo que no hay. Pues no ha abierto todo el contactor y lo tiene lleno de grasa. No sé qué dice del tornillo del fulate...
María: Del fugilate, Sonia, del fugilate. Se lo pidió Luis (todos miran a Luis)
Luis: Claro. Cómo si no íbamos a saber si ese era el problema (Luis pone cara de no enterarse de nada, gesticula). Yo mismo les di la bolsa hermética para que lo guardasen justo después del fallo. Ese es el único que nos queda y es la prueba de que todo...
Enrique: ¡Me cago en la ostia, Luis! Tú, tú... ¿en qué mundo vives? (Enrique se aparta bruscamente de Sonia a la que casi se le cae el vaso de agua, derrama todo sobre la mesa, encima de los papeles).
Pedro: Cuidado Sonia. Vamos a calmarnos, eh.
Enrique: Calmarnos... Calmarnos... En la integridad de ese dichoso aparatito estaba todo nuestro fundamento. ¿Ahora qué? ¿Eh? ¿Cómo lo fundamentamos si...?
María: Tenemos otro. (Todo el mundo mira a María que pone cara de extrañeza)
Escena 5
Gregorio y Manuel dentro de una sala cuadrada y muy pequeña. La sala de apenas dos por tres metros está llena de bombas y cables. Hay cuadros eléctricos en las paredes con lucecitas que parpadean. Uno de los cuadros está abierto y Manolo está operando en él. Gregorio mantiene un foco cerca de la cabeza de Manuel apuntando al interior del cuadro eléctrico.
Manuel: Menos mal que yo controlo, que si no... Mira, este es el contactor nuevo que cogí de la caja de María (se lo enseña a Gregorio que mira con atención levantándose las gafas)
Gregorio: ¿Y tanto follón por eso? ¿Una noche entera en vela por esto? Ni que fuese de oro. Tanto guardar, tanto guardar.
Manuel: Y que lo digas. Acércate que no veo bien. Sí, ahí, ahí. Ya está cambiado. Aguanta el tornillo (Manuel le pasa algo a Gregorio para poder cerrar con comodidad). Ahora podemos deshacernos de este y conectar las dos zonas. Así no habrá problema de que perdamos más fitoplancton. Aprieta ahí. (Manuel señala con el dedo a Gregorio un botón rojo en mitad de un cuadro eléctrico con la inscripción: “No tocar sin autorización. María”)
Gregorio: Voy, ¿este? (Gregorio presiona el botón y se produce una tremenda explosión que inmediatamente deja todo a oscuras. Suena una alarma cercana. Se oye otra más lejana. Se apaga el ruido de las bombas. Se enciende una luz de emergencia en la puerta. Tiene impreso: Luz de emergencia)
Manuel: ¡Coño Gregorio! ¿Estás bien? No me apuntes a los ojos.
Gregorio: Siiii, ¡pero esto es gordo! Ay. Se me ha caído el tornillo del fugilate.
Manuel: No me jodas Gregorio, no me jodas. Que sólo tenemos ese. Como se va a poner Luis. No sabe que el otro ya lo fundimos ayer con el arreglo del fallo de la  bomba del fitoplancton.
Manuel: ¿Nooo?
Gregorio: No.
Segundo acto
Es noche oscura. Tan sólo unas luces generales que apenas si consiguen alumbrar el camino principal. Son las luces de emergencia que hay debajo de los focos principales. Al fondo no se ve nada. En la puerta de la sala de larvas, bajo un pequeño foco con la inscripción: “Luz de emergencia” se reúne un grupo de personas exaltado. Todos llevan linternas y las luces procedentes de los focos van de un lado para otro. Hay confusión. Se abre la puerta y aparecen Manolo y Gregorio. Gregorio tiene la cara chamuscada. Sigue sonando una alarma cercana.
Escena 1
Todos están reunidos en la puerta. Hay tensión y gritos. Se forma un semicírculo que abarca a Gregorio y Manolo. Manolo tiene un extintor en sus manos.
Enrique: ¡Cojones! ¿Pero qué coño habéis hecho? Si es que…
Sonia: ¿Estáis bien? Gregorio eso de la cara ¿es sangre?
Gregorio: (Se toca la cara con la mano grasienta, deja un churrete en su cara y mira sus dedos) Naha. Un rasguño.
Sonia: Voy a llamar a urgencias (se da la vuelta y sale corriendo hacia el edificio de oficinas. Nadie le hace caso, nadie la mira)
Luis: ¿Y mi tornillo?
Manolo: Gracias. Estamos bien, eh. ¿Tu tornillo? A tomar por culo tu tornillo. Ha sido el causante de todo esto (tira el extintor al suelo). Toma tu tornillo (mete la mano en el bolsillo y…)
Gregorio: Manolo, no, para. Que lo tengo yo, aquí. Mira (enseña su mano abierta con el contactor chamuscado y reventado)
María: Ese es el mío, el mío, el mío.
Pedro: ¿Cómo? ¿Qué?
Manolo: (Haciendo burla y poniendo voz imitando a María) El mío, el mío… Puñetera manía de esconderlo todo.
María: Que no estaba escondido que estaba en el cajón de las emergencias para por si acaso…
Gregorio: Pues por si acaso lo cogimos o ¿es que no era una emergencia?
Enrique: ¡Luiiiiis!
Luis: ¿Qué?
Enrique: ¿Escuchas eso?
