viernes, 25 de julio de 2014

Viajes milagrosos (Forin' guan)

Ilustración: Susón Aguilera
Quedaban apenas unos 10 mililitros de benzocaína, el potente anestésico que usábamos para mantener a los peces sedados y así hacer que el consumo de oxígeno bajase. Sólo quedaba medio ranger. Apenas 12 horas de suministro. Estábamos a mitad de camino con destino Madeira y si todo iba bien al menos necesitaríamos unas 20 horas.

Luismi, atónito, miraba el desastre. Por fortuna había salido ileso del percance. El camión volcado en mitad de la carretera cerca de Luarca. Cien mil rodaballos esparcidos por el suelo. La Guardia Civil intentaba componer el tráfico y algunas decenas de personas se agolpaban ante el espectáculo.

1460 peces vivos. Ese era el recuento final de los más de 140.000 que habían empezado el viaje a Canarias. El perito del seguro miraba de arriba abajo al compresor instalado en la parte baja del camión atado con unas fuertes poleas. Miraba el humo que salía, lo olía, parecía que no acabase de creerse que ahí estuviese la causa del desastre.

Las hermanas Ellinikes estaban intentando explicar a su padre, el Sr. Ellinikes, que los peces eran demasiado pequeños, que la idea de llevar más de un millón y medio, aunque supusiese un extraordinario ahorro en el coste de transporte, en realidad, no iba a suponer una gran mejora. Demasiados peces en la misma cesta. 

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(Gracias a Enrique Haro y Fernando Torrent por hacerme recordar algunos "pequeños" detalles. Un poco de esta Historia se lo debo a ellos, pero sin duda alguna el protagonista, el verdadero protagonista es Gerardo Ceballos, maestro de maestros. Pionero y genio del transporte de peces en Europa)

martes, 8 de julio de 2014

La tortura del fin de semana

Ilustración: Susón Aguilera
Cuando en 1949 Edward A. Murphy Jr. harto de fracasar con sus cohetes dijo aquello “si algo puede salir mal, saldrá mal”, se olvidó de añadir que fuera lo que fuese que sucediese este hecho se produciría, inexorablemente, en fin de semana o víspera de fiesta de guardar. Que iba a suceder, lo sabíamos. No es que tuviésemos una actitud pesimista es que nos habíamos resignado a que pasase y vaya si pasaba. Lo que nunca podíamos ni imaginar era lo que iba a suceder. 

Eran las 17:00 horas del viernes, estábamos recogiendo para marchar a casa y disfrutar de lo que prometía ser un fin de semana tranquilo tras una semana intensa pero muy fructífera. Desde la oficina, Titina nos llamó con urgencia. Acababa de entrar un fax procedente de la Consejería. Malo, nadie en la Consejería trabajaba un viernes por la tarde, a no ser que…

En su encabezado se indicaba: “Muy urgente” y se especificaba que al día siguiente, a las 9:00 de la mañana, nos iban a realizar una inspección de urgencia junto con las autoridades sanitarias y otros organismos de ámbito nacional.


El motivo de la inspección era una alerta que había salido desde la oficina de la Agencia Española de la Seguridad Alimentaria, pero que venía directamente de la Red de Alerta Comunitaria Europea y que afectaba al pienso fabricado por una empresa muy conocida (GÜEWOS) de la que éramos clientes. A las autoridades les constaba y así era, que habíamos adquirido varios lotes. Cierto, eso siempre se especificaba en los documentos de importación y además era de declaración obligatoria. Buena trazabilidad.


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