domingo, 28 de diciembre de 2014

Higia populi, salus pecoris

Ilustración: The Huge Susón Aguilera
La campaña de Navidad venía calentita. Rosa Mari estaba a punto de declararse en huelga y amenazaba con no entrar, bajo ningún concepto, en esos baños asquerosos. Nos dio un ultimátum: “Yo no limpio eso”.
Con el objetivo de contribuir a calmar los ánimos, decidimos iniciar una campaña de concienciación y educación. Queríamos que fuese divertida y sensibilizadora pero al tiempo dura y directa. Resulta evidente que hay muchas maneras de hacer esto, pero ¿por qué no con poesía?
Ante este reto y aprovechando la Navidad porque hay cierto relajo y permisividad empezamos la campaña: “Me gusta mear en seco ¿y a ti?” que consistió en colocar pequeños poemas a la altura de los ojos en los urinarios y de un tiempo de lectura aproximado a una meada estándar. 
El objetivo era que fuese obligatoria la lectura durante el proceso de aliviado y que sirviese de acto reflexivo.
Para ilustrar a los lectores presentamos un ejemplo:

Vuelve... por Navidad
Como todos los años por estas fechas
recordamos a los participantes
que no estamos mejor que antes
y que hay que dejar las cosas bien hechas.
Existe y persiste el cruel empeño
de no imitar a los grandes tiradores
haciéndonos todos nosotros poco valedores
y al entrar en este lugar arrugar el ceño.
Del Parkinson pasamos a la demencia senil
del no apuntar, al quita que te doy
del que no limpio, al aparta que me voy
y del buen comportamiento, al comportamiento vil.
Y no es que se nos vaya en ello la dicha
seguramente no somos siquiera conscientes
seamos de este santo lugar buenos comparecientes
y que al apuntar no se nos mueva la picha.


martes, 16 de diciembre de 2014

Pienso, luego como piedras

Ilustración: The Onyx Susón Aguilera
Cuando entró el primer saco del nuevo pienso compuesto en la granja a todos se nos iluminó la cara. Por fin íbamos a poder desterrar la máquina choricera de pienso semi húmedo, por fin íbamos a descartar el pescado congelado, por fin íbamos a conseguir que todos los peces comiesen igual y de forma equilibrada. Por fin.
No es que se produjese una gran desilusión cuando lanzamos unos pocos granos del saco recién abierto y a un pez casi le sacamos un ojo cuando uno de los granos impactó con él. No es que ver rebotar los granos en el suelo como si tirásemos piedras a un estanque fuese lo que más nos gustase. No es que los animales huyesen en desbandada hacia las esquinas del estanque al sentirse atacados. No. Es que los pocos peces que se atrevieron a probarlo, la mitad lo escupieron y la otra mitad casi se ahoga al no poder tragarlo. Uf. No pintaba nada bien.
A los pocos días llegó el técnico en nutrición y nos dijo que lo hacíamos mal, hay que decir que lo miramos con recelo. Tal vez podía haber dicho que no lo usábamos adecuadamente o que venía para ayudarnos a implementar un proceso de distribución del alimento eficiente o tal vez que todo cambio requiere su proceso de ajuste y aprendizaje. Pero no, simplemente dijo que lo hacíamos muy mal. Uf, uf. Esto no pintaba bien. Del recelo pasamos al odio.
Para que los peces pudieran apreciar las verdaderas cualidades y características del maravilloso pienso que acaban de inventarse debíamos mantener este pienso sumergido en agua 24 horas antes de su administración a una temperatura tibia y sin luz.
Uf, uf, ufff. Esto no pintaba nada bien. Del odio pasamos a querer matarlo.
Continuó insistiendo. Que una vez lo haya degustado, en dos o tres semanas podemos bajar el tiempo en remojo a 12 horas y que al cabo de seis meses ya lo comerían tal cual. Eso sí, si quedaba alguno vivo. Explosión y expulsión a patadas. Hasta que no haya un pienso mejor ni se os ocurra venir, ¡capullo!
“¿Qué hacemos ahora con todo este pienso?” Tras lanzar la pregunta nos quedamos pensativos.
Pasaron unos segundos y dijo unos de los trabajadores de la granja: “Me voy a llevar una muestra y se la echo a los cerdos que esos se lo comen todo
Volvió risueño al día siguiente: “A los cerdos les encanta me lo llevo todo
Meses después tras la matanza: “Hay que ver lo bueno que ha salido el jamón. Tiene como un puntillo a… sí, a eso.”

