Bienvenido a Historias Acuícolas

Empiezo a olvidar aquellas cosas que en un momento determinado constituyeron un hecho relevante en mi vida, mi memoria ya no es lo que era y no quisiera perder todo lo que se ha ido almacenando en mí en forma de recuerdos. No sé cuánto de lo que recuerdo es real o es ficticio, he olvidado si es una experiencia propia o inventada, si me pasó a mí o si me lo contaron, lo que sí que creo es que es importante.

lunes, 11 de diciembre de 2017

IA

Ilustración: Su Inteligencia Artesanal Susón Aguilera
El derrumbamiento del techo del zulo que teníamos como oficina, significó un antes y un después en la concepción que se tenía de los técnicos y responsables encargados de la producción acuícola.

No es que no fuéramos considerados importantes, no, no exactamente. Pero la realidad era bien otra. La alta tasa de incertidumbre, y la elevada frecuencia con la que se producían cambios en estos puestos, evidenciaba la volátil importancia que se le concedía a tan preciada actividad. Era habitual considerar, desde la dirección, que con lo esencial ya era más que suficiente.

En los noventa lo esencial eran un lápiz y una libreta. Todo lo demás se suponía superfluo.

Hablar de las nuevas tecnologías emergentes, una quimera. Disponer de cualquier utensilio que facilitase la recogida de datos de forma sistemática, un deseo inalcanzable. Disponer de un ordenador, por primitivo que por entonces fueran, un sueño lúbrico. 

sábado, 2 de septiembre de 2017

En ocasiones veo muertos

Ilustración: Tamara Yuani, que no sabe si va o viene

-¿Qué te parece?
-Hum… no sé, la verdad es que tiene una pinta rara.
-Sí, su forma de nadar es un poco extraña.
-Ya, yo también lo creo, sin embargo, fíjate… no parece qué…
-Sí, no, no lo creo. Bueno, es como si…
-Exacto, cierto, eso es. Es como si…
-Venga no lo pensemos más, adelante.
-Ya, pero y si…

martes, 8 de agosto de 2017

Gracias, peces, gracias

Ilustración: El que escapó de las sirenas Susón Aguilera

"Gracias, peces, gracias" 
es una colaboración de José García Obrero
para Historias Acuícolas.


Sin las frescas lubinas, con afilado ingenio capturadas,
el hijo de Laertes habría devorado a las vacas del Sol.
Hiperión, en venganza, lo habría despedazado
hasta hacer de su cuerpo un plancton exquisito,
manjar para sirenas, que arrojan a los héroes al Leteo.

Si el delfín caribeño –dos alas gigantescas,
dos velas empujadas por un fiero tornado–
no hubiese sido el guía de las tres carabelas,
Colón sería el nombre del plato más sabroso
que un paladar caníbal pudiera degustar.

Y, si el joven marino –llamémosle Ishmael–            ,
hubiese dado a Queequeg la otra pierna de Ahab,
el arpón del misterio habría atravesado otro lomo
más dócil y el pálpito amoroso de leviatán,
tan blanco, hubiera dado vida al más dulce oleaje.

Sin los peces ilustres o sin peces anónimos,
la historia de este mundo sería un pedregal
tan monocromo y cruel como una fiesta trágica;
un mundo donde el hombre daría buena cuenta,
bostezando aburrido, de su insulsa ración

                                                           de semejantes. 

El autor
José García Obrero nació en Santa Coloma de Gramenet en 1973, aunque reside en Córdoba desde 1997.
 Sus poemas han ido apareciendo, desde 1992, en diversas publicaciones, entre las que destacan: Agua para chocolate,  PDA-Perfil del Aire y Girándula (que también impulsó) o Poesía en Santa Coloma de Gramenet (Paralelo Sur Ediciones).
 Codirigió el ciclo de poesía digital Soledades 2.0 No moderno artificio, dentro del Festival Internacional de Poesía Cosmopoética (2010).
 Es autor de los poemarios Un dios enfrente (La Garúa, 2013), con el que fue finalista del premio Ciudad Alcalá de Henares de Poesía, en 2014; y Mi corazón no es alimento (Ediciones En Huida, 2014). En 2015, la editorial Valparaíso publicó su traducción de  Mal, del poeta catalán Jordi Valls.
 Actualmente forma parte del equipo de redacción de la revista de poesía contemporánea en lenguas peninsulares Caravansari. También colabora con el suplemento literario Cuadernos del Sur, de Diarío Córdoba.

lunes, 3 de julio de 2017

Origami celular

Susón Aguilera

El Sol, la Luna, el Sol, la Luna, el Sol, la Luna, el Sol y…
… a la cuarta Luna se obró el milagro reproductor.
La glándula pineal ya no podía aguantar más. Empezó a segregar melatonina a lo loco, dejándose llevar por esa carga de acervo genético imparable. Un chute hormonal desproporcionado llegó a los diferentes rincones del cerebro. Uno de esos rincones es especial. Allí, en la hipófisis, se procesó la señal de inmediato y las gónadas explotaron.¡Tremendo revolcón!
Cuatro horas después se producía la primera división celular.
Dando comienzo el origami celular que acabará conformando un nuevo ser… un pez.


Nota: Con esta fruslería participamos este año en el concurso INSPIRACIENCIA 2017. Menos es más.

sábado, 17 de junio de 2017

Un soneto líquido

En homenaje a quienes nos han brindado el espacio para presentar nuestro libro y a quienes nos han acompañado. Gracias por compartir con nosotros estos ratos de emoción y cariño.

De natural y sencilla compostura
con algo de naíf en lo intelectual
libre para permitir que cada cuál
juegue a interpretar su lectura.

Proponemos leer el contenido
como si resultara vil y canalla
porque sólo quien otorga y calla
olvida siempre lo que ha vivido.

Asumimos las contrariedades
de que tal vez esto no sea ciencia
pero tampoco son barbaridades.

Y piensa que ante esta tesitura
hay que disfrutar de la evidencia
que al menos queda la acuicultura.