sábado, 21 de marzo de 2015

Buenas vibraciones

Ilustración: "The tremendous" Susón Aguilera
Tras un intenso año de trabajo en el que la reproducción del bacalao había sido su único y exclusivo objetivo, la Dra. Fingersström se dijo que era el momento adecuado y que se iría de crucero. Qué mejor forma de esperar la aprobación de su nueva propuesta que en compañía de su amado y disfrutando de un lujo que no podía ni imaginarse. Lo había organizado con meticulosidad y ya tenía comprados los pasajes de lo que se anunciaba como el más romántico de los cruceros bálticos. Cinco noches de lujo bajo la luz omnipresente del verano del norte.
Mientras hacía la maleta no podía evitar sentir una acumulación de odio y rabia que le venía causada por el hecho que, en el último momento y sin preaviso, su novio, el Dr. Sluppström, la dejase plantada por una estudiante procedente de un país sudamericano poseedora de unas virtudes tremendas.
Siguiendo el consejo de su mejor amiga, Tǿkan Meemas, se propuso seriamente olvidar e ignorarlo y nada mejor que hacer ese crucero en compañía del mejor invento que se había hecho recientemente. Un artilugio en boca (y más) de todo el mundo y del que su amiga le decía que moría por él.
Era el último modelo de vibrador. Ergonómico y realista, un punto chic y sofisticado, vamos un lujo de placer. Tanto despertaba la admiración (la publicidad ayudaba “Ideal para descubrir nuevas sensaciones”) que no sólo estaba causando devoción entre las usuarias sino que estaba acabando, de una vez por todas, con el mito masculino y la necesidad de disponer de hombres.


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