viernes, 3 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-10 (D20)

Me despierto perdido porque no todo era como creíamos. No lo era la primavera. No lo era la sociedad. No lo era el mundo.

Día 20 de confinamiento Covid-19

Me preparo el desayuno pensando en el fracaso de cosas como la inteligencia artificial, el análisis masivo de la información, el uso que se esperaba que podíamos hacer ello y la extraordinaria capacidad de proveernos de un mundo mejor. Apurando el café me queda la sensación de un vacío que no entiendo, como si en realidad no nos hubiera ayudado mucho.

El mundo al que volvemos, si es que alguna vez se fue o sólo nos lo ocultaban, está en manos de las personas. Pero hay de todo.

Me da la sensación, que es de lo que casi todo va estos días, de sensaciones, por que la realidad es de una contundencia aplastante, que hay un exceso de convencimiento de que todo cambiará, de que esto no puede volver a ser lo que era, de que no podemos permitir que los modelos sociales que conocemos vuelvan paulatinamente a incorporare a nuestro dia a día una vez regresemos.

La educación debe ser la piedra angular de un nuevo tipo de ciudadano crítico, basado en la capacidad de pensamiento crítico. Nos debe ayudar a acortar las distancias entre ciencia y sociedad. Nos debe ayudar a devolver el valor de lo esencial a las cosas que lo son. Nos debe ayudar a gestionar las mentiras y alejarnos del pensamiento de la colectividad sin valor. Nos debe servir para no aceptar lo que se impone basándonos en el bien común, porque yo ya no sé qué es lo que es el bien común y dónde empieza y acaba.

La realidad de hoy no es un videojuego de esos que atrapa hasta quitarte el alma, la solución no está en pasar pantallas, sino en reescribir su final.

Nuestro mundo ya era complicado, pero ahora adquiere un extra de complejidad y la gestión que se haga de ella está en manos de los que están por venir.

Todo esto ha salido de dos reuniones a lo largo del día de hoy en la que he visto personas que hablan, cada uno, cada una, desde una perspectiva nueva, la de la incerteza y la esperanza. Como corolario una reflexión socrática: "Hay mucho que aprender y mejorar. Toca ser sabios y reconocer nuestra ignorancia".


jueves, 2 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D19)

Hoy no voy a hablar del tiempo, ¡pero al menos no llueve, demasiado! Los días van pasando y es lo que nos queda, que van pasando. Todo lo demás ya lo sabemos, así que no hay que repetir lo que ya sabemos.

Día 19 de confinamiento Covid-19

Lo extraordinario empieza ser ordinario. No me refiero a la parte asociada a la gestión sanitaria y humanitaria, esa no es ordinaria, no podemos permitirlo. Un colega de Madrid me decía hoy que nos estamos acostumbrando a las muertes con la rapidez con la que la curva sube. Está justo en el epicentro madrileño de esta anomalía que nos toca padecer. Seguramente sus palabras sean mucho más ciertas que las mías, pero no he querido dejarle con la sensación que es así.

Desde la periferia, le comento, lo entendemos más como un estado de choque social profundo que no nos permite expresar el sufrimiento colectivo, porque tenemos puesto el piloto automático de lo que nos configura como animales, la supervivencia.

Hoy se ha muerto el padre de Eva. Su madre se está recuperando. Sí, ha sido por el SARS-CoV-2. Nos une una amistad lejana en el tiempo, tal vez no demasiado cultivada, pero no exenta de cariño y cierta admiración. Nuestros hijos crecieron juntos en un pueblo pequeño del norte de España. Pasamos horas paseando a los chavales entre los espacios comunes de un entorno privilegiado. Un espacio que sus padres compartieron. Me ha llegado la noticia a través de la pequeña pantalla del teléfono en forma de WhatsApp, casi de la misma forma que lo ha recibido ella. Puede que tal vez también mediara una llamada, creo que así ha sido, lo único que sé con certeza es que no ha podido estar con él.

Desde la periferia, le envío el pésame y le digo que lo siento profundamente, que no sé qué decirle. Sigo con el piloto automático.

En 19 días se han producido tres muertes de personas mayores próximas. Empiezo a tener una edad en la que esto es habitual, pero no me acostumbro a esta frecuencia temporal tan inhumana. Seguramente se me debe haber estropeado el piloto automático.

miércoles, 1 de abril de 2020

Crónicas mundanas de la COVID-19 (D18)

Con un airecillo norteño (noreste de unos 20 km/hora), que deja un sano fresquito (sensación térmica de 8ºC y bajando), unas gotitas persistentes (llueve de cojones), algo de humedad ambiental (un 92% que cala hasta los huesos) y un sol inexistente (índice UV 2 bajo), amanece, que no es poco, este día infame.

Día 18 de confinamiento Covid-19

Bienvenidos a otro mundo. 

Hoy no he podido evitarlo. Me he sumergido en un artículo procedente de una red social de uso habitual profesional para leer un artículo relacionado con... claro sí, con lo que todos pensáis.