viernes, 5 de diciembre de 2014

La pesca del langostino en Yemen. Una colaboración de José Manuel Vergara para Historias acuícolas

Cuando hace apenas un año que empezamos con esta aventura de “Historias acuícolas” no podíamos siquiera llegar a imaginar que íbamos a ser capaces de arrastrar a tant@s seguidor@s, cosa que sin duda agradecemos y nos llena de un gustillo inmenso, ¡que va! Pero tadavía imaginábamos menos aún que alguien quisiera colaborar en nuestra locura, tal vez por puro placer, tal vez porque hemos sido capaces de despertar cierto gusanillo o tal vez sólo porque sí. Mira aquí que a José Manuel Vergara le ha dado por hacerlo y sea por la razón que fuere nos regala una tremenda lección de historia contemporánea, claro, pasada por el tamiz de la acuicultura. Gracias amigo. Venga, sin más os dejamos con esta maravillosa colaboración, os dejamos con…

Ilustración: JM Vergara se las ve con Susón Aguilera
LA PESCA DEL LANGOSTINO EN YEMEN
(Una colaboración de José Manuel Vergara para Historias acuícolas)

Advertencia: Además del título, las únicas coincidencias de este historia con la novela del Paul Torday "La pesca del salmón en Yemen" (y posterior película con el mismo título de Lasse Hallström), son que ocurre en el mismo país y que la protagonizan científicos relacionados con peces, y que se ven involucrados en un proyecto en apariencia disparatado. La principal diferencia es que la presente historia es verídica, aunque no estoy muy seguro de que la de la novela no lo sea.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Que vienen los chinos

Ilustración: The Monster Susón Aguilera
Dicen los de la embajada de Madrid que está confirmado, que vendrán seis chinos con el agregado. Está previsto que lleguen el martes. Vienen de visitar a todas las empresas del norte y que traen mucha pasta. Que hablan poco inglés y que son muy cabezones
China había despertado. En apenas una decena de años se había puesto a la cabecera de los países productores mundiales de acuicultura y ahora querían más. China se les quedaba pequeña. ¿Una paradoja? No, la realidad.

martes, 11 de noviembre de 2014

Gossip

Ilustración: el MacNífico Susón Aguilera
“Gossip” (ˈgɒsɪp): Chismear, cotillear, chismorrear.
Tal vez en inglés tenga algunas otras definiciones especialmente relacionadas con el mundo del famoseo y la farándula. Pero lo dejaremos ahí. Por ahora.
Mi Mac Classic de 1990 era una auténtica maravilla. De líneas simples y blanco roto. Ligero y elegante. Daban ganas de quererlo. Se entiende que fuese el objeto seleccionado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York para representar la revolución que supuso Macintosh en el mundo de las formas de los aparatos con los que interactuamos a diario.
Su Motorola 68000 a 8 MHz ronroneaba como un gatito casero. El sistema operativo 6 hacía de todo. Era el perfecto multi-tarea. Algunas veces se encallaba un poco, es normal estaba empezando el MultiFinder y no es que tuviera mucha memoria virtual, pero desde luego tenía más que yo. Que la pantalla fuese de 9 pulgadas (23 cm) y monocroma con una resolución de 512 x 342 pixeles no hacía más que incrementar su encanto. Había intimidad.

