Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

domingo, 11 de enero de 2015

El mamporrero

Ilustración: The Dute Susón Aguilera
¡Qué ilusión! El periódico El País iba a realizar un amplio reportaje en su edición semanal sobre acuicultura y nos había contactado. Querían que les explicásemos qué es lo que hacíamos y dejar claro que nuestra actividad era algo extraordinario.
Que ilusión pusimos en organizarlo con todo lujo de detalles, preparar muestras de cada una de las partes del proceso, adecentar la instalación y hasta nos peinamos. Aunque a algunos no nos hiciera falta.
Puesto que nos encontrábamos en plena temporada de producción de rodaballo y tocaba hacer desovar a varias hembras, decidimos retrasar un poco la hora prevista y esperar a los periodistas, ya que seguro que si las explicaciones las ilustrábamos con un caso práctico y en directo, la calidad de la información resultaría de un valor incalculable. ¡Qué gran reportaje, sin duda! 
A su llegada y tras una explicación del proceso general, les proporcionamos un equipo completo para los visitantes, es decir unas botas y una bata. Parecía que les hiciese una ilusión especial y reían y bromeaban. Nos sorprendió.
Les dijimos que íbamos a ir directos a los tanques de los reproductores de rodaballos, que ya estaba todo preparado y que no era recomendable demorar más la espera ya que sino el proceso se nos alargaría demasiado y podríamos llegar a perder una buena puesta. Se mostraron comprensivos y dijeron que adelante.
El espacio disponible para la colocar la mesa de desove en los tanques no era demasiado grande, de hecho y gracias a que las paredes del tanque eran relativamente bajas colocamos la mitad de la mesa dentro y la otra mitad fuera, así había sitio para que el periodista y el fotógrafo pudieran estar cómodos mirando y preguntando. La mesa era de material plástico liso con una abertura en uno de los lados en el que encajábamos una acuario de metacrilato en el que recogíamos los huevos para su posterior fecundación, al ser una mesa de media altura, más bien baja para poder trabajar cómodamente, resultaba un tanto complejo hacer fotos. Tenía que ponerse de rodillas y quedar a la altura de la mesa con el rodaballo encima y así poder captar todo el proceso del desove.
Sacamos a la primera hembra y le dijimos que lo que íbamos a hacer era masajearla para extraerle lo huevos. El proceso de obtención de huevos por masaje abdominal es fácil cuando se tiene cierta experiencia y basta palpar un poco a las hembras para saber si todo está OK. De la primera hembra obtuvimos algo más de medio litro de huevos con un aspecto increíble. El siguiente paso era escoger un macho y frotarlo para que expulsara el esperma y así poder hacer la fecundación. Tanto el periodista como el fotógrafo pusieron cara de medio asombro y de seguida se aproximaron para ver como lo íbamos a hacer. Les dijimos que no se aproximasen tanto, estaban a apenas un palmo del pez, que en ocasiones podría salir el chorro de esperma proyectado. No hicieron caso y querían una foto de calidad.
Sacamos el macho y lo pusimos en la mesa. Habitualmente tras las primeras gotas de esperma, que solían desecharse ya que podían estar sucias con algo de urea, usábamos una jeringa con la que recolectar el esperma y así mantenerlo limpio y aislado. Pero ese día y con los dos periodistas tan cerca, tan cerca, tal vez se nos olvidó el procedimiento, tal vez apretamos algo más de lo normal, tal vez, sólo tal vez.
El chorro de esperma fue tremendo, hasta nos sorprendió a nosotros. Uno fue directo a la cara del periodista el otro al objetivo de la cámara del fotógrafo.
Nosotros estábamos acostumbrados, era habitual que nos pasase, pero no fue así para los periodistas y ambos pusieron cara de desconcierto y cierto asco. No pasa nada, les dijimos es sólo agua. Pero no parecía que les convenciese mucho.
Seguimos con el proceso, fecundamos los huevos, esperamos a que los huevos fecundados se separasen, eliminamos los malos y los desinfectamos adecuadamente antes de pasarlos a los tanques de incubación con agua limpia, filtrada y pasada por Ultravioleta, a la temperatura correcta.
Qué gran trabajo habíamos hecho y que magnífico reportaje esperábamos de estos grandes profesionales de la difusión. Cuando esto viese la luz de bien seguro directos al estrellato.
Pasaron unas semanas y se publicó el artículo. Bueno, no estaba mal. Eran 10 páginas con multitud de fotos y un amplio análisi de la situación, lo titularon: “Cultivar los mares”. Prometía. Fuimos buscando nuestra participación, ilusionados. Pasaban las páginas, vaya, no nos encontrábamos, ajá, finalmente aparecimos en la última página, en una subsección justo antes de acabar, a saber “Celestinas para rodaballos”. Original sí, pero parecía que cierta inquinia se vislumbra entre las líneas y el lugar al que nos habían relegado era definitorio. El inicio era de merecer, vale la pena recordarlo: “La cría del rodaballo, ese pez estrábico que se parece al actor cómico Marty Feldman después de que una apisonadora le haya pasado por encima,…” ¡Uf, qué mala hostia!
Continuaba hablando de “sementales”, no es que fuera malo sólo que descontextualizado y aquello que la “… fecundación in vitro, tendrá lugar en un bote” acabó de echar por tierra nuestro prerstigio.
Llegados a este punto entenderán nuestra desilusión cuando en el artículo nos vimos tildados de vulgares “mamporreros” de rodaballos. ¡Qué poca sensibilidad!