Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

sábado, 21 de marzo de 2015

Buenas vibraciones

Ilustración: "The tremendous" Susón Aguilera
Tras un intenso año de trabajo en el que la reproducción del bacalao había sido su único y exclusivo objetivo, la Dra. Fingersström se dijo que era el momento adecuado y que se iría de crucero. Qué mejor forma de esperar la aprobación de su nueva propuesta que en compañía de su amado y disfrutando de un lujo que no podía ni imaginarse. Lo había organizado con meticulosidad y ya tenía comprados los pasajes de lo que se anunciaba como el más romántico de los cruceros bálticos. Cinco noches de lujo bajo la luz omnipresente del verano del norte.

Mientras hacía la maleta no podía evitar sentir una acumulación de odio y rabia que le venía causada por el hecho que, en el último momento y sin preaviso, su novio, el Dr. Sluppström, la dejase plantada por una estudiante procedente de un país sudamericano poseedora de unas virtudes tremendas.


jueves, 5 de marzo de 2015

Los bancos, preferentes

Ilustración: El "semeacabanlosadjetivos" Susón Aguilera
El director general de zona estaba preocupado. Los sustanciosos incentivos pactados en su contrato blindado y secreto, que espera cobrar con glotonería, serán consecuencia directa de su capacidad para conseguir los objetivos. Las órdenes, directrices glotonas de la central, no dejaban lugar a dudas. Para conseguir los objetivos y forrarse a incentivos, tenía que invertir y capitalizar el dinero que, a espuertas, habían conseguido después de un año de tremendos beneficios. En su mayoría procedentes de operaciones de una opacidad tal que hasta a él le costaba entender y que habían hecho que los inversores acudieran a las ampliaciones de capital del banco como moscas a la mierda fresca.
 Pero no todo podía ser felicidad. Pronto tocaba pagar los impuestos, especialmente el de sociedades, y, nuevamente directrices, había que hacer algo para minimizar el impacto que este dispendio, al que no estaban dispuestos no sin luchar hasta el último euro, tendría en el balance.
Que si se puede ganar más todavía ¿por qué no? Más, más, más...