Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

martes, 11 de noviembre de 2014

Gossip

Ilustración: el MacNífico Susón Aguilera
“Gossip” (ˈgɒsɪp): Chismear, cotillear, chismorrear.
Tal vez en inglés tenga algunas otras definiciones especialmente relacionadas con el mundo del famoseo y la farándula. Pero lo dejaremos ahí. Por ahora.
Mi Mac Classic de 1990 era una auténtica maravilla. De líneas simples y blanco roto. Ligero y elegante. Daban ganas de quererlo. Se entiende que fuese el objeto seleccionado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York para representar la revolución que supuso Macintosh en el mundo de las formas de los aparatos con los que interactuamos a diario.
Su Motorola 68000 a 8 MHz ronroneaba como un gatito casero. El sistema operativo 6 hacía de todo. Era el perfecto multi-tarea. Algunas veces se encallaba un poco, es normal estaba empezando el MultiFinder y no es que tuviera mucha memoria virtual, pero desde luego tenía más que yo. Que la pantalla fuese de 9 pulgadas (23 cm) y monocroma con una resolución de 512 x 342 pixeles no hacía más que incrementar su encanto. Había intimidad.
Aunque tuvo muchas críticas por ser lento y disponer de un solo slot de expansión, lo que es cierto es que como procesador de textos, hoja de cálculo y base de datos chutaba que se las pelaba.
Archivo. Abrir. Guardar. Guardar como…
Más que ranura para los discos de 3’5 pulgadas tenía una boca por la se comunicaba contigo. Siempre abierta y expectante. No era un sonrisa, pero casi.
Con este extraordinario aparato se controlaba toda la producción. Uno tenía la sensación de ser poseedor de un don que, junto con el del control de la información y la predicción de los resultados, te hacía ser el amo del mundo, bueno, de tener la sartén por el mango, vamos, de ser imprescindible. Por lo que cuando no cuadraban los números… era evidente que algo había sucedido.
Archivo. Nuevo. Guardar como…
Los tres primeros meses fueron maravillosos. Los muestreos de crecimiento de la población confirmaban que el modelo matemático aplicado a las hojas de cálculo rozaba la perfección. Daba gusto ver aparecer en la pantallita del Mac que los objetivos eran sencillamente demasiado fáciles de conseguir. Por supuesto que esto no lo decíamos, tan sólo hacíamos mención al buen uso de la información, a un adecuado análisis y sobre todo al tiempo extra que nos facilitaba un aparato tan soberbio para poder hacer mejor las cosas y “rizando el rizo” prever sin duda alguna lo que iba a pasar.
Por eso cuando a los seis meses tocó vaciar la primera piscina para vender toda la producción y hacer recuento en número y peso, es decir de la biomasa que se había generado, y las cosas no salieron como el modelo preveía… se llegó de inmediato a la conclusión de que alguien había introducido mal los datos, ya que el Mac era infalible y el modelo el mejor. Sólo yo había introducido los datos. Era evidente quién era ese alguien.
Archivo. Abrir. Guardar.
La diferencia no es que fuese una barbaridad, se preveían unos 500 kg y habían aparecido unos 460 Kg. Un 20% de desviación. Algo perfectamente normal si los peces hubieran crecido menos o no se hubieran alimentado adecuadamente o hubiese pasado algún percance… no. Lo que sucedía era simplemente que faltaba un 20% de los peces. Evidentemente dedicamos un buen número de horas a revisar los datos. Comprobar que la información introducida coincidía con los registros en papel y por supuesto que las fórmulas introducidas eran las adecuadas, no fuese que un “por” por un “mas” o un “menos” mal puesto o una fecha mal picada estuviese alterando los resultados.
Nada. Todo era de una solidez tremenda y nada hacía pensar que hubiese errores. ¿A ver si este Mac no es tan bueno como dicen…?
Buscar archivos… Abrir. Propiedades. Guardar.
