Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

lunes, 13 de enero de 2014

La infancia de la almeja


Ilustración: Jesús Aguilera

¿Pueden sobrevivir las semillas de almeja y ostra en vuelos comerciales? Aunque no lo parezca, ésta, es una pregunta habitual si nos remontamos a finales de los 80. Éramos muy curiosos, éramos inocentes, tal vez incluso naif. No es una barbaridad, es que era una incógnita real vinculada al general desconocimiento que de casi todo existía, y existía mucho desconocimiento. ¿Tanto como para llevar en el bolsillo unas cuantas semillas de almeja y ostra y observar si podían aguantar los cambios de presión en un vuelo comercial?, pues sí. Ya, seguramente os preguntaréis si es que los aviones de esa época no se encontraban presurizados, pero ¿acaso no hemos dicho que lo desconocíamos casi todo? Además, no había una internet donde consultar y obtener de manera casi inmediata que “la presurización de la cabina se basa en la creación de un ambiente artificial dentro del avión, que se conoce como altitud de cabina, y que viene a simular la presión atmosférica existente a unos 7.000 pies”. ¿Acaso era fácil disponer de un manual de asistencia de vuelo? No, no se nos ocurrió llamar a Iberia o a la escuela de pilotos.

7:00 a.m., unos 50 g. de almejas y otros tantos de ostra de 10 a 15 mm estaban tranquilamente en el criadero, en una malla de 10 mm con agua de calidad y a temperatura ambiente, no más allá de 8ºC. Fresca. Después de quitarles el agua extra, con mucho cariño, las pasamos a una bolsita hermética y directamente al bolsillo de la americana, para evitar humedades, más que otra cosa.

8:30 a.m., llegamos al aeropuerto, entonces no hacía falta tanto tiempo previo, no había que pasar tantos controles, si hasta dejaban que llevásemos líquidos en abundancia, así que dos bolsitas de bivalvos en la americana no eran nada, a nadie llamaba la atención, ahora no recuerdo pero creo que todavía se podía fumar en los aviones.

9:30 a.m., dentro del avión, acomodados, las azafatas (todavía no eran auxiliares de vuelo) indican el procedimiento, tocamos con cuidado el bolsillo de nuestra americana para comprobar que nuestros compañeros estén bien colocados y echamos un vistazo previo para ver que todo está tal y como esperamos, frescas, relucientes, a temperatura corporal, las gotitas de agua empiezan a condensarse en las bolsas, bien, esto debe ser bueno, claro.

10:00 a.m., se inicia el despegue, notamos la tracción del avión e inmediatamente el cosquilleo de la elevación, echamos mano al bolsillo, no, no notamos que protesten. Se alcanza la altura de crucero y todo parece normal. Pasan unos minutos y ya nos están ofreciendo café y pastas y hasta algún que otro bocadillo, y eso que el vuelo duraba una hora y treinta minutos, ¡ay! que trato entonces, casi nos olvidamos que lo importante era otra cosa.

10:45 a.m., alrededor de 35.000 pies (algo más de 11.000 mts), algunas turbulencias ligeras seguidas de lo que se conoce como “light chop”, esos saltitos que nos alertan pero sin llegar a inquietar, pero que son lo suficientemente llamativos como para pensar en nuestros compañeros de bolsillo, nada, todo controlado, tal vez una mayor condensación en las bolsas, normal, la temperatura del avión es tal vez elevada y hasta se diría que hace un poco de calor. El comandante alerta que tal vez en los próximos quince minutos se produzcan turbulencias severas, que nos pongamos el cinturón, ¿tal vez dijera apaguen los cigarrillos? Qué gran momento, hasta con turbulencias, claro que iba a ser un gran banco de pruebas.

11:35 a.m., el avión llega puntual y toma tierra sin contratiempos. Notamos que nuestro corazón se acelera, estamos a punto de culminar el reto y lo más importante en breve sabremos si todo ha salido como esperábamos. Salida del avión con normalidad, no hay maletas, todo va rápido. Un último vistazo a las bolsitas, no se ve nada, todo está empañado, si, tal vez hacía más calor de lo que imaginábamos, bueno, mejor, más variables en el ensayo.

12:30 p.m., hemos llegado a la nave industrial, está cerca del aeropuerto, apenas a 15 minutos en coche, donde está la cetárea con la que trabajamos, nos ha preparado un pequeño acuario con agua de mar que hasta tiene arena en el fondo para observar, caso que así sea, si las almejas se entierran, ya que las ostras no gustan mucho de eso, más bien son de pegarse a algo, para ello, una bolsita de malla hará las funciones. ¿Qué tal todo? Bien, bien, algo de turbulencias, si, si, ya se sabe, esta ruta, siempre, no sé por qué pero en cuanto… Oye, vamos que a las 15:00 cojo el avión de vuelta.

13:30 p.m., que gran satisfacción, casi todas la almejas se han enterrado, no salimos de nuestro asombro, apenas quedan unas pocas en superficie, y las ostras están con las valvas a medio abrir, fantástico. Un éxito absoluto, no hay problema las semillas se pueden enviar por avión.

15:30 p.m., esperando a tomar el avión de vuelta tengo la sensación de haber hecho algo grandioso.

Por cierto, con los años he podido ver que no fuimos los únicos a los que se les ocurrió esta idea, ni mucho menos, así que aquellos que pretendan…