martes, 28 de octubre de 2014

Vacúnemelas de lo que sea

Ilustración: P.A.Dros y Z. Arza sucumben a Susón Aguilera
Hacía tiempo que el gin de Mahón servido en frascos para la obtención de muestras de orina (vamos de los de hacer pipí de toda la vida) se había convertido en la única manera de sobrellevar, más bien de soportar, la hecatombe que el brote de pasteurella nos estaba produciendo.
En poco más de una semana habíamos perdido el ochenta por ciento de la producción y era tan dolorosa la imagen de las larvas girando en torno a sí mismas, hacer una virulé y volver a girar para al cabo de unos segundos caer muertas al fondo del tanque, que empezamos a no querer verlo. Toda la ilusión del trabajo bien hecho se desvanecía en la nada más absoluta. Era tremendamente doloroso, pero lo peor era la impotencia y el desconocimiento de qué es lo que había provocado algo tan atroz.
Hasta tal punto dolía que decidimos aceptar nuestra ignorancia y recurrir a lo que fuese para parar la hemorragia. Apenas si nos quedaba sangre y empezábamos a notar una debilidad rayana en la anemia.
En realidad daba casi igual la causa o el posible error de procedimiento que había hecho que una instalación modélica como la nuestra, perfecta (bueno, casi perfecta, era obvio) en cuanto a gestión sanitaria, de golpe, sucumbiese al demoledor efecto de esta bacteria. Algo tan pequeño. Maldita sea.
De haber sido creyentes lo habríamos asociado con alguna de las plagas bíblicas, sólo que esta era real.

viernes, 3 de octubre de 2014

Ciencia por aproximación

Ilustración: The incredible Susón Aguilera
El tutor había citado a los padres de Germán a las cinco de la tarde para hablar del rendimiento académico de su hijo. Les había hecho saber que estaba preocupado ya que, sin saber exactamente por qué, Germán tenía una actitud desconcertante en su asignatura, matemáticas.
A las cinco en punto entraban por la puerta de su despacho. Una sala sencilla de un instituto medio, de un pueblo medio, de una España media. El profesor empezó tranquilizándolos, Germán era un alumno excelente, educado, con un comportamiento ejemplar, considerado con sus compañeros y con los profesores, proactivo en clase y siempre atento. Se diría que incluso tenía un punto extra por encima de la media de la clase, pero… eso era precisamente lo que le preocupaba.
Los padres le miraron con expresión de no entender absolutamente nada, no por el hecho de tener quejas de su hijo, jamás se habían producido y sabían que era buen alumno, ellos se habían preocupado y esforzado por que fuese así. Por lo tanto, ¿a qué venía ese “pero” ?, ¿por qué se veía tan contrariado a un profesor con un alumno, digamos, de los que gusta tener en clase?

El profesor les dijo que no tenía ninguna duda de la capacidad de compresión de su hijo. Les comentó que estaba convencido que entendía a la perfección las nociones y que era capaz de asociar perfectamente los enunciados de los problemas y vislumbrar de inmediato las soluciones, “pero…

jueves, 18 de septiembre de 2014

A contar “rotíceros” (The director’s cut)

Ilustración: The big one Susón Aguilera
Me duele confesarles queridos lectores que en esta última historia han sido engañados, por mucho que se empeñen en hacer uso de la palabra responsabilidad y de que no existiese obligación, bla, bla, bla…

Me duele, y mucho, pues no es mi intención aquí atacar al autor ni desilusionar a sus seguidores. Pero ¿Qué tan amarga es la sensación de ser conocedor de la verdad y ver como a tu alrededor ésta es maltratada y deformada? Aunque la realidad fuese otra y esta era que la familia tenía que adaptarse a las necesidades, porque es que realmente teníamos mucha responsabilidad. Que ya lo he dicho antes, pero que es cierto.

Como comprenden mi sentimiento y no me gustaría dejarles con el amargor de desconocer la versión real, me dispongo inmediatamente a explicar los acontecimientos sucedidos hace tanto tiempo pero que, sin embargo, continúan en mi cabeza tal como los presencié en aquel momento. Tanto tiempo, tanto tiempo, si apenas han pasado 15 años. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

A contar “rotíceros” (The son’s version). Historia escrita por Miguel Aguilera.

Ilustración: El Inmenso Susón Aguilera
Es en general objeto de admiración la credibilidad del autor del blog, que goza la mayoría de veces de gran precisión en datos, fechas, etc. consiguiendo recrear una historia considerablemente fidedigna a lo que fue la situación real (eso sí, siempre viciada a causa de la común costumbre de entrecruzar subjetividad y verdad, a medida que pasan los años).

Pero, me duele confesarles queridos lectores que en esta última historia han sido engañados. Me duele, y mucho, pues no es mi intención aquí atacar al autor ni desilusionar a sus seguidores. 