Seguimos trabajando en la mejora del modelo. Incorporamos alguna modificación que el Mac recibía con gusto. De seguida la hacía suya y pasaba a ser como de toda la vida. Puesto que el modelo empezaba a ser complejo y era posible que, por error, alguno de los usuarios no habituales pudiera generar, digamos… un trastorno, hicimos algunos arreglos de seguridad.
Archivo. Abrir. Propiedades. Contraseña. Confirmar contraseña. Guardar como…
Ahora sí que estaba todo bajo control y qué robustez. Aquello era la caja fuerte del conocimiento productivo hecho a imagen y semejanza del mejor banco suizo.
Precisamente por eso cuando finalizó el primer ciclo de producción y en todos y cada uno de los tanques recolectados para la venta sucedía exactamente lo mismo, es decir que faltaba un número de peces que equivalía al 20% de la biomasa prevista y con una regularidad y exactitud sorprendente, no quedó más remedio que pensar que el “puto” Macintosh era una baratija que no servía para nada. Fue fácil decirlo y casi imposible demostrarlo. Los recelos eran crecientes y el poder ya no estaba en el conocimiento sino en la cuenta de resultados y esta era muy poderosa. Empezaron a vislumbrase ciertos ultimátuns…
Archivo. Abrir. Propiedades. Contraseña. Fecha de creación. Autor. Última modificación… “cursor intermitente”.
¿Qué extraño? Casi todos los ajustes de crecimiento coinciden en el día de la semana y en la hora. Hum… ¿dónde me encontraba yo?
Había que hacer algo. Sobre todo después que la policía de aduanas se presentase en el centro de producción y procediese a detener a un empleado por tráficos de sustancias que poco tenían que ver con las propias de la piscifactoría. Incluyendo el almacenaje de una cantidad considerable de gasolina de alta graduación y un par de motores de 500 caballos. Evidentemente la planeadora amarrada en la entrada hacía alguna otra función que la de pesca recreativa.
Por supuesto el hecho que, en el mismo momento en el que se procedía a la detención, otra planeadora entrase en la instalación a casi 60 nudos de velocidad, perseguida por la policía de aduanas, se metiese casi 50 metros en tierra, llegase casi hasta el parking y saltase el piloto gritando el nombre del incauto: “Eh, tú, cabrón como no te…” y a pleno pulmón respondiera el perseguido en referencia al recién detenido: “Corre, corre, carallo”. Nos hizo llegar a la conclusión que algo pasaba.
Pero, siendo objetivos ¿qué tenía que ver todo esto con la falta de biomasa? ¿Cómo se relaciona el tráfico de sustancias que poco tenían que ver con las propias de la piscifactoría con la falta de estoc? ¿Por qué desde la detención del empleado no faltaban peces? ¿Cómo no fui capaz de prever esa variante e introducirla en el modelo que tan bien soportaba el Mac?
Clic. Buscar archivos históricos. Abrir. Propiedades. Seguimiento. Guardar.
Nada más sencillo que poner en marcha una campaña de chismorreo y cotilleo. Que si se ha visto a alguien rondar por el despacho en los días señalados, que si coinciden las horas… “Si, si, pero es que hay líos de faldas. Ya, pero esos se ven en otro sitio”, dijeron. Que si faltan albaranes de venta. Que si se ha consumido algo más de hielo. ¿Dónde están las cajas que faltan? “Ahí, ahí es donde se ven y es que es posible que con el ímpetu hayan roto algunas… ya se sabe, tanta fogosidad”. Risas por lo bajo. Suspicacias y puro chismorreo.
Nuevo archivo.
 “A tomar por culo”
No guardar.
“Que dice la dueña del restaurante “Axunta Branca” que qué hay de su pedido, de ese que va a menor precio y que llega todos los jueves a última hora. Que vaya horas raras. Que es fin de semana y que no va a vender nada. Ah, y que tiene una boda”.
¿Alguien sabe dónde están los tortolitos?
Archivo. Borrar todo. Confirmar. Apagar.
Este Mac no sirve para nada. Mierda de aparato. Éstos, seguro que no venden nada. Mejor que se dediquen a los teléfonos.