martes, 28 de octubre de 2014

Vacúnemelas de lo que sea

Ilustración: P.A.Dros y Z. Arza sucumben a Susón Aguilera
Hacía tiempo que el gin de Mahón servido en frascos para la obtención de muestras de orina (vamos de los de hacer pipí de toda la vida) se había convertido en la única manera de sobrellevar, más bien de soportar, la hecatombe que el brote de pasteurella nos estaba produciendo.
En poco más de una semana habíamos perdido el ochenta por ciento de la producción y era tan dolorosa la imagen de las larvas girando en torno a sí mismas, hacer una virulé y volver a girar para al cabo de unos segundos caer muertas al fondo del tanque, que empezamos a no querer verlo. Toda la ilusión del trabajo bien hecho se desvanecía en la nada más absoluta. Era tremendamente doloroso, pero lo peor era la impotencia y el desconocimiento de qué es lo que había provocado algo tan atroz.
Hasta tal punto dolía que decidimos aceptar nuestra ignorancia y recurrir a lo que fuese para parar la hemorragia. Apenas si nos quedaba sangre y empezábamos a notar una debilidad rayana en la anemia.
En realidad daba casi igual la causa o el posible error de procedimiento que había hecho que una instalación modélica como la nuestra, perfecta (bueno, casi perfecta, era obvio) en cuanto a gestión sanitaria, de golpe, sucumbiese al demoledor efecto de esta bacteria. Algo tan pequeño. Maldita sea.
De haber sido creyentes lo habríamos asociado con alguna de las plagas bíblicas, sólo que esta era real.

viernes, 3 de octubre de 2014

Ciencia por aproximación

Ilustración: The incredible Susón Aguilera
El tutor había citado a los padres de Germán a las cinco de la tarde para hablar del rendimiento académico de su hijo. Les había hecho saber que estaba preocupado ya que, sin saber exactamente por qué, Germán tenía una actitud desconcertante en su asignatura, matemáticas.
A las cinco en punto entraban por la puerta de su despacho. Una sala sencilla de un instituto medio, de un pueblo medio, de una España media. El profesor empezó tranquilizándolos, Germán era un alumno excelente, educado, con un comportamiento ejemplar, considerado con sus compañeros y con los profesores, proactivo en clase y siempre atento. Se diría que incluso tenía un punto extra por encima de la media de la clase, pero… eso era precisamente lo que le preocupaba.
Los padres le miraron con expresión de no entender absolutamente nada, no por el hecho de tener quejas de su hijo, jamás se habían producido y sabían que era buen alumno, ellos se habían preocupado y esforzado por que fuese así. Por lo tanto, ¿a qué venía ese “pero” ?, ¿por qué se veía tan contrariado a un profesor con un alumno, digamos, de los que gusta tener en clase?

El profesor les dijo que no tenía ninguna duda de la capacidad de compresión de su hijo. Les comentó que estaba convencido que entendía a la perfección las nociones y que era capaz de asociar perfectamente los enunciados de los problemas y vislumbrar de inmediato las soluciones, “pero…