Pero ¿Qué tan amarga es la sensación de ser conocedor de la verdad y ver como a tu alrededor ésta es maltratada y deformada? Sin duda ustedes la conocerán, pues presumo (dada la ilustre posición del blog) que la mayoría de lectores aquí congregados pertenecen a las más altas cúpulas en los campos de la ciencia y la economía.

Sin duda son ustedes propicios a sentir que todo el mundo se equivoca excepto uno mismo. Como comprenden mi sentimiento y no me gustaría dejarles con el amargor de desconocer la versión real, me dispongo inmediatamente a explicar los acontecimientos sucedidos hace tanto tiempo pero que, sin embargo, continúan en mi cabeza tal como los presencié en aquel momento.

Yo era por entonces un niño de 5 años, flacucho y miedoso, pero con una intuición y un intelecto más evolucionados que los otros niños de mi edad. No sé bien la razón por la que mi padre precisara mi ayuda a aquél día, pero seguramente sería debido a que algún técnico especializado había sufrido una indisposición y necesitaban urgentemente a alguien con capacidades excepcionales que pudiera realizar algún trabajo tremendamente complicado.

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jueves, 4 de septiembre de 2014

A contar “rotíceros” (The father’s version)

Ilustración: El Gran Susón Aguilera
Aunque no existía una obligación implícita y no estaba estipulado en nuestro contrato nos podía la responsabilidad. No sólo porque en ese momento estuviésemos en plena etapa de producción, no sólo porque nos estuviésemos jugando parte de la temporada del próximo año, no sólo porque de nuestro trabajo dependía el de otros muchos, no sólo porque todo el trabajo de una semana pudiera llegar a perderse en un par de días. Sólo era fin de semana y tocaba guardia. Nos podía la responsabilidad.

Cuando esto pasaba y pasaba a menudo era posible que los días se sucedieran uno tras otro, semana tras semana e incluso puede que mes tras mes. No es que la dedicación fuese absoluta, ni mucho menos, pero un par de horas de sábado y de domingo solían ser de lo más habitual y eran más que suficientes como para tener que adaptar el trabajo a la familia. La realidad era otra, al final siempre acababa siendo la familia la que se adaptaba y poco a poco pasaba a formar parte de ese espíritu de responsabilidad bien llevada.

Fue así como mi hijo Miguel, con cinco años recién cumplidos, pasó a formar parte de mi equipo de Control de Calidad.

Normalmente la organización del fin de semana solía empezar con el cambio de turno de los viernes por la tarde. Por delante algo más de dos días de trabajo en la que el personal disponible mermaba considerablemente pero no así las necesidades esenciales de una planta de producción tan compleja como la nuestra. En términos absolutos un fin de semana equivale al treinta y cinco por ciento de una jornada laboral completa semanal y si se compara con la cantidad de cosas que hay que hacer la fuerza humana desplegada apenas da para cubrir la mitad. Lo que es un merecidísimo y necesario descanso es una tortura a la hora de establecer una adecuada organización y cumplir con el convenio laboral.


viernes, 25 de julio de 2014

Viajes milagrosos (Forin' guan)

Ilustración: Susón Aguilera
Quedaban apenas unos 10 mililitros de benzocaína, el potente anestésico que usábamos para mantener a los peces sedados y así hacer que el consumo de oxígeno bajase. Sólo quedaba medio ranger. Apenas 12 horas de suministro. Estábamos a mitad de camino con destino Madeira y si todo iba bien al menos necesitaríamos unas 20 horas.

Luismi, atónito, miraba el desastre. Por fortuna había salido ileso del percance. El camión volcado en mitad de la carretera cerca de Luarca. Cien mil rodaballos esparcidos por el suelo. La Guardia Civil intentaba componer el tráfico y algunas decenas de personas se agolpaban ante el espectáculo.

1460 peces vivos. Ese era el recuento final de los más de 140.000 que habían empezado el viaje a Canarias. El perito del seguro miraba de arriba abajo al compresor instalado en la parte baja del camión atado con unas fuertes poleas. Miraba el humo que salía, lo olía, parecía que no acabase de creerse que ahí estuviese la causa del desastre.

