Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

jueves, 24 de abril de 2014

Nada como una madre

Ilustración: Susón Aguilera
-¡Siguienteee…!
-Yo, yo misma, que la señora Petra ya está atendida.
-Buenos días señora Antonia, ¿qué le pongo?
-Buenos días Patro. Ya sabes, lo de siempre, de las de mi hijo.
-Reina, ¿has visto que bacaladillas?
-No, Patro, de esas, de las que hace mi hijo.
-¿Y los jureles, señora Antonia? Mire, que parece que acaban de salir del mar.
-Que no Patro, que quiero de las de mi hijo, que yo no me fio, que yo sé que es lo que él hace y es una maravilla, que lo he visto. ¿Serán frescas, verdad?
-Sí, eso sí reina, frescas sí que son que me llegaron esta misma mañana de Noruega.
-Pero Patro, si mi hijo trabaja en Santander, ¿cómo van a venir las doradas de Noruega?

viernes, 11 de abril de 2014

El síndrome del puto calamar

Ilustración: Susón Aguilera
Despuntaba el alba a doscientas millas de la costa Argentina muy cerca de las Islas Malvinas y justo en el límite de su zona de exclusión económica. En ese mismo instante y bajo una luz intensa y cegadora, unas trescientas embarcaciones “poteras” se encuentran a la espera de lanzar sus artes de pesca. Miles de líneas cargadas con centenares de anzuelos, dispuestos ordenadamente, para la captura de una gran parte de las casi cincuenta mil toneladas de calamar que esperan coger en esta campaña.

Es tan intensa la luz que desprende esta congregación de barcos que, ese punto concreto del océano, se puede distinguir perfectamente desde el satélite que la NASA tiene rondando por la zona. Las malas lenguas dicen que está operativo desde lo de la guerra con Inglaterra, allá por el ochenta y dos. Aunque cada año es lo mismo, llegado el momento, vuelven a enfocar la zona, como si no se fiasen.