Lo que más me ha llamado la atención no es el artículo en sí, por cierto, bastante similar a otros muchos que estos días circulan, sino que era la persona que lo ha publicado, quien se definía como "Evangelista probiótico". Me ha llamado la atención ya que esta persona estaba entre mis contactos aceptados y me he dado un susto considerable. Primero por tener alguien de esa guisa y yo sin saberlo, y segundo porque me he dado cuenta de que casi la mitad de los contactos que tengo no sé quién coño son. 

He indagado, es decir he echado un ojo a su perfil, para ver de qué iba este evangelizador, no fuera que sin saberlo yo ya estuviera siendo evangelizado por no sé qué cosa. Uf, una vez pasado el susto, en realidad es un experto en el ámbito del uso de los probióticos, de ahí su faceta evangelizadora, he reflexionado sobre lo poco que conocemos a la gente que nos rodea, más allá del entorno que controlamos de una forma, digamos, carnal.

Me ha producido una considerable sensación de tristeza darme cuenta que una parte de la relación que mantenemos, y que se pone de manifiesto en estos "tiempos del virus", es ficticia y con desconocidos. No nos aporta absolutamente nada.

Unas colegas, con las que la relación es próxima y humana, me citaban ayer a Viktor Frankl, especialmente por su capacidad de determinar la importancia de encontrar significado en todas las formas de existencia, la suya fue una experiencia realmente traumática, y aun así seguir encontrando una razón para seguir viviendo.

Sus citas son célebres, se pueden encontrar fácilmente tan sólo con poner su nombre en cualquier buscador, me ha gustado una: "Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos".

Creo que muchos de nosotros estamos pensando lo mismo. Bienvenidos, de nuevo, a otro mundo.

martes, 31 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D17)

Llueve, llueve y llueve. Y hace frío.

Día 17 de confinamiento Covid-19

Como sociedad somos extraordinariamente complejos. Como individuos somos de una sencillez extrema.

Aceptamos a título individual cualquier tontería estúpida que aparece en este inframundo tecnológico con la naturalidad de la candidez asociada a la inocencia, y al ejecutar el acto de su distribución nos idiotizamos colectivamente.

¿Por qué esta necesidad de ser estúpidos en formato social y colectivo? No tengo la respuesta, es tan complejo que soy incapaz de entender este acto, pero de bien seguro que si la buscamos habrá tantas respuestas como personas dentro del cuadrante izquierdo bajo.

Yo me niego a difundir cualquier cosa que me llegue a través de las redes sociales que no provenga de un contenedor fiable y que ofrezca un contenido útil e instructivo desde un punto de vista social.

Lo que sucede es que no tengo muy ajustado el don de la discriminación verdadera y, a veces, se me escapan cositas. 

Una chorrada, un artículo cutre, una simplicidad, una auténtica falacia, una mierda como un pino... pero también una historia humana, un artículo científico buen escrito, un análisis pormenorizado, poco más ya que el resto es... vírico.

Marta Aguilera
Tal vez todo sea lo mismo y tenga un efecto, en el fondo, similar. De hecho, creo que estas crónicas están dentro de esa categoría. Posiblemente sea consecuencia de la necesidad que tenemos de contribuir a reforzar algunos términos que hoy adquieren un nuevo, diferente mejor, significado: felicidad, bienestar, salud, seguridad... y que forman parte de lo que asociamos a la forma en la entendemos que somos libres.

Kurt Cobain, a quien hoy invitamos a esta entrada, decía que "a veces por muy alto que pongas la música solo puedes oírte a ti mismo". Tal vez hoy debamos bajar el volumen para escuchar lo que dicen los demás, y poder filtrar conscientemente lo que nos llega. Os dejo con "Smells like teen spirit" y con uno de sus versos:

"Here we are now entertain us
I fell stupid and contagious"



lunes, 30 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D16)

Ayer mi madre nos dijo: "A ver si llueve y se va esto". Hoy amanece lloviendo y con ganas, de nuevo tenemos aquí el invierno. Lo de los dos días anteriores, un espejismo primaveral. Llueve sí, y aunque el agua que cae sea purificadora, esto no va a irse hoy.

Día 16 de confinamiento Covid-19

Paradójicamente, en un momento en lo que importa es el inmediato presente, en el que cada hora que pasa es un paso que esperamos no sea hacia atrás, donde deseamos que no llegue un mañana si no es para mejorar, donde los números y las estadísticas nos marcan a fuego vivo, paradójicamente digo, hoy hemos dedicado toda la mañana a hablar del futuro.

Es bueno hablar del futuro, es necesario y liberalizador porque nos permite creer y ser optimistas. Sin embargo, ayer escuché, ahora no recuerdo a quién, pero era a alguien a quien suelo proferir cierta credibilidad, tal vez José Mújica, que "un pesimista es sólo un optimista bien informado" o tal vez era un optimista es sólo un pesimista mal informado”.

He reflexionado y no sé a qué categoría pertenezco.