Las hermanas Ellinikes estaban intentando explicar a su padre, el Sr. Ellinikes, que los peces eran demasiado pequeños, que la idea de llevar más de un millón y medio, aunque supusiese un extraordinario ahorro en el coste de transporte, en realidad, no iba a suponer una gran mejora. Demasiados peces en la misma cesta. 

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(Gracias a Enrique Haro y Fernando Torrent por hacerme recordar algunos "pequeños" detalles. Un poco de esta Historia se lo debo a ellos, pero sin duda alguna el protagonista, el verdadero protagonista es Gerardo Ceballos, maestro de maestros. Pionero y genio del transporte de peces en Europa)

martes, 8 de julio de 2014

La tortura del fin de semana

Ilustración: Susón Aguilera
Cuando en 1949 Edward A. Murphy Jr. harto de fracasar con sus cohetes dijo aquello “si algo puede salir mal, saldrá mal”, se olvidó de añadir que fuera lo que fuese que sucediese este hecho se produciría, inexorablemente, en fin de semana o víspera de fiesta de guardar. Que iba a suceder, lo sabíamos. No es que tuviésemos una actitud pesimista es que nos habíamos resignado a que pasase y vaya si pasaba. Lo que nunca podíamos ni imaginar era lo que iba a suceder. 

Eran las 17:00 horas del viernes, estábamos recogiendo para marchar a casa y disfrutar de lo que prometía ser un fin de semana tranquilo tras una semana intensa pero muy fructífera. Desde la oficina, Titina nos llamó con urgencia. Acababa de entrar un fax procedente de la Consejería. Malo, nadie en la Consejería trabajaba un viernes por la tarde, a no ser que…

En su encabezado se indicaba: “Muy urgente” y se especificaba que al día siguiente, a las 9:00 de la mañana, nos iban a realizar una inspección de urgencia junto con las autoridades sanitarias y otros organismos de ámbito nacional.


El motivo de la inspección era una alerta que había salido desde la oficina de la Agencia Española de la Seguridad Alimentaria, pero que venía directamente de la Red de Alerta Comunitaria Europea y que afectaba al pienso fabricado por una empresa muy conocida (GÜEWOS) de la que éramos clientes. A las autoridades les constaba y así era, que habíamos adquirido varios lotes. Cierto, eso siempre se especificaba en los documentos de importación y además era de declaración obligatoria. Buena trazabilidad.


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domingo, 15 de junio de 2014

El misterio de Ike’r Jimé’nez

Ilustración: Susón Aguilera
Barcelona. Mercabarna. Muelle de descarga del pescado. 4:45 de la madrugada. Bostezo.

La caja que estaban bajando del camión recién llegado de A Coruña no para quieta. Plaf, plaf, plaf, plafff. ¿Qué es eso? Pregunta uno de los asentadores extrañado ya que el marisco vivo solía descargarse en otro muelle y desde luego aquello no eran coletazos de una langosta. Hasta se alzaba la caja unos centímetros del suelo. “Venga abre”, le dijo su compañero. Sacó la navaja del bolsillo de su pantalón y cortó el precinto. Saltó por los aires la tapa, el plástico interior, una lluvia de trozos de hielo que casi le hirieron en la cara y el primero de uno de los rodaballos de más de cuatro kilos.

domingo, 25 de mayo de 2014

La dorada y el sexo

Ilustración: The Big One Susón Aguilera
Todos tenemos una identidad sexual que viene marcada desde la infancia por diversos factores (algunos dicen que desde la concepción, véase lo de las X e Y) aunque nos sea difícil saber cuáles han sido y qué es lo que ha determinado el sexo que manifestamos y que no siempre tiene por qué ser el que por azar de la genética nos ha correspondido. La Wikipedia que es muy lista, ella sola eh, ya que muchas de las personas que hay detrás no lo son en absoluto, nos dice que el término identidad sexual está compuesto por dos conceptos bien diferenciados: la identidad y la sexualidad. Vamos, de Perogrullo.
Profundicemos. Una cosa es el autoconcepto que cada individuo tiene, es decir lo que sentimos que somos independientemente de lo que seamos y otra muy diferente la identidad, que viene a ser más o menos lo mismo pero explicado de otra manera, pero que es como ser una cosa teniendo conciencia de otra. Está claro, ¿no?
Como vemos muy fácil de aplicar respecto a la naturaleza humana aunque se puedan generar algunos que otros conflictos con respecto a la identidad y peor aún respecto a la discriminación. Chuminadas. ¿Es que acaso no merecen vivir los psicólogos?
Está visto que nadie conoce a las doradas.