Luis: Sí
Enrique: Vale
Manolo: ¿Vale? ¿Cómo que vale? Estamos vivos de milagro ¿Es que no habéis escuchado el pedo? (Hace movimientos rápidos con sus brazos apuntando a todos los lugares y a ninguno en concreto)
Sonia: Pero si yo vi como lo teníais despachurrado en la mano (señala con un dedo directamente al contactor d Gregorio) y no era ese y no estaba así y no…
Manolo: Claro, coño. Como que era el otro
Luis: ¿El otro?
Todos: ¿El otro?
Gregorio y Manolo: Sí, el otro.
Pedro: ¿Es que nadie va a parar esa alarma?
Escena 2
Un camión de bomberos acaba de apagar un pequeño fuego en la zona de larvas. Manolo y Gregorio están sentados en una camilla que les han cedido los sanitarios que acompañan a la ambulancia. Están acabando de curar un rasguño a Gregorio. Manolo bebe agua. Los demás hacen un corrillo unos pasos más allá. Se ha restablecido la luz y el camino principal vuelve a estar iluminado. Al fondo el invernadero de fitoplancton brilla y resplandece más que nunca.
Bombero 1: ¡Ei, has visto que pasada! Seguro que estos tíos tienen ahí un cultivo de maría. Que no es la primera vez que veo algo parecido.
Bombero 2: Cazurro ¿no ves que es agua? Lo que tienen es un laboratorio de speed.
Enrique: (Que está al lado mientras recogen el equipo y que lo escucha se gira hacia ellos) Ni maría ni speed, era puro LSD con la más alta de las tecnologías de fabricación.
Bombero 1: Si ya te lo decía yo.
Bombero 2: Yo creo que se cachondea de nosotros.
Enrique: (Ya no les hace caso, ha vuelto al corrillo) ¿Y ahora?
Luis: Ahora nada.
Sonia: Nada.
María: Nada de nada.
Escena 3
Los sanitarios están acabando de curar a Manolo y Gregorio. Estaban escuchando la conversación de los bomberos con Enrique.
Sanitario 1: (Dirigiéndose a Gregorio) Oye, que esto ya está. Que no es nada. Oye, ¿aquí donde se pilla?
Sanitario 2: ¿Es que no puedes pensar en otra cosa?
Gregorio: ¿Qué es lo que se pilla?
Sanitario 1: (Señalando con el dedo al invernadero de fitoplancton) Pues eso, ya sabes.
Gregorio: ¿Qué es lo que sé? (Mira a Manolo y hace un gesto con la mano como si el sanitario estuviera mal de la cabeza)
Manolo: Tendrán que preguntarle a ese señor de ahí (señala con el dedo al corrillo)
Sanitario 1: ¿A quién? ¿Al que hablaba con los bomberos? ¿O al otro de la derecha? (señalando a Luis)
Manolo: No, al otro. El de pelo negro (señala a Pedro)
Sanitario 1: Voy (se levanta y anda los diez pasos que los separan del corrillo. Toca el brazo de Pedro y este se gira)
Pedro: ¿Sí?
Sanitario 1: Que dice ese señor de ahí (señala a Manolo) que es usted el que se encarga de este trapicheo y que…
Pedro: No, del trapicheo de encarga María (la señala y María que se da cuenta mira cómo preguntando)
María: ¿Uh?
Sanitario 1: Que dice ese señor de ahí (señala a Manolo) que es usted la que se encarga de este trapicheo y que… Bueno, en realidad me lo ha dicho este otro señor (señala a Pedro) y que…
María: Sí, ya lo he oído ¿y?
Sanitario 1: Que ya puestos y como que estamos aquí… que a nosotros… (Se señala a sí mismo y a su compañero, que asiente con la cabeza) ¿Qué si se pude pillar algo?
María: ¿Tú estás gilipollas?
Sanitario 1: Eh, sin faltar que yo sólo… (Se da la vuelta y se va hacia la ambulancia. Llega.) Joder, cómo son.
Manolo: Si yo te dijera
Gregorio: Si él te dijera
Escena 4
La ambulancia y los bomberos están saliendo por la puerta principal. Pedro y Enrique comentan algo ventanilla contra ventanilla en sus respectivos coches. Sonia acaba de marcharse. Gregorio y Manolo ya hace tiempo que se han marchado. En mitad del invernadero están Luis y María. Hablan.
Luis: Uff. María de la que nos ha ido.
María: Y que lo digas. Menos mal que se me ocurrió decirles dónde estaba el tornillo de repuesto y que estaba segura que estos dos iban a armarla.
Luis: Y que lo digas. Mira que son entrometidos. Yo ya estaba temblando. Temía que en cualquier momento se diesen cuenta.
María: Naa. Son muy torpes. Pero yo sí que creo que Enrique empezaba a sospechar. ¿Lo has recogido todo?
Luis: Sí. Creo que sí. ¿Has mirado detrás de la bomba principal? La del tornillo…
María: ¿La del tornillo del fugilate?
Luis: (Ríe ostentosamente) Ja, ja, ja… sí ese mismo
María: (Ríe igualmente) Ja, ja, ja… ¡Fugilate! Ja, ja, ja…
Luis: Mete todo en la bolsa y nos vamos
María: Hecho
 Escena final

Es noche oscura. Tan sólo destacan unas luces generales y difusas que apenas si consiguen alumbrar el camino principal. Al fondo se ve el destello deslumbrante de una instalación con forma de invernadero. Una explosión de colores entre los que destacan marrones, ocres, amarillos, verdes claros y oscuros. Se ve moverse a dos personas en su interior, con tranquilidad, tras el plástico semitransparente del invernadero. Llevan dos bolsas.
 Telón