Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Que vienen los chinos

Ilustración: The Monster Susón Aguilera
Dicen los de la embajada de Madrid que está confirmado, que vendrán seis chinos con el agregado. Está previsto que lleguen el martes. Vienen de visitar a todas las empresas del norte y que traen mucha pasta. Que hablan poco inglés y que son muy cabezones
China había despertado. En apenas una decena de años se había puesto a la cabecera de los países productores mundiales de acuicultura y ahora querían más. China se les quedaba pequeña. ¿Una paradoja? No, la realidad.
El agregado de la embajada hizo las presentaciones. De entre todas las personas de la delegación alguien debía mandar y ser el decisor, pensábamos, pero daba la impresión que los seis hacían exactamente lo mismo y que por tanto deberíamos descubrir si el poder de decisión iba a ser individual o colectivo. Viendo como actuaban seguro que iba a ser muy complicado. El proceso de decisión aparentemente nacía en el individuo, lo que no estaba claro era en cuál, pero lo que era evidente es que debía converger en el grupo. Tras un tiempo de desconcierto e incomprensión se decidieron a dirigirse, finalmente, a nosotros.
Cuando empezaron a hablar de millones se nos iluminaron los ojos. Cuando entendimos que hablaban de toneladas se nos turbó la vista. Cuando dijeron que qué iban a hacer ellos con esos peces tan pequeños nos descolocaron. Cuando dijeron que el peso más pequeño que aceptaban era un kilo creímos que se burlaban. Cuando se dieron la media vuelta para marchar nos dejaron atónitos. ¿Es eso una pedorreta?
Siete semanas atrás nos habían contactado de la embajada y nos preguntaron si podíamos atender a una misión de negocios de empresarios chinos dedicados a la acuicultura interesados en comprar varios millones de rodaballos. Dijimos que sí, que por supuesto.
Cuando nos preguntaron si éramos capaces de producirlos… Dijimos que sí, que por supuesto.
Cuando nos preguntaron si éramos capaces de enviarlos a China y que llegasen vivos… Dijimos que no teníamos experiencia, pero que lo habíamos hecho con otras especies y que con un par de pruebas podríamos ajustar el procedimiento y garantizar el resultado, que con dos semanas bastaba y que como faltaban siete para la visita.
Cuando nos preguntaron que si podíamos doblar el número de peces, ya que interesaba mucho a los diferentes empresarios… Dijimos que había que hacer cambios, modificar la programación, reordenar los stocks pero que si se firmaba un contrato y se hacía un pago por adelantado, estábamos en condiciones.
¿Y triplicar?... También. Pero no, más no a no ser que construyamos una planta nueva y que eso no se podía hacer en siete semanas por mucho que se empeñasen los chinos. Que ellos, tal vez, pero que nosotros no. Seguro. ¿Seguro…? Sí. Seguro.
Cuando nos preguntaron que si en siete semanas, a empezar desde el día que se confirmase, podíamos enseñarles los millones que querían… Dijimos que estarían pequeños pero que por millones no iba ser. Además teníamos previsto iniciar un lote de producción y eso no iba a ser ningún problema.

¿Por qué nadie mencionó que los querían de kilo cuando nosotros éramos un centro productor de alevines? Seguro que son cosas del idioma.