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Nota: “Esta entrada participó en la XI Edición del Carnaval de Humanidades, cuyo blog anfitrión es SCIENTIA”.

sábado, 10 de mayo de 2014

Pero mira como beben los peces en el río

Ilustración: Susón Aguilera
Recuerdo una noticia aparecida en la prensa salmón, la económica quiero decir, cuando uno de los grandes monstruos de la acuicultura griega pidió a “las partes interesadas que actuaran de buena fe”. Realmente lo que estaba implorando era (en respuesta a la Comisión Griega del Mercado de Capitales que estaba a punto de meterle un puro por falsificación de cuentas) que la comisión se creyese las auditorías que se habían realizado sobre sus activos biológicos, es decir, sobre los peces que decía tener en sus jaulas. Esto no es baladí, se estaban jugando la credibilidad ante sus principales inversionistas (los bancos) y la renegociación de su deuda, en esos momentos realmente asfixiante. El título del artículo era “Buscando los peces en las jaulas”.

La empresa encargada de la realización de la auditoría, de renombre y prestigio, después de lo que se consideró como “un trabajo profesional y serio” (y por el que seguramente cobró un pastón) vino a decir que “en el inventario no se encontraron desviaciones ni pequeñas ni grandes de lo que en los libros había registrado” y que lo que se decía de la empresa era por tanto “un bulo y pura especulación”. Ahí es nada, eso sí que es una auditora “profesional”.

Los activos biológicos de una empresa de acuicultura se evalúan a final de año por que hay que presentar su valoración ante diversos entes, tanto internos como externos, que son los encargados de velar por el buen devenir y mejor hacer de las empresas, garantizar el buen uso de los recursos y prevenir “actuaciones indeseables”. Evidentemente, cuanto más a final de año, mejor. Normalmente, las auditorías que incluyen el contaje de los peces de una instalación tipo para poder valorar adecuadamente las existencias, se hacían entre Navidad y Noche Vieja. Era una semana tremenda y de frenética actividad. ¡Coño, como que era Navidad!



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jueves, 24 de abril de 2014

Nada como una madre

Ilustración: Susón Aguilera
-¡Siguienteee…!
-Yo, yo misma, que la señora Petra ya está atendida.
-Buenos días señora Antonia, ¿qué le pongo?
-Buenos días Patro. Ya sabes, lo de siempre, de las de mi hijo.
-Reina, ¿has visto que bacaladillas?
-No, Patro, de esas, de las que hace mi hijo.
-¿Y los jureles, señora Antonia? Mire, que parece que acaban de salir del mar.
-Que no Patro, que quiero de las de mi hijo, que yo no me fio, que yo sé que es lo que él hace y es una maravilla, que lo he visto. ¿Serán frescas, verdad?
-Sí, eso sí reina, frescas sí que son que me llegaron esta misma mañana de Noruega.
-Pero Patro, si mi hijo trabaja en Santander, ¿cómo van a venir las doradas de Noruega?

La Patro había confundido las etiquetas. Tampoco es que tuviese mucho cuidado, sabía que las cajas solían tener pegados un montón de papeles, la mayoría decían cosas que casi no entendía y eso que llevaba más de veinte años en la pescadería del mercado del barrio. Había empezado con su madre, de bien pequeña. No había tradición marinera en su familia, sin embargo y por los vaivenes que tiene la vida, su vecina, Pepita, mujer de pescador y ya mayor, sin hijos y con pocas fuerzas para seguir tirando adelante con la pescadería le dijo a su madre, Patrocinio, que el pescado siempre era un buen negocio, que por una u otra razón la gente siempre lo comparaba y que daba para vivir, no para hacerse rica, pero sí para vivir confortablemente, que si le interesaba le traspasaba el negocio.

