Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

viernes, 20 de febrero de 2015

El primero de la clase

Ilustración: El Excelso Susón Aguilera
Hay que ver lo que hace que tu apellido empiece por la letra “A”.
Me estaba labrando una gran reputación como consecuencia del genial “paper” que acababa de publicar y que estaba siendo citado sin parar por las principales fuentes académicas del mundillo acuícola y, por qué no decirlo, de la mayoría de revistas de las que se conocen como “literatura gris”, o sea que casi todas se hicieron eco y el impacto mediático era tal que poco a poco empecé a necesitar agenda. El artículo hacía mención a la mejora significativa que suponía el uso de las nuevas tecnologías en la producción acuícola. Lo titulé: “¿Sueñan las doradas de acuicultura con mejillones cultivados? 
No es que fuese original del todo (la verdad es que fusilé el título de un conocido libro de ciencia ficción) pero era bastante efectista y llamaba la atención. Vaya que si la llamaba, lo digo por lo que me llamaban, claro.

jueves, 5 de febrero de 2015

Un minuto

Ilustración: El Colosal Susón Aguilera
Suena el teléfono de empresa. Nada bueno. Es sábado por la tarde. La piel se me eriza y un escalofrío me recorre el espinazo. Las piernas me flaquean. Empiezan las sudoraciones y un temblor digital que hace que sea difícil acertar con la tecla del símbolo del teléfono verde alzado.
-¿Si? Pregunto contestando. Suena falso y tembloroso, se nota.
-Ha sido un minuto, no ha pasado ni un minuto, no sé cómo en un minuto puede pasar todo esto, yo… acababa de ver la alarma y… un minuto, nada más que un minuto.