Siempre me he considerado un optimista, lo que implica que no sólo no estoy mal informado, sino que además en realidad soy un pesimista. Como me niego a aceptarlo recurro al otro aforismo. Es verdad que sí, que me considero un optimista y que ciertamente creo que estoy bien informado, por lo tanto, soy un pesimista.

Llegar a esta misma conclusión me supone una dolorosa revelación. Evitando lo de la información, porque de verdad que ahora mismo no sé si es o no cierta mi aseveración, me lleva a no entender qué coño está pasando. Parece obvio, es evidente, resulta claro y meridiano... pues no. No lo es para mí.

Marta Aguilera
Ser optimista hoy es poco glamuroso porque parece ser que eso implicar ser algo más feliz que un pesimista, o al menos afrontar la adversidad algo mejor, tal vez incluso vivir algo mejor. Si esto es así, y si va de vivir un poquito más feliz, de vivir un poquito mejor porque soy capaz de afrontar el entorno, de disfrutar lo que tenemos y no pensar demasiado en lo que perdemos, porque esto implica que ya nos estamos adaptando al futuro que nos viene, pues he decidido entrar en la categoría de los optimistas regularmente informados.

Digo regularmente y no del todo bien informado porque tengo la sensación de estar colgado de un abismo en el que quien debiera socorrernos está ciego. Sin embargo, el trabajo del equipo que me sostiene, como en la goyesca ilustración que mi sobrina Marta me ha enviado, me da la seguridad de que no van a dejar que caiga. Aunque me desconcierta la mirada del pollino.


domingo, 29 de marzo de 2020

Crónicas mundanas del COVID-19 (D15)

Despierto con la suavidad de los compases de Nils Frahm. Hoy me he ganado a pulso no hacer nada. Me he levantado a la hora de siempre y ya era más tarde ¿qué es esto?.

Dia 15 de confinamiento Covid-19

Ante esta situación he tenido que empezar a correr para poder no hacer nada. Puesto que iba una hora tarde me he puesto a desayunar rápido. Rápido he recogido las cosas, rápido el cambio de sábanas, rápida la lavadora, aunque en su programación adecuada y para estas cosas recomendada.

Rápido he limpiado los baños, he aspirado con minuciosidad nanométrica las partículas inexistentes del suelo. Profusa y rápidamente he atacado el estudio que es donde habitamos casi en exclusividad. He perseguido las motas de polvo como si fuera un cazador de mariposas.

Rápido he salido a la terraza para dar un vistazo a las plantas y embelesarme con el crecer de sus hojas, mientras rápido tomaba el sol. Quince minutos, tal vez diecisiete, esos minutos que recomiendan los expertos. Igual han sido al final más de diecisiete pero lo he hecho muy rápido.

Rápido he limpiado los mejillones que compré ayer para regalarnos un arròs sejat, uno a uno, valva por valva, con un cepillito de uñas, con detalle, pero muy rápido eso sí.

Rápido me he tomado el vermut de las quince horas siguiendo la corriente que llega de no sé dónde, y no sé por qué ya que yo casi nunca tomo el vermut. Bueno, miento, normalmente una cerveza bien fresquita acompaña este momento entre fin de e inicio de, los domingos después de la salida ciclista. Un saludo, socio.

Rápido me he puesto a preparar el arròs. He tardado casi una hora y media, porque debe hacerse con cariño y profesionalidad. Ha quedado al punto de sabrosura, con su capita caramelizada.

Rápido hemos comido, aquí se ha incorporado mi mujer, mirándome como si yo fuera un ser de otra dimensión, como si no me conociera, como si ya empezara a darme por un caso perdido. Asiente. Hemos alargado la sobremesa charlando de nuestras cosas, con unos y otros que han ido llamando y que hemos ido llamando. De tal forma que, rápido rápido, eran casi las cuatro.

Rápido me he puesto a leer un rato, solo un rato. Estaba interesante la lectura y sin darme cuenta se ha prolongado casi dos horas, es lo que tiene cuando se lee rápido.

Rápido un té, bueno algo más de treinta minutos, pero muy acelerados.

Corriendo, corriendo, en realidad pedaleando ya que lo he compaginado con la sesión de rodillo, me he puesto a ver una serie y en un plis-plas me he liquidado un capítulo. Una hora muy veloz, a treinta kilómetros de media.

Rápido me ducho, aunque dejo que durante cinco minutos el agua me relaje.

Rápido he llamado a mi madre y he dejado que me cuente todo lo que quiera y más. El tiempo aquí creo que se ha detenido, no sé tal vez cosas de la física cuántica y de los universos paralelos.

Aplaudimos rápido. Cenamos rápido.

No somos mucho de ver la tele, así que un rápido vistazo a las novedades que nos llegan mediante las diversas aplicaciones y ya son las diez. Es increíble  con qué asombrosa rapidez ha pasado el día. No he recuperado la hora perdida, pero eso sí me he ganado el derecho a no hacer nada.

Por cierto, mi hermano que debe tener mucho tiempo, me ha dicho que ha hecho pan. ¡Yo no sé de dónde saca tanto tiempo!

El pan de mi hermano