Su madre, que se veía que con cuatro hijos y un marido en la obra, se dijo que si no tomaba la iniciativa poco iban a tener y le dijo que sí, pero que no entendía de pescado. Pepita le dijo que eso se aprende, como todo en la vida, que se viniese con ella unos meses y que para cuando fuese el traspaso ya habría aprendido todo lo de la pescadería. Además el proveedor era un amigo de su cuñado, un hombre de fiar.

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Esta historia ha sido posible gracias a mi madre, sin duda alguna la mejor publicista de la historia de la acuicultura y también gracias a mis colegas del CREDA (Cristina y Chema) por la multitud de ideas aportadas a través de su estudio. Gracias.

viernes, 11 de abril de 2014

El síndrome del puto calamar

Ilustración: Susón Aguilera
Despuntaba el alba a doscientas millas de la costa argentina muy cerca de las Islas Malvinas y justo en el límite de su zona de exclusión económica. En ese mismo instante y bajo una luz intensa y cegadora, unas trescientas embarcaciones “poteras” se encuentran a la espera de lanzar sus artes de pesca. Miles de líneas cargadas con centenares de anzuelos, dispuestos ordenadamente, para la captura de una gran parte de las casi cincuenta mil toneladas de calamar que esperan coger en esta campaña.

Es tan intensa la luz que desprende esta congregación de barcos que, ese punto concreto del océano, se puede distinguir perfectamente desde el satélite que la NASA tiene rondando por la zona. Las malas lenguas dicen que está operativo desde lo de la guerra con Inglaterra, allá por el ochenta y dos. Aunque cada año es lo mismo, llegado el momento, vuelven a enfocar la zona, como si no se fiasen.

Esta actividad pesquera es de una importancia vital para la comunidad local ya que proporciona unos de los mayores beneficios económicos, sino el que más, de toda la temporada.


El calamar tiene muy buen precio y el mercado mundial no se sacia, de hecho, demanda cada vez más, lo que hace que la presión sobre su pesquería aumente y aumente. La mayoría de las toneladas que se capturan se ultracongelan directamente en alta mar y pasan, de forma inmediata, a los barcos congeladores industriales, de ahí a los distribuidores frigoríficos y a los pocos días, a los mercados de medio mundo.


domingo, 30 de marzo de 2014

El mejor amigo de Serafín

Ilustración: Susón Aguilera
Dejó caer con suavidad la pierna izquierda sobre el bordillo. El pie se encajó en el hueco exacto que apenas unos segundos antes había sido dejado por su mano izquierda, que ahora se alzaba quedando suspendida en el aire, etérea, unos centímetros más adelante. Se quedó clavado, inmóvil, sin un solo músculo relajado, era pura  tensión, el nivel de adrenalina disparado, la piel erizada. Pasaron unos segundos y la mano izquierda se apoyó sobre el suelo mientras la pierna derecha se levantaba lentamente, suavemente.

El espectáculo ante sus ojos adaptados a la penumbra era tentador, casi no podía contenerse. Su instinto le pedía a gritos lanzarse al agua y atrapar alguna de las apetitosas doradas que nadaban como locas en el tanque. Percibía que su presencia las alteraba y este hecho provocaba que nadasen muy rápido, frenéticas, con un punto de peligrosidad que las hacía inalcanzables, además, eran demasiado grandes para su tamaño. Esta situación se venía repitiendo noche tras noche durante las últimas dos semanas. 

Esa noche iba a ser diferente.

Nada más llegar y cambiarse, sin apenas decir buenos días a sus compañeros, Ramón fue directo al tanque de reproductores, sabía que algo pasaba con este lote y estaba francamente preocupado. Apenas hacía un mes que había empezado su período de puestas y estaban comportándose de maravilla, sin problemas, hasta que de repente habían dejado de poner, hacía ahora ocho días.

No dio crédito a lo que vio al abrir la puerta, todos los peces estaban muertos. Atónito miró a un lado y a otro como esperando encontrar una respuesta pero estaba solo. Se oía el dulce caer del agua en la superficie, monótona y tranquila. Había un silencio extraño, era el silencio de la muerte. La sonda marcaba 100% de saturación en la pantalla del controlador. Ni siquiera había pasado el tiempo suficiente como para que la alarma sonase.

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HISTORIAS ACUÍCOLAS Versión Kindle 


viernes, 14 de marzo de 2014

La dificultad aérea del rodaballo

Ilustración: Susón Aguilera
Cuando una empresa es propiedad de un banco y éste no entiende que los peces no se pueden guardar en cajas acorazadas como el dinero en efectivo, o que aunque computen como asientos contables en un listado de activos requieren de algunos elementos esenciales para su vida, suele ser difícil hacer que ese activo llegue vivo a fin de mes.

El Banco Galego de Aforro había decidido conceder un crédito a la propuesta de negocio que apenas un año antes había presentado un grupo de accionistas de la empresa O Rodaballo Galego. El proyecto era muy atractivo y no era el primero. Varias plantas dedicadas al engorde y venta de rodaballo de crianza ya estaban funcionando con un éxito considerable. Este tipo de negocios eran los que constituían la base principal del mercado de crédito y el BGA no quería quedarse fuera del negocio. Las condiciones de entrada pactadas eran ventajosas y si las cosas iban mal, que todo podría ser, acabaría quedándose con la propiedad del activo, el verdadero valor de la inversión, el estoc de rodaballos.


El modelo de negocio elegido era el arrendamiento de una planta de producción que había empezado con buenas ideas pero que se había quedado ahí, sólo en las ideas, ya que apenas si contaba con las cuatro paredes necesarias, los tanques y los desagües, un entramado de tuberías y válvulas de dudosa distribución para hacer llegar el agua a cada uno de los embalses. El principal punto débil, más que débil crítico, era la toma de agua que junto con las tuberías de captación, el sistema de distribución general y transporte hasta su llegada a la planta de engorde dejaba mucho que desear.

La costa gallega es dura. La costa norte de la Ría de Osa es mucho más que eso, puede llegar a ser un infierno. Estamos acostumbrados a ver imágenes de temporales, vientos terribles y olas de una fuerza tremenda que son capaces de mover una piedra de varias toneladas de un sitio a otro como si de un corcho se tratase. Probablemente la persona que diseñó el sistema de captación no debía ser gallego, o más probable aún, es posible que nunca visitase la zona.

lunes, 3 de marzo de 2014

Mi primera vez

Ilustración: Susón Aguilera
El Mediterráneo hervía, era mitad de los años noventa y nuevas empresas acuícolas surgían por doquier. Era una locura. Especialmente en Grecia.

Para el departamento de producción, una bendición, ya que casi el cincuenta por ciento se exportaba y nos pedían peces pequeños, de medio a un gramo como mucho. Las condiciones de las costas griegas posibilitaban trabajar con estos tamaños con total tranquilidad. Para el equipo de transporte una verdadera tortura. De promedio más de medio millón por camión y una semana de duración. En el mejor de los casos un noventa por ciento de supervivencia, aunque fueron muchos los casos de mortandades masivas, de camiones totalmente perdidos. Había que mejorar, ya que seguían pidiéndonos alevines y teníamos fama de ser los mejores, tanto en la calidad de lo que producíamos como en la seguridad de nuestros transportes. Resultaba evidente que necesitábamos conocer qué pasaba para proponer soluciones.



Todos los camiones estaban ocupados, bien viajando dentro el país, bien a las islas, bien a otros lugares. Por eso decidimos contratar a Le Courboussier, una empresa bretona con prestigio y una buena flota, moderna y bien preparada. Su llegada a nuestra instalación, el día convenido, fue espectacular, llevándose por delante el cartel de anuncio de bienvenidos a la granja. No lo vieron, como tampoco vieron los dos estanques con agua preparados para el cargue y que había justo al lado del sitio habilitado para el aparcamiento. Se diría que venían discutiendo. Eso sólo era el principio.

Los dos chóferes, algo así como el gordo y el flaco, sólo que este flaco le sacaba más de una cabeza al gordo, eran las antípodas uno del otro, no sólo físicamente, también en su carácter y en la forma de comportarse y proceder. Excepto por una curiosa coincidencia doble. La primera era que ambos calzaban unos zuecos de suela de madera y piel de cabritillo, que en esa época debía de causar furor entre todos los chóferes de Europa ya que vi que eran de uso generalizado. ¿Tal vez por su ergonomía? No llegué a saberlo.


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